Si no es hora de hacer un alto y comprender que la situación regional no solo es grave, sino alarmante ante los delicados indicadores sociales, económicos y políticos que se han sumado en proporción mayúscula, valdría preguntarles a nuestros gobernantes, consejeros y representantes ¿qué es lo que quieren?
Un simple sondeo de la realidad y una consulta con quienes se atreven a opinar con responsabilidad, demuestran inequívocamente, que aquí – sí, entre nosotros – se requiere un cambio estructural en actitudes y conductas, partiendo de lo elemental, como es la subsistencia.
El incremento de la violencia y el no captarse fundamentos y opciones ciertos que permitan, al menos, intuir correctivos prontos, obligan a reflexiones de fondo y a la necesidad de un compromiso colectivo, auténtico y dispuesto a buscar nuevas alternativas.
¿Habrá oídos dispuestos a escuchar y ojos que observen cuanto ocurre en el conjunto? La declaración de emergencia social y económica es tan solo el comienzo para buscar la asistencia y el compromiso del Estado, mediante la acción del Ejecutivo y el Congreso de la República en la obtención de incentivos y estímulos, mecanismos, regulaciones y reglamentos, respaldos, apoyos presupuestales y coordinaciones que permitan hacer de la región y la frontera no solo un nudo articular del desarrollo, sino una fuente de tranquilidad, innovación, participación, desarrollo y progreso.
¿Qué esperan nuestros mandatarios, consejeros y representantes? Aquí la única rosca que debe existir, es la que se conforme con la unión de todo el conjunto. Sí, y para que apriete, en una sola dirección: la defensa y proyección del nororiente, la frontera mancomunada, coordinada y grata, y la región articulada con impulso a las fuentes de producción y de trabajo, que la asocien y vinculen con perspectivas constructivas hacia dentro y hacia afuera.
JOSÉ NEIRA REY
Contraluz.CO Sólo Periodismo