CÚCUTA.- Visto a lo lejos es un hombre normal. De cuerpo menudo, caminar sereno y sonrisa tímida. Al saludar no aprieta la mano, lo que deja percibir su sello de introvertido. Las palabras no permiten ver al científico que está ahí adentro. Es de hablar sencillo, nervioso. Desvía la mirada hacia el horizonte que quiere conquistar y vuelve a sonreír. Lleva barba de varios días sin rasurar, quizás por estar de vacaciones con la familia.
Edward Bautista nació en Cúcuta, vive en el barrio Alto Pamplonita, tiene 25 años, es bachiller del colegio Municipal de Bachillerato y es físico puro. Un día, en la infancia, se interesó por la ciencia y se formuló preguntas que a otros niños no les caben en la cabeza. En los primeros años de vida disfrutó como sus compañeros con los juegos lúdicos. Montaba bicicleta, elevaba cometa, prendía globos.
Fue negado para el fútbol. A cambio, le dio por el ajedrez. El juego ciencia no ha escapado de sus inventos. Está metido en el cuento de tratarlo de manera vectorial. Busca explicar qué pasaría si les aplicara cualidades de movimiento a cada ficha. A esos estudios los llama ‘Teoría vectorial del ajedrez’.
– Si uno les diera vida a las fichas tendría que jugar de manera exacta. Se tendría que tratar al ajedrez con física. No perdería interés.
En las noches la mamá lo llevaba al patio de la casa para que observara el firmamento, le hablaba de los planetas y de lo que hay más allá de las nubes. La costumbre le quedó y comenzó a llamarle la atención ese mundo etéreo al que pocos quieren medírsele por complicado.
Proviene de un hogar humilde. Formado por seres humanos corrientes que lo han respaldado en este sueño. Es hijo de un chofer de carro por puesto entre Cúcuta y San Cristóbal (Venezuela) y de una modista. La hermana mayor está a punto de terminar ingeniería de minas y el hermano menor será arquitecto dentro de pocos años.
Al crecer le llamó la atención la física. En Cúcuta empezó a estudiar ingeniería mecánica, pero el gusto por la otra materia lo sacó de esas aulas que no lo llenaban. Leyó y leyó del asunto hasta enamorarse. En la casa tiene las enciclopedias que le complementaron el conocimiento y que lo llevaron a ‘encarretarse’ en este cuento.
Tanta ha sido la entrega que al estudiar encuentra errores en los libros, los critica con los compañeros, los discute con los maestros, los hace notar. Todavía no los ha mostrado a las editoriales ni a los autores. Algún día dará ese paso para aportar a la buena enseñanza.
El atrevimiento del saber lo ha llevado a escudriñar en la teoría de la relatividad, de Albert Einstein. Hay una parte que el científico de origen alemán, nacionalizado suizo y estadounidense, considerado como el más importante del siglo XX, no trató.
Hace cinco años enfatiza en esta cuestión. Hasta ahora no puede decir que Einstein se equivocó, solo que no la trató en los estudios.
– Es la parte óptica de esa teoría. El no la trata. Interpretó esa teoría que creo que es incorrecta. Se la he presentado a varios profesores y dicen que sí, que tengo razón.
Los análisis los comenzó en la Universidad Francisco de Paula Santander. Al primer profesor que le mostró lo estudiado, lo tomó con calma. Luego, ante la insistencia y la comprobación, cuando hablaban lo hacían encerrados en el salón de clases para que nadie los interrumpiera.
Einstein demoró 16 años para completar la teoría. Bautista lleva seis en la búsqueda de explicaciones de esas observaciones del científico. Terminar el estudio está supeditado al tiempo que tenga para dedicárselo. La idea de Edward es llegar hasta lo último, sin miedo, sin pretensión, solo con el interés de hacer su aporte. Hasta hallar otras comprobaciones, hasta complementar lo descubierto por Albert décadas atrás.
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Las noches no solo le han servido para mirar estrellas. También, para observar el Faro del Catatumbo y descifrarlo. Ese fenómeno lo maravilló porque es único en el mundo. Los cucuteños ni saben que existe. Ni se preguntan por qué los continuos rayos y la luminosidad que se desprende de algún lugar del departamento.
Lo que hay que hacer con un niño es no quitarle la curiosidad. En esa infancia no tan lejana pasaba las noches con los ojos puestos en los rayos. De grande, aprendió que se dan en El Catatumbo y que por lo luminosos lo llaman Faro.
La intención de Edward Bautista es explicar por qué ocurre en ese sitio la mayor descarga eléctrica del planeta. La potencia es inimaginable. En Colombia no se conoce. En cambio, en Maracaibo (Venezuela) la bandera del estado Zulia lo simboliza con un rayo.
– Si se pudiera aprovechar esa energía Cúcuta tendría electricidad por mil años, no más con una noche de descarga.
Las conclusiones sobre el Faro no tienen valor comercial. Hasta ahora no se ha detenido a pensar si algunas de las empresas electrificadoras del país o del exterior le comprarían la historia.
En Cúcuta no encontró con quién desarrollar esa habilidad intelectual y emigró para Medellín. En la capital paisa se refugió en la Universidad de Antioquia y allá pone a volar el intelecto. Estudia segundo semestre de física pura. En el claustro tiene contacto con extranjeros para aumentar en conocimientos.
En Colombia dedicarse a esta área tiene futuro. Las empresas buscan a los físicos, porque en ellos están agrupados los campos de las ingenierías, aunque no los apliquen como tal tienen bases de industrial y mecánica, y principios de estadística.
Si esta carrera le dará en el futuro posición económica y social lo tiene despreocupado. Estudió esto, porque es lo que le gusta. No lo hizo para volverse millonario. Al terminar la etapa de preparación mirará hacia dónde enfoca sus pensamientos, si hacia la docencia o la investigación.
– No quiero millones, ni ferraris, ni hoteles cinco estrellas.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Fotos: MILDRED MOLINA
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