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La muchachada celebró los 280 años de Cúcuta

CÚCUTA.- Tatiana se vistió de indígena, bajó de La Libertad y llegó hasta el estadio General Santander para participar en la celebración de los 280 años de Cúcuta. Al igual que muchos estudiantes de los colegios oficiales locales, mantendrá en el recuerdo este momento histórico.

Los cucuteños despertaron, este 17 de junio, con la bandera rojinegra izada para saludar a doña Juana Rangel de Cuéllar, la pamplonesa que donó parte de sus tierras para darle paso al caserío que después se convertiría en ciudad y luego en capital de Norte de Santander.

La fiesta la vivieron los jóvenes que marcharon desde la Terminal de Trasportes, el Ventura Plaza y el parque Santander hasta el escenario deportivo. Pocos fueron los adultos que acompañaron el acto conmemorativo.

Treinta bandas de paz marcaron los recorridos desde los puntos de salida. El sonar de bombos, platillos, redoblantes y trompetas no fue suficiente para despertar entre los mayores la curiosidad para hacerlos caminar hasta el punto de encuentro.

El sol de la mañana, en pleno verano cucuteño, castigó a los estudiantes de grados superiores, aunque no los doblegó. Los muchachos se mantuvieron erguidos, mientras lucían el color distintivo del uniforme de cada colegio.

Adentro, en el General, muchos debutaron en los graderíos de Sur y Oriental, especialmente. Vivieron con placer la novatada y admiraron el campo de juego, en el que se ha escrito la historia del Cúcuta Deportivo.

La tribuna destinada a la ‘Banda del Indio’ se llenó de alumnos, que tuvieron un comportamiento diametralmente opuesto al que reina en las jornadas futboleras. Los cánticos, los saltos y los estribillos se cambiaron por saludos, gritos normales y murmullos.

El humo que marea no se vio. Los insultos a los visitantes no se escucharon. Los trapos tendidos de arriba abajo no descolgaron en esta oportunidad. La inocencia se paseó tranquila por las gradas y dejó apreciar el espectáculo.

En la antigua tribuna de Sol las pancartas de las barras desaparecieron para dar paso a uno que otro estandarte de los colegios. Las cornetas de aire comprimido se cambiaron por los instrumentos de las bandas de paz. La camiseta rojinegra fue opacada por las franelas de los uniformes.

Y en la cancha no hubo jugadas ni jugadores. Hombres y mujeres integrantes de las bandas se pasearon tranquilos por sobre la gramilla sin temor a dañarla o a causarle sobre peso. Lo importante era estar en el momento preciso para recibir computadores para el plantel, como reconocimiento a la participación, y aspirar a subir al podio para llevarse unos millones para la compra de instrumentos. Solo ganaron cuatro instituciones.

Al promediar la mañana, los estudiantes comenzaron el regreso al colegio. A partir de ese momento empezaban a gozar del periodo de vacaciones. Tatiana se perdió entre la multitud para volver a La Libertad. La próxima cita con la historia será dentro de 20 años, cuando Cúcuta cumpla tres siglos de vida.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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