CUCUTA.- La tranquilidad de la mañana cucuteña fue interrumpida por la aparición de medio centenar de vendedores ambulantes de productos perecederos preparados. La marcha subió por la avenida 6 y dobló por la calle 11. El objetivo era llegar y tomarse el Palacio Municipal para que el alcalde Donamaris Ramírez escuchara los reclamos.
“No queremos casa, queremos trabajo” gritaron a rabiar los hombres y las mujeres que se sienten maltratados por el gobierno cucuteño. Entre las denuncias hay atropellos, estropeadas, decomiso de mercancías e incumplimiento de promesas. “Nos han dado leño”.
Parmenio, vicepresidente del sindicato que reúne a estos informales, rompió la fila y se lanzó contra la puerta principal de la Alcaldía. Forcejeó con los agentes y recibió apoyo de los manifestantes. Los uniformados hicieron valer el uniforme y no permitieron el ingreso.
La mañana trascurrió entre consignas viejas, ‘un pueblo unido, jamás será vencido’, y reclamos del momento, ‘déjennos trabajar, queremos trabajar’. Los voceros de la manifestación expusieron las razones de la protesta, mientras el Palacio se mantenía cerrado y sin alguien que saliera a poner la cara.
Blanca es vendedora de agua en cualquier esquina de Cúcuta. Está próxima a cumplir 50 años, se siente cansada y sin alientos para estar en la calle. Pero no tiene otra alternativa laboral que ofrecer esos productos a los transeúntes en procura del sustento familiar.
Así como esa mujer, los demás venden gaseosa, cerveza, tinto, avena, pasteles, cigarrillos, jugos naturales, agua de panela, empanadas y más alimentos para conseguir el diario vivir.
En el rostro se les nota el estrato social al que pertenecen, por eso increpan al alcalde Ramírez y le dicen que no le duele lo que sufren porque “nació en cuna de oro”.
Desde el comienzo de año, el gobierno cucuteño propuso adecuar el Parque Lineal para albergar a 550 informales. Entre esos estarían los que ayer marcharon por las calles. “Lo del parque es falso. Nos han sacado a las patadas” de los andenes, se quejó Arturo Báez Torres, presidente del Sindicato de Trabajadores del Comercio Informal.
Las mujeres sentaron precedentes en la jornada y vociferaron contra el Alcalde, contra sus políticas, contra el trato que les ha dado y contra el impedimento para trabajar. “No tenemos plata ni para comer”, se escuchó entre el grupo.
Las horas trascurrieron en medio de las expresiones de rechazo y las denuncias verbales. “Nos han dado leño”, dijo sin temor un hombre. “Lo prometido por el Alcalde ha sido mentira”, complementó otro. Báez Torres remató: “somos conscientes de que no somos dueños de las calles”. Y de nuevo el grito, “déjennos trabajar, queremos trabajar”.
Al mediodía, llegaron los refuerzos de la policía. Miembros del Esmad aparecieron vestidos de negro y dispuestos a “defender el orden”. Algunos funcionarios de la administración se escurrieron por entre las espaldas de los uniformados. Los manifestantes no lo advirtieron. Ganaron la avenida 5 y se retiraron a casa a descansar de la ardua jornada matutina.
El tire y afloje se mantuvo hasta que la situación llegó al punto máximo de ebullición. Maritza y un hombre se encadenaron a un árbol frente a la Alcaldía. Los agentes los arrancaron a la fuerza. Parmenio y dos compañeros protestaron. Los reclamos les valieron para quedar detenidos y ser sacados del lugar en el vehículo antimotines.
La esposa de uno de los detenidos quiso impedir la acción de la fuerza pública y recibió varios golpes que la dejaron tendida en el piso, sin aliento y sin marido. Tiene varios meses de embarazo. La ambulancia de la Defensa Civil “tardó horas” en llegar para auxiliarla.
Los manifestantes, en solidaridad, la agarraron contra los uniformados, los acusaron de maltrato y se regó el cuento que el responsable de la golpiza a la vendedora fue Mendoza, identificado con la cifra 83621. Niños y adultos lo señalaron, los superiores lo sacaron del lugar para evitar represalias.
Los gritos siguieron, la embarazada fue trasladada a un centro asistencial para ofrecerle ayuda, los tres hombres quedaron detenidos y los del Esmad siguieron en el cumplimiento del deber. Maritza agradeció a Dios por haberla zafado de las manos de los policías y volvió al hogar para contar lo vivido en esta marcha que no alcanzó los objetivos propuestos por los organizadores.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo





