1.- El reciente informe sobre la zona fronteriza colombo venezolana, de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), si bien alude a los hechos sobresalientes de la interrelación existente y destaca lo alusivo al contrabando, los factores monetarios y lo que representa esa relación bilateral de alta movilidad dentro del contexto latinoamericano, no hace referencia -con el énfasis que esperan los pobladores del conjunto socioeconómico de estas fajas territoriales- a las posibilidades de una interrelación estimulada y proyectada mediante entendimientos y acuerdos que ubiquen, como prioridad esencial, una integración bilateral más consecuente y ágil que trasforme el proceso minoritario de comercio y de convivencia aleatoria tradicional, por una trasformadora que dé sustento y bases firmes a un proceso de integración, acompañado de incentivos, estímulos y mecanismos generadores de empleo, con los cuales la industrialización, la investigación, la capacitación, la innovación y la labor compartida y de beneficio mutuo pudieran otorgarle a la zona fronteriza apoyos y respaldos que en lo infraestructural y básico son indispensables para una ampliación y canalización mayor y mejor de servicios y en la competitividad que por la ubicación geoestratégica puede derivarse en las ofertas y demandas internacionales.
Seguir evaluando a las fronteras solo por las acciones toleradas o ilegales de un comercio minoritario y por el manejo que se le da a lo monetario de esas transacciones, pero sin evaluar, proyectar e impulsar la visión futurista – y de mayor nivel e importancia – que enmarque los potenciales y las ventajas comparativas para hacer tránsito a una gestión de más calado y trascendencia y de beneficio indiscutible, para Colombia y Venezuela no solo es un gran error, sino un hecho que obliga a buscar correctivos, porque paralelamente a lo expuesto, los pueblos de Colombia y Venezuela – quiéranlo o no los defensores u opositores a los gobiernos en el poder – están comprometidas en fortalecer la mutua confianza y la labor compartida ante la búsqueda de la paz, el desarrollo y la estructuración más funcional y operativa, de lo que ansía cada nación.
2.- Minimizar o dar poca importancia a lo que significa y representa una gestión compartida y con visión futurista de Colombia y Venezuela, al modernizar y dinamizar lo que puede cumplirse desde las fronteras, constituiría un grave error o una equivocación mayúscula, porque si sumáramos las proyecciones, que en diversos órdenes y ventajas comparativas poseen los dos países, lo obvio y elemental es llegar a la conclusión que los dos se complementan y pueden ayudarse mutuamente y con enorme porvenir.
3.- Y si a lo anterior agregamos la interrelación y constante referencia y recuerdo de más de 200 años de compartir acontecimientos y vivencias, en lo social, económico y político, de incuestionable trascendencia histórica, porque se parte de la independencia y llega hasta nuestros días, la expresión de Simón Bolívar referida a su mayor copartícipe en la gesta libertadora es aclaratorio y visionario, cuando dijo: “El no habernos compuesto con Santander, nos ha perjudicado a todos“.
Quieran Dios y los buenos vientos que en los Palacios de San Carlos y Miraflores haya especial observación y atención sobre lo que está en juego y que requiere para el éxito de la mayor y más responsable confianza entre uno y otro.
La creación de la Comisión Binacional de Integración Ironteriza, compuesta por lo más representativo de los dos países – y dando participación a la gente de la frontera – constituiría un paso en firme y un buen comienzo para las acciones y las conductas específicas que deben emprenderse y ejecutarse.
JOSÉ NEIRA REY
jneirarey@hotmail.com
Foto: ecopolitica.net
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