En mi vida laboral como profesora de biología, en secundaria, siempre me he hecho la pregunta ¿Por qué los estudiantes no usan los métodos de prevención de embarazo? Pues me doy la respuesta, y como también fui joven, los deseos le pueden a la razón.
Por mucha información que tengamos, en el momento de la acción domina la pasión. Y es allí donde está el problema. De la pasión y del arrebato solo queda una semilla que dará fruto a los nueve meses. Si es que lo da.
El embarazo de adolescentes es una realidad indiscutible y de magnitudes cada vez más preocupantes. El porcentaje de niñas embarazadas ha ido en aumento en 17 por ciento, entre 15 y 19 años. Un país donde la población infantil que resulta embaraza contrasta negativamente con otros países que han logrado una adecuada política de atención sexual a los jóvenes. Por ejemplo, en Suecia solo tres niñas de mil presentan embarazo no deseado. Aquí, es de 80 por 1000. La educación sexual, como estrategia gubernamental, establecida mediante la Resolución 3353 de 1993, ha pretendido brindar a estos muchachos las herramientas del conocimiento para que sepan aplicarlas.
Sin embargo, las estadísticas demuestran que no se ha logrado la disminución de los casos de embarazos no deseados. Influyen otros aspectos, indudablemente. No solo el ardiente momento del contacto íntimo. La educación que tengan los implicados es factor decisivo, no tanto para usar el método anticonceptivo, sino para el acceso a información posterior que pueda enmendar el error cometido. Y es allí, cuándo las estadísticas de abortos aumentan y llevan a un problema más grave, con consecuencias de salud física y mental.
Aplicar estrategias educativas es la mejor opción. Y estas deben venir directamente de casa, desde la primera infancia, cuando los padres deben ser claros y concisos en estos temas. Temas abordados con plena realidad que debe iniciarse con dar el nombre correcto y científico a las partes íntimas.
No disfracemos nuestra anatomía reproductiva con metáforas. No le digamos a los niños que el pene es un ‘pajarito’ ni a las niñas que la vagina es una ‘palomita’. Seamos concretos, naturales en las explicaciones y que estas sean acordes con la edad. No pretendamos, tampoco, dar un tratado de medicina a los infantes. Con decirles el nombre correcto de las partes íntimas es un buen comienzo.
A medida del crecimiento irán profundizándose dichas explicaciones y el tema del embarazo es de obligatoriedad. No con las concebidas frases que el embarazo frustrará la vida, porque los hijos no tienen la culpa de nuestros errores y al contrario de frustrarnos alegran nuestra existencia, sino con argumentos serios, científicos, que hagan recapacitar al joven para no asumir esta tarea de criar a un hijo a tan temprana edad.
Así mismo, el carácter de obligatoriedad en la escuela debe aprobarse inmediatamente en Colombia. Suecia lo tiene desde 1955, y bajo el lema de “La educación nunca hace daño, la ignorancia sí”. La estadística indica el éxito preventivo.
Argentina y Chile empezaron este proceso. Colombia está en mora de adelantar la tarea. La educación sexual debe ser obligatoria en los establecimientos educativos, privados y oficiales, y debe impartirse desde la primaria.
¿Cómo puede una niña de 12 o 13 años, cuándo aún los órganos reproductivos no están maduros convertirse en una madre? ¿Cómo puede una mente infantil asumir el rol de madre? Es trasgredir abruptamente el camino de la infancia. Ahí sí, es perder una etapa de la vida, donde aún pueden jugar a las muñecas. ¡Pero no a ser mamá!
ISBELIA GAMBOA
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