En todo pensamos los colombianos en los días antes de votar el plebiscito, pero nunca en la posibilitad real que los negociadores del Gobierno tuvieran que volver a La Habana a rediscutir puntos vitales contenidos en los Acuerdos de Paz aprobados y aplaudidos ante el mundo, en la célebre y memorable ocasión que se dio en Cartagena de Indias, entre el presidente Juan Manuel Santos y el máximo comandante de las Farc, ‘Timochenko’, ante las autoridades de Naciones Unidas.
Pero así es la democracia. Cuando considerábamos que el proceso del SÍ estaba maduro para ganar, se presentó el repunte del NO, que a muchos colombianos y algunos extranjeros nos dejó profundamente tristes, porque intuíamos que el camino que se abría era el del escepticismo, dado que los ganadores del NO lo que buscan es echar por tierra el esfuerzo de paz soñado por la inmensa mayoría de los colombianos.
A estas alturas, casi un mes después del plebiscito, no ha sido posible ver humo blanco en las complejas y difíciles conversaciones que el Gobierno adelanta con el senador Álvaro Uribe y sus delegados, que son entre los del NO, lo más duros y recalcitrantes de convencer. Ellos, tienen una agenda política propia que comenzaron a desarrollar en la búsqueda de la presidencia de Colombia en el 2018 para alguno de los cuatro lugartenientes del expresidente Uribe.
El presidente Santos ha dado demostración de ser estadista en todo el sentido de la palabra. Presidente de una democracia seriamente amenazada, no ha dado el brazo a torcer y ha jurado perseverar, perseverar y perseverar en el camino, hasta sellar la paz con la sociedad colombiana. Por esto, el Comité Noruego del Premio Nobel de la Paz no dudó en entender que era necesario entregarle el Premio Nobel, buscando en esta forma transmitirle su autoridad moral y política, para que fuera capaz de sortear con los dirigentes del NO la ardua tarea de tornar en propuestas viables los puntos del acuerdo, que están en desacuerdo y entrar a discutirlos con una guerrilla que ha dado muestra de madurez y de realismo político, y así, juntos, buscar caminos que permitan superar esta crisis institucional en la que estamos inmersos.
De este modo, resolvió volver a La Habana con el mismo equipo que durante más de cuatro años adelantó un verdadero trabajo de relojería suiza, lograron en forma clara y transparente un Acuerdo de Paz que para los estudiosos de estos complejos temas es el mejor trabajo que en temáticas de paz se ha logrado en el mundo. Pero no solo envío al jefe de las conversaciones con las Farc, Humberto de la Calle, y a su mano derecha profesor Sergio Jaramillo, además lo reforzó considerablemente con los ministros del Interior, Juan Fernando Cristo, y para el Posconflicto, Rafael Pardo, y el senador Roy Barreras. Una verdadera comisión de lujo que tiene como meta lograr con las Farc un Acuerdo de Paz ajustado a los nuevos desafíos de una democracia real y profunda, así como respaldar e implementar una verdadera Reforma Rural Integral (RRI) que vuelva al campo más productivo y más equitativo con las golpeadas y empobrecidas poblaciones campesinas.
Los uribistas y los sectores conservadores del exprocurador Alejandro Ordóñez y del expresidente Andrés Pastrana no deben insistir en la construcción de un nuevo Acuerdo de Paz. Esto es inaceptable para la sociedad colombiana que se expresa por medio de estudiantes, indígenas, afros, campesinos, amas de casa y nuevos sectores sociales, que con sus acciones diarias y decididas están diciéndoles al país y al mundo: En Colombia se hizo la Paz, no vamos a permitir que un grupo político por intereses retardatarios del desarrollo económico y social venga a imponernos otra vez la guerra y la violencia.
El tiempo para la paz se nos agota. La presencia de grupos armados que han decidido dejar las armas y acogerse a los acuerdos que abren inmensas perspectivas de desarrollo y equidad están esperando la orden definitiva de desmovilización. No podemos continuar en este vacío jurídico que prolongado haría mucho daño a la vida institucional del país. El presidente sabe que hoy la inmensa mayoría de colombianos queremos la Paz y estamos decididos a respaldar sus decisiones, pues sabemos que es el dirigente que sabe conducirnos a la paz, que sabe llevarnos a la reconciliación nacional. Entonces, adelante presidente, que estamos con usted.
ALONSO OJEDA AWAD
Exembajador de Colombia en Europa.
Vicepresidente del Comité Permanente de Defensa de los DD.HH. (CPDH)
Foto: Presidencia de la República de Colombia
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