1.- Aunque se ha insistido y reiterado sobre lo que advierten, puntualizan y experimentan los miles de habitantes que viven en las fajas territoriales especiales y limítrofes, que definen y califican a las regiones y zonas fronterizas –con la tipicidad de cada una – el país tiene que reconocer y aceptar que el 53 por ciento de ese gran territorio periférico y su gente continúan siendo desatendidos y sin que sus actos y peticiones presenciales o participativas sustentadas reciban el trato hacia la solución de los problemas y dificultades infraestructurales y básicas planteadas.
Infortunadamente, sus vivencias, perspectivas y opciones –que son muchas y viables si se las examina con amplitud y visión de futuro –no han tenido la receptividad ni el respaldo y apoyo que es indispensable para dar paso, fortaleza y vigor a una noción integracionista y de desarrollo de incuestionable trascendencia para Latinoamérica, como es el aprovechamiento de la labor compartida o conjunta que nace de la mancomunidad socioeconómica y política que se gesta en las fronteras y que puede proyectarse a lo nacional e internacional, al coaligar y unir prospectos creadores de capacitación, investigación, innovación y fuentes de trabajo, utilizando los recursos humanos y naturales a uno y otro lado de los límites y dando camino a incentivos, estímulos, mecanismos y prospectos ágiles, novedosos y positivos.
En este proceso formativo y especial hay dos palabras que sintetizan lo existente, porque no han sido tomadas en cuenta para evaluar y proyectar, con realismo operativo, practicidad funcional, compromiso y visión de perspectivas socioeconómicas nacionales e internacionales, lo que son y experimentan como protección y potencialidad. Son: la descentralización y la representatividad, de y en las regiones y las zonas fronterizas.
2.- Estas dos palabras constituyen -por su ausencia en la aplicación y el manejo estatal y gubernamental, sin olvidar el compromiso que activa y dinamiza la gestión privada- el gran vacío y la casi imposibilidad de desarrollo para los habitantes que ocupan tamaña cantidad del territorio nacional, porque las determinaciones oficiales y el comportamiento de la gestión empresarial y privada siguen a la deriva o en suspenso y sin esa concurrencia que inspire y dé aliento a la labor asociativa presencial y participa, que dé paso a la estructuración de un progreso compartido y ejemplarizante, así cada zona sea diferente y se requiera de un tratamiento especial y en ocasiones distinto al de otras.
Y, destacamos lo anterior, porque estas regiones y zonas, que son auténticos nudos articulares de integración con los países y regiones colindantes o más cercanos o que aproximen y faciliten empeños comunes o de mercado, exigen una atención, dedicación y cooperación particularizadas, por parte de las entidades públicas y privadas que desde el centro nacional dominan el andamiaje institucional y empresarial de la nación. Sí, descentralización y representatividad regional y fronteriza, deben ir unidas en los prospectos de acción, que buscan hacer de Colombia una nación integral, participativa y dispuesta a un adelanto, que llegue a los connacionales y a quienes de manera responsable, conjunta o compartida y seria, ansíen tomar parte de sus anhelos y esperanzas.
3.- Cuando en los años 80 del siglo pasado, se abrieron las trochas y se dieron positivos pasos de respaldo y apoyo a estos marginales y olvidados territorios, muchas iniciativas tomaron forma y otras quedaron a la espera de una más comprometida visión de futuro, como fueron sin lugar a dudas: la búsqueda de instrumentos y mecanismos que permitieran acercar y compenetrar a la periferia con el centro, el establecimiento de entes representativos que impulsaran el desarrollo comunitario, con algunas prerrogativas y autonomías, así como la creación de participaciones administrativas, con un carácter más específico y directo de acción. Por eso, hoy todos sabemos, que el 53 por ciento del territorio nacional necesita más y mejor representatividad y una noción descentralizadora y trasformadora, que llegue y haga comprender a la nación que hay en la periferia unos territorios que habitan colombianos, ansiosos de solidaridad y progreso. Y, que la tarea y los propósitos de asistencia y desarrollo son para ya, o sea ¡ahora!
JOSÉ NEIRA REY
Notas al margen
Contraluz.CO Sólo Periodismo