Efectuados los cambios en la titularidad de la Gobernación, como en el manejo de las alcaldías, y lanzados los planes y programas de gobierno, así como los proyectos que animaron las campañas de cada uno de los ganadores en la contienda política que acaba de culminar, se presentan, con todas sus expresiones de naturalidad y realismo, la cara y el cuerpo entero de todo lo que acontece sobre la piel y el espíritu de las sociedades nortesantandereana y fronteriza.
Hacer frente e iniciar el reto de este desafío y cuando para otras áreas se anuncian inversiones e investigaciones, que en solo el Sur Occidente de Venezuela superan los 80.000 millones de dólares y en la Orinoquia Colombiana el gobierno anuncia gigantes proyectos sobre la altillanura en varios y específicos campos y actividades, será – a no dudarlo – una de las tareas complejas y difíciles que correspondan a los mandatarios y agentes de los gobiernos departamental y municipales, porque nuestra región, y desde hace muchos años, registra índices precarios de desarrollo y uno de los indicadores avasallantes en infraestructura y en lo alusivo a informalidad, desplazamiento de personas y carencia de iniciativas generadoras de empleo, ahorro y capacitación.
Y, lo que requieren miles de desempleados y no pocos cientos de egresados, que no hallan fuentes y engranajes que impulsen no solo los comienzos hacia etapas de industrialización y mayor aprovechamiento de las riquezas naturales existentes, sino de labores compartidas o conjuntas que mediante Parques Industriales y Tecnológicos, empresas mixtas, bilaterales o multilaterales –por la asociación que con Venezuela y otros países se pudiera cumplir – son empeños y anhelos que podrían tener asiento y nutrientes en nuestro medio, si se atendiera el mensaje de “unión, unión, unión”, que desde el Congreso Constituyente de la Gran Colombia, en 1821, lanzara -como pauta de acción y mensaje de consigna – nuestro Libertador Simón Bolívar, y que desafortunadamente se ha desatendido, postergado e irreflexivamente limitado a entendimientos institucionales mínimos, lentos y pasivos y sin mayores alientos, cuando lo que Colombia y Venezuela en estas fajas territoriales pueden desarrollar es mucho y para beneficio mutuo y el avance Latinoamericano y Continental, de esta parte del mundo. Y, cuando la globalización, la competitividad y la labor comprometida sobre situaciones de primera instancia, constituyen los pilares de ese nuevo orden internacional, que se extiende por el planeta, en procura de equidad, equilibrio y armonía, no solo individual, sino colectiva.
Sí, lo que en la interioridad de estas colindancias puede hacerse, es superior a cualquier política de partido o intención de grupo, porque el concurso e intereses de una y otra nación –a las que pueden sumarse otras –es de gran connotación, porque se abren las compuertas para la utilización de los océanos Atlántico y Pacifico, superando las barreras de las altas cordilleras, el tamaño de los ríos o la extensión de los valles, sabanas y llanuras. Además, una afortunada concurrencia y unión de fuerzas y propósitos pactados de manera abierta y visionaria – permitiría, ejercer un gran influjo en los acercamientos con las diferentes partes del mundo, en una auténtica, trasformadora, innovadora y ejemplarizante acción progresista, de enormes motivaciones, implicaciones y perspectivas.
¿Y, porqué no hemos dado impulsos y fuerzas a esos anhelos? Porque aún somos cortos, pasivos, facilistas, inmediatistas y dominados por el influjo de las ganancias fáciles y el mercadeo al por menor, el juego de la convertibilidad de monedas –que aún no tenemos y que debieran cumplir los Bancos Emisores Centrales, bien directamente o por intermedio de un Fondo o Banco de Desarrollo Fronterizo o Conjunto, que debiera crearse para canalizar y encauzar aportes, incentivos y estímulos para mejorar la infraestructura básica y de servicios, de estas áreas que se compenetran y para darle contenido, respaldo y esencia a las iniciativas y empeños que nazcan por acuerdo de los dos países o por pedido de los sectores productivos, laborales y especializados, que soliciten asistencia financiera y visión de perspectivas. Igualmente, porque en la mayoría de las veces, hay despreocupación y hasta desidia en las acciones de verdadera política, situación esta, que permite errores, postergaciones y hechos lamentables.
Sí, por todo esto y porque faltan acercamientos y acuerdos hacia una conjugación y fijación de derroteros que permitan modernizar y mejorar nuestra infraestructura, así como auxiliar y respaldar – mediante capacitaciones intensivas y con fundamentos científicos – todo lo que por hacer en agricultura, ganadería, defensa del medio ambiente y preparación educativa en los ámbitos del crecimiento y el desarrollo, poco a poco abriríamos horizontes, con sendas y caminos de mayor claridad y rendimientos positivos .Pero, para eso tenemos que unirnos y trabajar en equipo, porque nadie lo hará, si seguimos como vamos y nos quedamos como estamos. Y, lo que es peor, obrando por impulsos y sin tener en cuenta prioridades.
Y, esos cambios, esos impulsos, tienen que nacer y prosperar desde las fronteras mismas, porque son ellas verdaderos nudos articulares de los procesos de integración y no simples corredores o trochas verdes para actuaciones de insurgentes o de impulsores del contrabando, el aprovechamiento ilícito de diferencias temporales o para negociar divisas, entre cajas y fajos de billetes, que circulan no entre bancos, sino entre camionetas, caminantes y ‘maneros’ y a la espera de oportunidades inmediatas o del aprovechamiento insular y acomodaticio, de las variables, que generan disposiciones y normas, que exigen actualización y una concepción de mayor emprendimiento.
Con un gran apoyo a la autentica integración y a la educación- en todos sus niveles- y una jerarquización de nuestras universidades y centros motores, tanto de lo público como de lo privado, con la participación de nuestros mejores y más capacitados exponentes, otra – si muy otra –puede ser no solo la suerte, sino el porvenir, para estas tierras que vivieron los momentos críticos de la Independencia, pero que también otearon que con la “unión, unión, unión” pueden abrirse opciones inconmensurables y constructivas.
Ojalá – y así lo esperamos – que haya luz y claridades, así como trabajo armonioso y conjunto, para que surjan mecanismos, incentivos y estímulos y con ellos una activa noción dirigencial que con planes, programas y proyectos, despierte y anime la dimensión y posibilidades que requiere la frontera.
JOSÉ NEIRA REY
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