Las noticias procedentes de La Habana, en relación con los diálogos entre representantes del Gobierno y las Farc, no son tan esperanzadoras como al comienzo. En la medida en que se profundiza en la agenda de análisis y discusión las dificultades parecen acrecentarse.
Son cinco los temas para discutir: Política de desarrollo agrario integral; Participación política; Fin del conflicto y justicia transicional; Solución al problema de las drogas ilícitas, y la situación de las víctimas del conflicto armado.
El primer punto referido a la Política de desarrollo agrario integral, que parecía inicialmente iba a ser un duro cuello de botella en las conversaciones, afortunadamente pudieron superarse los escollos y llegar a acuerdos que comprometen al Estado y a la insurgencia en conseguir un nuevo modelo de desarrollo para el campo, donde el punto central debe ser el reconocimiento a tierras, crédito, semillas, fertilizantes, mercadeo, vías, educación y salud para los amplios sectores campesinos.
En el segundo punto, referido a la participación política, comenzaron a presentarse escollos, sobre todo al manifestarse en los medios de comunicación los viejos sectores latifundistas y derechistas quienes expresan una centenaria ‘urticaria’ cuando de reconocimientos políticos a la guerrilla se trata. Y aquí ha sido Troya. Los representantes de la insurgencia manifiestan que no han luchado ilegalmente durante 50 años por la construcción de un modelo de desarrollo social para merecer, al final de los diálogos de paz, una condena penitenciaria, que negaría las posibilidades de llegar al Legislativo donde puedan con la fuerza de la razón y la palabra y silenciados los fusiles, proponer y ejecutar las urgentes reformas sociales que han taponado desde el siglo pasado el reconocimiento a los amplios sectores poblacionales que reclaman una verdadera y práctica política pública en derechos humanos.
Esta falta de magnanimidad que expresan en declaraciones abundantes los sectores políticos no afectos a la paz ha ido extendiendo en toda la opinión nacional cierto grado de desánimo y mermándole el apoyo que con urgencia reclaman hoy los diálogos de paz de La Habana.
Porque, no nos digamos mentiras, si no logramos los acuerdos suficientes para parar la violencia y la lucha armada en este significativo e importante periodo presidencial, los escenarios futuros se podrán caracterizar por un aumento en la marcada pugnacidad que sobre estos temas expresan cada vez que hay oportunidad, los actores políticos de la vida nacional.
No lograr la firma de un acuerdo de paz en estos momentos significaría que aplazaríamos nuevamente las conversaciones para 10 años más tarde, como cíclicamente ha ocurrido, con el incremento de cifras de muertos, atentados a la infraestructura, deterioro en las condiciones de vida de los colombianos y aumento exagerado del presupuesto militar.
Por eso queremos hacer desde la Universidad Pedagógica Nacional un nuevo llamamiento por la paz que estimule nuevamente los corazones de hombres y mujeres amantes de la convivencia y de la justicia social y que posibilite, más temprano que tarde la terminación del análisis y discusión de la Agenda de La Habana y podamos ver el inicio del silenciamiento de los fusiles y el surgimiento de nuevas organizaciones políticas, que expresen su inconformidad y rechazo por el sistema económico vigente, pero que lo hagan exclusivamente mediante la lucha política, electoral y nunca más por las vías de la violencia
ALONSO OJEDA AWAD
Exembajador de Colombia
Contraluz.CO Sólo Periodismo