PAMPLONA – Norte de Santander.- Bernardo Wilches Gelves está próximo a cumplir 47 años metido en el aula de clase. El 20 de enero, le cantarán el feliz aniversario como docente. En este largo tiempo ha visto pasar y crecer niños que aprovecharon los consejos y las enseñanzas. Otros, quizás, se quedaron a mitad de camino y no le dieron la satisfacción de sentirse contento a plenitud.
Hoy, en la autoevaluación del trabajo, reconoce que ha cumplido bien ese apostolado de formar, dirigir y educar. La nota, en números, se la encarga a la historia. De lo que sí está seguro es de que “habrá gente a la que le caigo bien y me podrá poner una buena nota, y habrá algunos que dirán que no”.
Por estos días, este maestro, rector del Instituto Arquidiocesano San Francisco de Asís, de Pamplona, está de plácemes. El proceso de mejoramiento continuo para sobresalir en las pruebas de Estado dio resultado. El plantel superó a los colegios públicos de los restantes 39 municipios del departamento. “Estamos por encima de muchos colegios, incluso de los privados” de Norte de Santander.
Lo dijo con el orgullo que da el ser invitado, en el 2025, al foro nacional de educación para que explique la experiencia significativa que transformó el proceso enseñanza – aprendizaje en la institución. Delante de pares e impares del resto del país echará el cuento del programa Senderos de Paz y Bien, con el que “hemos logrado que los pelados sean felices aquí en el colegio”. Felicidad que se ve en el esfuerzo diario.
Por esa experiencia ganada en más de cuatro décadas de incansable labor es directo al hablar. “No es un trabajo difícil, es un trabajo de resiliencia, de voluntad de los maestros, de los papás, de los muchachos”. Los tres estamentos se pusieron de acuerdo hasta lograr que el padre de familia de los sectores populares y el niño entendieran que son tan o más inteligentes que los que lo tienen todo.
Este hombre, que un día quiso ser sacerdote, entró en crisis en el 2015. “Casi me declaro incapaz de dirigir el colegio por el problema de expendio y consumo de drogas”. Una vivencia escolar que recuerda con tristeza lo llevó a convocar a los Comités Departamental y Nacional de Convivencia. El resultado lo decepcionó, porque “no hicieron nada”.
“Un niño apuñaló a otro estudiante. Fue una experiencia dura y se hizo la convocatoria. Dios hizo que el ministerio de Educación enviara a un funcionario que nos devolvió los cuestionamientos que estábamos haciendo”. Los problemas que vivían los alumnos les rebotaban a los maestros.
Ese funcionario bajado de Bogotá los cuestionó después de oír el desespero que el rector tenía debido al problema que anidaba en la institución. Los interrogó acerca de la prevención. Nadie respondió. “El tipo se sentó y nos explicó los proyectos trasversales, la educación para la sexualidad, la democracia, la afrocolombianidad, cómo prevenir el riesgo del consumo dentro del colegio. Iniciamos con eso”.
El ex catequista entendió que por esos niños se podía hacer mucho, porque la mayoría vivía en sectores populares y eran vulnerados. También, aprendió que el sitio donde son más felices es en el colegio. “Logramos meternos en el corazón de todos los profesores. De ahí arrancamos el compromiso de meternos en el corazón de los papás, porque, en últimas, son ellos los que pueden ayudarnos a inducir los procesos educativos”.
Ahora, al analizar los resultados del viraje que dieron en la conducción del plantel, está seguro de que si le ha aportado o no a la educación en la Ciudad Mitrada, “eso lo dirá la historia, porque echarme coba no es leal”. Pero sí ve que no solo en la parte académica, sino con el programa Senderos de Paz y Bien, “hemos logrado que los pelados sean felices aquí en el colegio”.
Y como en todo cuento con final feliz, aparecieron dos compañeras que saben de sicología positiva. Aplicaron en los estudiantes un diagnóstico de riesgos sicosociales y se dieron cuenta de que no era verdad que el consumo de sustancias sicoactivas era la consecuencia de los problemas que tenían.
“Ahí arrancamos y montamos un cuento alrededor de la sicología positiva. Ellas nos enseñaron, nos hablaron de fortalezas equilibradas y llevamos 10 años del programa”. La idea siguiente es fortalecer el esquema institucional y oxigenarlo cada año para que no se vuelva una rutina.
¿Cómo ha hecho para poner en los primeros puestos a su colegio?
– Se logra escalar en las pruebas de Estado con mucho trabajo, desde preescolar. Eso no es solo trabajo de 10 y 11, sino de todos los maestros que están en el colegio, de los papás y de los pelados.
¿Cómo ve el futuro de sus alumnos luego de este triunfo?
– Mayor exigencia, para todos, no solo para los muchachos. Que uno llegue sin azares, porque no fue chiripa. Implica que el compromiso debe ser mayor.
¿Ahora, cuáles retos vienen para el rector, los docentes y los alumnos?
- Seguir produciendo, seguir aprendiendo. Creo que la esencia del mejoramiento académico y convivencial de los pelados, es querer aprender.
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