MEDELLÍN.- La Gabarra (Tibú), es uno de los cinco corregimientos que mayor número de masacres ha tenido en toda la historia del conflicto armado en Colombia, dijo Andrés Suárez, investigador del Centro Nacional de Memoria Histórica, durante la presentación del informe ‘¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad’, en Medellín.
Suárez, uno de los responsables de la preparación del informe en el que se hace la radiografía de medio siglo del conflicto armado en el país, que ocasionó la muerte de por lo menos 220.000 personas, dijo que El Catatumbo es una de las zonas sobre las cuales hay muchas deudas, por la dimensión alcanzada al predominar la desaparición forzada, el desplazamiento forzado, la tortura y las escalofriantes masacres que no tenían otro fin que sembrar el terror y que dieron cuenta de la magnitud de la guerra y de lo que allí pasaba.
El Catatumbo, en particular, y Norte de Santander, en general, se han convertido en símbolo nacional por los hornos crematorios confesados por el ‘El Iguano’ y que funcionaron al servicio de los paramilitares en el corregimiento Juan Frío (Villa del Rosario).
También por ser un ejemplo de todo lo que ha caracterizado al conflicto nacional, del ocultamiento, de la barbarie, de la cooptación de la institucionalidad, lo que no solo se sabe por las escalofriantes cifras, sino porque Mancuso se tomó el poder del Estado en el Área Metropolitana de Cúcuta.
“Entonces, es una de las regiones más afectadas por el conflicto y uno de los epicentros de cualquier proceso de reparación”, dijo el investigador. Explicó que las víctimas al revivir el drama hacen serios cuestionamientos y reclamos como que todo no pudo haber ocurrido sin complicidades de la fuerza pública, las autoridades o poderes locales y regionales, y de miembros de las comunidades.
Frente a esas complicidades hay un reclamo de justicia, un pedido de que se esclarezca quién estaba detrás de los actores armados para perpetrar ese tipo de acciones, en el entendido que toda esa violencia cuesta mucho y se requieren recursos políticos, económicos y de todo tipo para mantenerla.
Se reitera en ese esclarecimiento, porque la gente no pide justicia para el victimario del nivel más bajo o el combatiente raso, porque quiere saber quién estaba detrás de lo que les ocurrió.
De acuerdo con Andrés Suárez, las víctimas en La Gabarra tienen una serie de reclamos:
1.- Contra el abandono, no en el sentido de que alguien omitiera hacer las cosas, sino en un reclamo humano, que recuerda que todo lo que vivieron lo hicieron en medio de la soledad y de una gran vulnerabilidad. Es la añoranza de decirle a la sociedad “ustedes dónde estaban, por qué nadie interrumpió la masacre, por qué nadie acudió a auxiliarnos”.
2.- A las guerrillas por haberlos dejado expuestos, porque fueron autoritarios en el dominio, pero cuando vinieron los otros, no estuvieron para defenderlos.
3.- A la sociedad regional, dónde quedó la solidaridad para con la población por la tragedia ocurrida
4.- Por la estigmatización, es decir el hecho de que los masacraron y sufrieron toda esa violencia, porque los asociaron con un actor armado, prejuzgaron que la presencia en un territorio de un actor, era igual a que ellos hacían parte de ese actor o que compartía lo que proponían, sin detenerse a pensar que era una relación entre un actor con armas y una población indefensa.
“Por pertenecer a un territorio nos estigmatizaron y la gente dice, pero es que yo vivía en el territorio antes que el actor armado y terminó siendo la presencia de él la que me marcó”, explicó.
También hablan de que estigmatizaron los liderazgos sociales y políticos en la zona, porque el hecho de participar en la vida pública se volvió una causa para atacar y exterminar a la gente.
Andrés Suárez no se sabe cuántas masacres hubo, pero superan las 30. La gente conoce las más grandes, como la masacre paramilitar de agosto de 1999 o la que cometieron las Farc, en junio de 2004. La mayoría son masacres de cinco, seis o siete personas, que de alguna manera van quedando en el olvido, porque no tienen la espectacularidad o visibilidad de las otras.
Esos antecedentes deben servir para que la gente en el país entienda la razón por la que hay que decir ¡Basta Ya!, la razón para muchas personas que piensan, en estos momentos, que parar el conflicto armado marca la diferencia entre la vida y la muerte.
“El Catatumbo, en Norte de Santander, es una de esas regiones por las que más deberíamos luchar para que el proceso de paz se vuelva irreversible y para que nada de lo que ocurrió vuelva a repetirse”, remató.
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