“Si usted no lleva plata, yo le recibo su cartera, nosotros somos humildes. Le empeñamos su cadena”. Esta es la frase con la que Jesús Alberto Pérez Molina termina siempre las canciones en los buses, que interpreta acompañado de una conga para llamar la atención de los pasajeros. Así se gana unos pesitos en el transporte público en Cúcuta.
“Es un vacilón, la canción completa es un vacilón”, comenta después de que finaliza. “Es una loquera. Hoy estábamos en un restaurante y un señor sacó el tema de maduro, como esta canción tiene que ver con eso el hombre nos abrazó de la alegría que le dio. Con este poema hemos comido, nos dan cerveza, una vaina y otra”.
Es venezolano de pura cepa, oriundo de Táriba, estado Táchira. Nació el 2 de septiembre de 1983, tiene 32 años. Se considera alegre y carismático. De pequeño le decían ‘Cool Mc Cool’, un dibujo animado cuya legendaria frase era “Yo amo el peligro”. El remoquete se lo ganó por inquieto. A los 12 años, dejó los estudios para ayudarle en el trabajo al papá.
En esa época perdieron la casa y abandonó lo que hasta ese momento había sido su mayor pasión deportiva, el patinaje. En una práctica sufrió una fractura en la columna y tuvieron que hacerle una cirugía. Los discos tres y cuatro son de platino. No camina bien, porque hace poco volvió a lesionarse y no tiene medicamentos para contrarrestar los dolores.
Los zapatos azules están rotos, la camisa blanca se ve sucia y el pantalón corto de color café dan cuentan de la situación que vive. No es lo peor que ha vivido, pero desea que mejore. Cuando piensa en la familia los ojos claros se pierden. Recuerda que dejó en Venezuela a los tres hijos y la exesposa. Terminó esa relación por venirse para Cúcuta.
Recupera el estado de ánimo y dice que no todo es tristeza. En el entorno en el que vive ha hecho una familia. Trabaja con un amigo que lo acompaña desde San Cristóbal. El principal objetivo de la permanencia en la ciudad es hacer dinero para operarse nuevamente de la columna, pues la última lesión le ocasionó una hernia.
Le fascina la idea de vivir algún día en esta localidad fronteriza. Aquí encuentra más tranquilidad y más cultura. “Por lo menos aquí se puede disfrutar de hacer mercado a placer. Allá, en Venezuela, eso no es posible, porque tienes que hacer cola desde el día anterior para que te vendan un kilo de leche y a los dos días ir por el otro. La política destruye mi país”.
Del accidente en la columna nació otro amor y es la poesía, a la que llegó por la música. Para componer, primero hay que hacer poesía. Ahora, compone poemas y canciones, cada una con un mensaje para quien los escuche en los buses. No tiene horario fijo de trabajo. Todos los días lo hace de manera diferente para evitar caer en la monotonía.
Sueña con reunir a varios artistas que ha conocido y que en el momento se encuentran en las calles debido a problemas de drogadicción. Será un acto cultural en el que demostrarán el talento en break dance, grafitis, música, poesía, magia y malabarismo. De esta manera se darán a conocer y demostrarán que no todos los consumidores hacen daño a los otros o delinquen.
Habla desde la experiencia personal. Consume droga desde los 12 años y a pesar del paso por la cocaína, marihuana y heroína hace una vida normal. Nunca ha tenido que robar ni hacerle daño a nadie. El daño solo se lo hace así mismo. Mantiene la idea que aunque quiera consumir no puede dejarse llevar por las drogas, ni tirarse a la calle.
Duerme en un hotel detrás de la Terminal de Transportes, junto con el compañero. La habitación para los dos les cuesta $ 10.000, incluye cama doble, baño privado, ventilador y televisor. Se ayudan mutuamente y si a veces alguno está cansado por la jornada del día anterior, el otro trabaja. Se esfuerzan por comer bien cada día para reponerse del esfuerzo al que someten el cuerpo.
El momento más trágico de su vida ocurrió cuando su mamá lo descubrió mientras trataba de ahorcarse, llevado por una sobredosis de droga. Al día siguiente, se internó en el centro de rehabilitación y fue líder durante siete meses. Al tiempo recayó.
Quisiera que las horas pasaran lentas. En el futuro se visualiza en un espacio más amplio, en un escenario donde pueda cantar y plasmar sus poemas en la música.
JULIANA MOLINA
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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