CÚCUTA.- Alrededor de las 9:00 de la mañana, los maestros de la Institución Educativa Nuestra Señora de Belén, Sede La Divina Pastora, nos encontrábamos reunidos, en una de las salas de Informática, finiquitando los pormenores de inicio de clases del tercer período del año escolar. En el momento en que nos disponíamos a salir al receso acordado, entra un grupo de señoras gritando: “¡le dieron un tiro al Profesor Pedro Cuadro”, “mataron al profesor…”! Él había salido unos minutos antes. Según versiones, testifican que Pedro recibió una llamada telefónica y se dirigió hacia la esquina de la calle a contestarla, estando allí hablando por teléfono fue cuando un sicario, que se transportaba junto con otro en una moto, se le acercó y le disparó en la cabeza, sin que el profesor se percatara del caso y pudiera reaccionar al momento.
Toda la gente decía angustiada: “mataron al profesor Pedro Cuadro”. Cuando llegué al sitio dijeron unas señoras: ¡está vivo todavía! Entonces corrí a buscar al profesor Pedro Pablo y le dije: ¡está vivo, Pedro! Él encendió rápido su carro y de inmediato la gente que se había conglomerado lo subió al vehículo. Los dos nos dirigimos hacia el centro de la ciudad con el fin de ingresarlo rápido a una clínica.
Al llegar a la vuelta del lugar, subiendo por la vía principal, venían unos policías motorizados, yo les hice señas, ellos se acercaron y dijeron: “sígannos hacia la Unidad Básica”. Los policías delante iban despejando el camino mientras nosotros los seguíamos hasta que llegamos a la U.B.A de la Loma de Bolívar. De inmediato fue subido a una camilla y transportado dentro de la Unidad para el reconocimiento, pero a los pocos minutos al preguntar de cómo se encontraba me dijeron: “ya no tiene signos de vida, está muerto”.
Fue un dolor tan grande, la tristeza inundó mi corazón y la desilusión colmó mi alma. ¿Por qué una persona tan buena, tan humanitaria, tan preparada académicamente y, sobre todo, tan amiga, tenga que terminar su vida de esta manera?
Debo decir que nadie me vio llorar en público. Somos tan fuertes, tan machos, marcados por ese ego infundado desde niños, que nos hemos comido el cuento, ese de que “los hombres no deben lloran”. Pero qué va, también sentimos, y, como humanos, también lloramos; por eso, al llegar a mi casa, tenía que desahogar mis penas de alguna manera. Entro a mi estudio y allí, frente al computador, me propuse escribir esta nota. Pero al hacerlo, no pude contener mi llanto, y lloré, como lloran los hombres (diría alguna canción); ¿cómo? pues como lo hace cualquier humano que siente la partida trágica de un ser querido, con sollozos y con llanto, donde las lágrimas se dejan que broten, se dejan rodar sin el qué dirán, porque estoy en mi intimidad, sin señalamientos buenos o malos de nadie y porque es mi dolor.
¿Quién era Pedro Cuadro Herrera? Lo que pueda decir es poco, pero para mí era mi gran amigo, que valoraba mi saber y a la vez me nutría con su conocimiento, sus orientaciones y su consejo.
JOSÉ MARIO CASADIEGOS
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Foto: PRENSA ALCALDÍA DE CÚCUTA
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