A la luz de la teoría psicoanalítica, la conducta criminal en el ser humano tiene su etiología o causa, en el instinto latente denominado tanatos, o instinto de destrucción. Resulta que por naturaleza todos tenemos dos fuerzas psíquicas involuntarias antagónicas, la primera se denomina instinto Eros, representada en nuestra tendencia por conservar la vida, por evitar nuestro dolor y el de otros, por no causar ni causarnos daño. La segunda se denomina Tanatos, y representada en nuestra tendencia a destruir la vida, a provocar y provocarnos dolor, a causar y causarnos daño. Sin embargo, uno de los dos instintos latentes predomina en el ser humano, dependiendo de la fortaleza de nuestra conciencia.
Ahora, el instinto Tanatos se desencadena bien por presión genética, es decir hereditaria; por un trauma, por el efecto de una sustancia psicoactiva o por un aprendizaje social. Entonces, el camino es la prevención, es decir, hacer todo lo que esté a nuestro alcance para conservar la salud mental.
La prevención se fundamenta en un principio básico que es el control de estímulos que generen conductas agresivas mediante su sustitución por otros que produzcan conductas de conservación de la vida.
Siendo realistas, parece que la aplicación del principio anterior es casi imposible, porque somos bombardeados permanentemente con estímulos que desencadenan violencia. Los medios de comunicación los producen con la manera morbosa como explotan las noticias, como producen el humor, las telenovelas y casi todos los programas de entretenimiento, porque indudablemente la violencia vende cuñas. Como lo planteamos al comienzo de este artículo, las personas tienden a disfrutar de estos programas como una forma de satisfacer su instinto de destrucción.
El camino es hacer un esfuerzo consciente y colectivo, evitar todo tipo de estímulos sensoriales y ambientales que contengan inducción violenta. Por ejemplo, algunos programas de televisión y de otros medios de información. Es prioritario en nuestro país la regulación de contenidos en los espacios de la radio y la televisión. En el entorno familiar se requiere de restringir radicalmente el uso, para los menores, de las redes sociales, es conveniente evitar la violencia intrafamiliar. En todos los círculos sociales la agresión debe ser remplazada por la conciliación. En términos generales se debe crear la cultura de la conservación de la vida, por encima de cualquier circunstancia.
En una nación tan violenta como Colombia, la cultura de conservación de la vida, debe ser el resultado de una política de Estado.En este sentido, es urgente una cruzada de educación para la reconciliación nacional, que se traduzca en un pacto social, el cual desemboque en una sociedad no contaminada por la violencia y con salud mental sostenible, porque la tendencia o latencia a la conducta criminal se puede inhibir, controlar y en último término erradicar mediante un buen aprendizaje social.
MARCO ANTONIO MENDOZA
Psicopedagogo y periodista
Contraluz.CO Sólo Periodismo