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Incursionó como artista callejero con malabares con pinos, pelotas y dediles con fuego.

PERFIL. Bili Hernández, ‘un barco’ sin rumbo

CÚCUTA.- Bili  Hernández, de 24 años, nacido en Valencia (Venezuela), es artista por vocación, cantante y compositor de rap, hip hop y música protesta. Inició la carrera a los 16 años, en el parque. Junto a los amigos empezó a interpretar canciones alusivas a la inconformidad que vive el país. Ha participado en el festival de rock 100 % venezolano, Hot-Roak y en audiciones de para el show de Nueva Juanda, en Caracas.

La música la lleva en las venas. Trabaja fuerte para grabar el primer disco y darse a conocer en las redes sociales y entre los apasionados por este género. “En la calle se aprende de todo”. Incursionó como artista callejero con malabares con pinos, pelotas y dediles con fuego. Este último lo hace después de las 5:00 de la tarde.

Lo caracterizan la sencillez, la amabilidad y la sinceridad. Luce cabellera larga y barba, viste pantalones cortos, medias de jugar fútbol y franela amarilla a rayas. La tranquilidad con la que vive lo ha llevado a tener buenas relaciones de amistad. La esposa hace las veces de escudero,  lo acompaña en cada viaje y trabaja juntos en la función vespertina.

El paso por Colombia obedece a la crisis política y social que vive Venezuela, factores que los motivaron a tomar otros rumbos en la vida. Hace tres meses está en Cúcuta y ha montado el espectáculo en diferentes sectores de la ciudad. Es analista y ha comparado la cultura de los dos países. “Los colombianos son más respetuosos y colaboradores; los venezolanos son echadores de broma, lo ven a uno con las peloticas y le dicen ‘mira, payasito’ juega con estas pelotas”.

Eso hace parte de la cultura de cada quién. “Los ojos son la ventana del alma”, dijo al describir la manera de ser y la personalidad  de cada individuo. En la estadía en  Colombia ha encontrado artistas de otros países que están en tránsito. Cúcuta, por ser ciudad de frontera, los lleva a continuar el viaje por Latinoamérica. Ese es uno de tantos  sueños que tiene Bili y la próxima parada será en Ecuador para seguir a Perú.

Los sueños lo motivan a diario y la meta es estudiar comunicación social, lo apasionan los medios. Trabajó como locutor en una emisora en Valencia, y la producción audiovisual sería su fuerte. “Los sueños no tienen barreras”, es solo luchar por alcanzarlos.

Este valenciano relaciona el arte con el aire que respira, a cada momento hay que disfrutarlo y sacarle el mejor provecho. Trabajar en las calles de diferentes ciudades es una experiencia gratificante. La relación con los demás y conocer el mundo  le ayudaran para escribir un libro. “La vida es solo un ratico y hay que vivirla para contarla”.

Cuando estaba pequeño no imaginó que la vida sería tan dura, que tuviera que abandonar el país, la familia y lo que quiere, porque en  Venezuela no hay esperanzas de un futuro bajo el dominio del régimen del presidente Nicolás Maduro. Es triste ver a los demás soportar ese drama y no decidirse a hacer otra vida y en otro país. No sabe adónde irá a parar su vida, a qué lugar llegará para asentarse, o si volver a la amada Venezuela.

Compara el arte callejero con un medio de sostenimiento. Nunca ha aguantado hambre, no ha dormido en la calle,  podrá viajar y conocer en busca de una mejor vida en cualquier lugar del mundo. No sabe cuánto tiempo estará en Cúcuta, lo que sí tiene claro es el tamaño de las metas. La vida de este soñador es como un barco a la deriva, pero acompañado del mejor capitán en cualquier momento llegará a tierra firme.

La esquina del semáforo donde trabaja es compartida con vendedores ambulantes. La amistad creada desde la llegada es buena, laboran en un ambiente de tranquilidad, a pesar del fuerte sol que azota la ciudad. Llega temprano y trabaja como si estuviera en una empresa. La amabilidad y la generosidad las heredó de la madre y por tal razón le resulta fácil adaptarse a cualquier lugar.

Extraña la casa y la familia, cada vez que puede llama para no sentirse alejado. “Es difícil saber que comiste, llamas a casa y te cuentan que no han cenado, porque no tienen mercado. Eso me parte el alma”. La relación de amor hacia la familia es grande. La unión es fraternal, por eso los sueños lo motivan a luchar y algún día tenderles la mano. Quiere tener un hogar para vivir cómodo, formar una familia y que la música sea la fuente de trabajo.

ISMAEL CANAVATE

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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