1.- Nuestras fronteras – las fajas territoriales más abandonadas y marginales que existen en las periferias nacionales colindantes – son, definitivamente, los sitios y lugares donde el trato y los procedimientos registran consideraciones y manejos por parte de las autoridades centrales de los países como si fueran zonas y lugares extraterrestres o como sitio preocupante de alguna epidemia.
¿Por qué? Porque las más altas autoridades del Gobierno, así como del Legislativo y Judicial, cuando las tienen en cuenta es para reunirse en secreto, porque lo hacen en lo más extremo y no donde casi a gritos los piden los ciudadanos de las líneas fronterizas requieren prontas definiciones y actuaciones de los poderes, que concentran el poder y las posibles soluciones para sus delicados y complejos problemas.
Y que esta situación sea una constante lo demuestra y testifica, diariamente, el complejo histórico de la Villa del Rosario, donde los jefes de Estado, debieran acudir periódicamente para que el mensaje de “unión, unión, unión” que preserva este altar de la patria les sirviera de motor e impulso a nuestros mandatarios de turno.
Sí, porque esto de irse para el río Orinoco, cuando los contactos terrestres de las comunidades fronterizas piden atención, asistencia y cooperaciones inmediatas no se recibe bien, ni son comprensibles, para quienes piden y necesitan ayuda.
Y hasta duele registrar estos sucesos, porque en los últimos años la visita de mandatarios y de oficiantes embajadores – para tratar lo específico de las relaciones bilaterales – no posee registros, libros de minutas o de simples valoraciones.
2.- Y esto hay que destacarlo, porque la representatividad es casi nula y la urgente descentralización de funciones, un algo tan olvidado, que no se mencionan, ni por ministros, gobernadores o alcaldes y agentes políticos, es una lamentable omisión que limita y hace colapsar intenciones y los más sanos propósitos.
3- Quiera Dios que la reunión en Puerto Ayacucho, y por las anexidades y vecindades con el río Orinoco, que lleva y trasporta cuanto nace y se origina en nuestras montañas y valles, ante las crecientes lluvias y por los cambios climáticos que también afectan las llanuras, indiquen a los presidentes de Colombia y Venezuela que la zonas centrales entre los dos países, no deben seguir relegadas a situaciones tan precarias, como las que ahora existen y que no permiten evolucionar, ni propender por acciones de mayor dinamismo en la producción, la generación de empleo, la investigación y la capacitación, para remediar la informalidad, el desempleo, el no aprovechamiento de recursos y ventajas comparativas, así como de auténticas y ejemplarizantes labores conjuntas y de amplia y positiva repercusión internacional.
¡Señores presidentes Santos y Maduro! El pueblo fronterizo de la zona colombo-venezolana central necesita soluciones y la presencia real y dinámica de los dos Estados, en una gestión permanente, responsable y comprometida y con visión de futuro, que penetre en las exigencias infraestructurales básicas y de servicios que se requieren, como en las normatividades, procedimientos y reglamentaciones conjuntas, que hagan aflorar verdaderas políticas de trascendencia mancomunada y de pioneras proyecciones, ante las posibilidades y opciones que para beneficio mutuo y ejemplo ante todo el Continente, generarían verdaderas acciones y empeños de carácter y vivencionalidad compartida y de dimensionalidad y características conjuntas, como las que se pueden proyectar y efectuar en estas fronteras, de doble y arraigada presencia histórica y mancomunada, que esperan el influjo de un entendimiento más presencial y futurista.
JOSÉ NEIRA REY
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