La alusión a los cinturones de castidad se desdibuja en la historia de la sexualidad. Algunos autores y el imaginario público los ubica en la época medieval, avivados por la figura de los caballeros que iban a combatir en las cruzadas y que necesitaban dejar a buen resguardo sus ‘pertenencias’.
Este mito fue derrumbado ante las consecuencias funestas que traería tener en el cuerpo adherido este artilugio (infecciones, laceraciones en la piel). La creación se ubica, históricamente, bajo el propósito de evitar violaciones.
Es así como aparecen las primeras expresiones y dibujos de esos instrumentos de acero, en el siglo XV, específicamente en el manual de equipamiento militar escrito por Konrad Kyeser. Con el paso del tiempo y de las diversas apreciaciones acerca de la sexualidad, esencialmente de la religiosa, el cinturón de castidad fue utilizado para evitar la masturbación, en una clara alusión a que esta práctica era pecado mortal.
Surge acá, también, el momento oportuno para establecer un mecanismo de control a diversas enfermedades de trasmisión sexual que aquejaban este período de la humanidad sin tener un avance significativo de la ciencia médica.
Hoy, la alusión a este aparato solo trae unos buenos chistes, en donde un hombre celoso ‘guarda’ sus posesiones. Igualmente, se ubica como una muestra del ingenio del hombre en el afán por manifestar control sobre el cuerpo de la mujer.
La libertad de la sociedad toma al cinturón de castidad como juguete erótico que le permite manejar la imaginación para lograr un goce placentero y duradero, dependiendo de la creatividad de los usuarios. La fabricación de los cinturones tiene mercado, especialmente, en aquellas parejas que exploran nuevas ideas para estimularse. Aquellos que gozan también de dominación sobre la pareja se ven reconfortados con esta práctica.
El sadomasoquismo se alimenta de estos aparatos y conduce en ocasiones a desenlaces funestos. La proliferación de modelos, presentados en la industria, es una clara alusión a que a la hora de mejorar la relación sexual no se escatiman esfuerzos. También, es una prueba de que la prevalencia masculina en algunos países continúa. Los mayores pedidos de estos cinturones son hechos desde Arabia.
ISBELIA GAMBOA
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