Dos hombres mayores de edad se encontraron en la calle. Uno estaba sentado y reía a carcajadas; el otro, se dirigía a hacer alguna diligencia, llevaba afán. “Yo soy Víctor Ramírez ¿En qué le puedo colaborar?”, dijo y sonrió de manera coqueta. De inmediato comenzó a hablar de su vida como nazareno. Tenía 15 años cuando decidió ingresar a la hermandad. En ese entonces, quien hacía parte del grupo debía tener 20. Los menores de edad eran considerados aprendices
Cuando cumplió la edad prolongada, la iglesia estaba a cargo del sacerdote Mario Guerreros, quien lo impulsó a la hermandad, junto con Felipe Romero, Simón Granados, Jesús Gonzales, Felipe Barrientos y otros que no recordó. Fueron sus acompañantes en esa época. Ahora, es el único que está vivo y sigue en la iglesia.
En Semana Santa dramatizó la resurrección de Jesús. Con los acompañantes caminaron por las calles como en el tiempo de Jesucristo. La gente lloraba de emoción, porque parecía real, había sangre y dolor como en ese entonces. Todos los años, los nazarenos hacían lo mismo para esa fecha.
En el 2014, Víctor estaba decaído, no quiso participar como lo había hecho siempre. Tenía las rodillas desgastadas y era necesario hacerle un trasplante para sentirse mejor. Viajó con sus hijas para Bucaramanga, porque no podía caminar. En 15 días, volvió como nuevo, no sentía dolores y llegó con buenas energías.
Villa del Rosario, cuando Víctor era joven, no tenía calles, las vías eran destapadas y en una oportunidad buscó a un político que le colaboró a arreglarlas. Organizó rifas y otras actividades para pavimentarlas. “La hermandad no es la misma. No hay personas como Víctor Ramírez, a las reuniones solo van tres. En dos meses no se han hecho reuniones, porque no va la gente, y no hay progreso”. Otra causa de la desaparición de los nazarenos es por la llegada de un nuevo sacerdote que no hizo buenas obras y la gente no lo quería.
Desde pequeño asiste a la iglesia, tiene siete hermanos y seis hermanas, no gusta de la política, es pensionado del Gobierno y cada mes recibe $ 900.000. De joven trabajó como músico, fue chofer de la empresa Corta Distancia, motorizado y panadero. Perteneció al equipo de fútbol ‘Los Compadres’, jugó en Pamplona, Gramalote, Chinácota, Venezuela, Cúcuta y Villa del Rosario. En la sala de la casa exhibe un trofeo de aquella época para que lo vea todo aquel que lo visite.
Desde niño no quiso estudiar, en primaria le dijo a la profesora que no quería volver. A pesar de ser inteligente y aplicado, les confesó a los padres que el estudio era para los brutos, no para los inteligentes.
Dedicó parte de la vida a la música, tocó para un grupo y viajó a muchos lugares con la banda. En Pamplona, al terminar una presentación, recibió una llamada de la Alcaldía de Cúcuta y le ofrecieron ser fiscal de Tránsito. La noticia lo asombró y aceptó. Trabajó 24 años, ahora es pensionado. Sonrió de satisfacción y alegría. El reloj indica que son las 6:00 de la tarde.
En 1998, se casó con la mujer que lo acompaña hace 50 años. Mostró la foto donde tiene 25 años. Vive con tres hijas y las nietas que le dicen papá, porque las crío. “Así es mi vida, bonita y bien llevada”, es su refrán. Su mujer, al principio, le decía que era vagabundo, porque trabajaba tres días y luego jugaba fútbol. Al conocerla, todo cambio.
Víctor fue cirineo, cargaba la cruz tomada de la parte de atrás. Notó que su vida no era la misma cuando lo operaron de la vesícula y de la rodilla por el desgaste. Nunca para de reír, al terminar cualquier frase suelta carcajadas. Todos los días, a las 7:00 de la noche, se dirige a misa. No asiste a las reuniones de la hermandad por su salud y por falta de personal.
Víctor Ramírez tiene 79 años, de los cuales dedicó 60 a la iglesia. A las 5:00 de la mañana, se viste, hace café y se va a misa. Sale y se dirige al parque, va al estadio de Villa del Rosario a saludar a la gente. Desde niño, fue el único de los hermanos que siguió la enseñanza de la madre, ir a la eucaristía y hacer tamales. Hacía mil para entregar, a $1500 pesos. En diciembre era la mejor fecha para vender.
Este hombre noble, siempre le sonríe a la vida, usa lentes, es de estatura promedio, contextura gruesa y moreno. No fija la mirada en un solo lugar. Así, lleva una vida bonita y bien vivida.
ANA PÁJARO
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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