GRAMALOTE – Norte de Santander.- Que el pueblo se destruyera era imposible, pero una falla geológica ocasionada por el Fenómeno del Niño, en diciembre del 2010, lo hizo posible. Que lo reconstruyeran desde cero, en pleno siglo XXI, era difícil de creer para los colombianos. Hoy, 17 restaurantes, 10 tiendas y una cafetería son algunos de los establecimientos comerciales que los gramaloteros han conformado durante el primer año, en el nuevo casco urbano.
Va un año en el que columnas, filas de ladrillos y cimientos dejaron de ser parte de un proyecto y se convirtieron en hogares de familias gramaloteras que lo habían perdido todo. Hace un año, fue la llegada de los primeros pobladores de los barrios Centro, Calle Real, Santa Rosa, Gregorio Montes y San Juan.
Camas, sillas y maletas llenas de recuerdos empacaron los habitantes para iniciar de nuevo la vida en este municipio, aun a sabiendas de que no lo tendrían todo y que lo que deberían reconstruir como comunidad era mucho más grande que todas las estructuras.
“Uno sale al parque otra vez a hablar con el de la esquina, con el vecino, y empezamos a tejer esos sueños, a visionarnos y a pensar qué podemos hacer para querer este pueblo”, comentó Álvaro Botello, quien nuca dejó apagar la esperanza, para reencontrarse con su gente.
Mientras el tiempo pasaba
El 17 de diciembre del 2010, los gramaloteros desalojaron el municipio por orden de la Alcaldía y con la incertidumbre de no saber qué era lo que pasaba. “Ese día salimos para Cúcuta solo con unas colchonetas. Lo dejamos todo allá. No pensábamos que la tragedia fuera así como fue. Desgraciadamente, el pueblo se destruyó y nos tocó irnos para siempre”. Es el recuerdo de Silverio Ayala, carnicero en la casa de mercado. Este oficio le servía para solventar la economía del hogar. Los Ayala son una de las 1110 familias, según el registro final de habitantes en el antiguo casco urbano, damnificadas por la catástrofe.
La remoción en masa, así llamaron, esa que destruyó gran parte del municipio, dejó en pie solo la mitad de uno de los 16 barrios. El Gobierno tomó medidas desde el día en que los gramaloteros salieron de su tierra y el presidente Juan Manuel Santos prometió que el pueblo sería reconstruido en donde quisieran.
Para lograr esta promesa, se creó el Fondo Adaptación, entidad adscrita al Ministerio de Hacienda, con el objetivo de atender la construcción, reconstrucción, recuperación y reactivación económica y social de las zonas afectadas por los eventos derivados del fenómeno del Niño de 2010 y 2011.
El tiempo pasaba mientras el Fondo tomaba las medidas necesarias para iniciar la reconstrucción. La comunidad se asentó en diversos lugares de Colombia, principalmente en Norte de Santander. Comenzaron una nueva vida en la búsqueda del sustento económico. La situación les planteó un reto a los gramaloteros y, poco a poco, fueron superándose como jóvenes, como familia y como pueblo.
La unión, el arraigo y la identidad se fortalecieron, aunque no tenían un suelo. Las oportunidades de estudio, de trabajo y de conocer nuevas formas de vida les permitieron ver más allá de lo que tenían. A pesar de estar lejos y separados, tuvieron un sueño colectivo: volver a Gramalote. Ese fue el motivo que, durante 7 años, los mantuvo unidos, con ilusiones y con la esperanza de regresar al pedazo de tierra prometida.
“Por un largo tiempo, construimos imaginarios de cómo serían el pueblo, las casas, el parque, las calles y los barrios”, comentó Mery García, al ver cómo Gramalote se convertía en realidad. Idealizaron un pueblo nuevo y moderno, fueron testigos de la instalación de la primera piedra, vieron cómo pegaban el primer ladrillo y observaron la construcción de la primera casa. “Entre más avanzaba el tiempo, la emoción se agrandaba”.
Gramalote empezó a tener cara de pueblo
En los comienzos del 2017, Gramalote tenía cara de pueblo. El parque estaba terminado, a la sede de la Alcaldía y la plaza de mercado les faltaba poco, había alcantarillado, agua potable y luz en las casas. Al principio, los gramaloteros se negaban a trasladarse parcialmente y se rumoraba que o llegaban todos o no se pasaba nadie.
Cuando las primeras familias empezaron a tener sus casas asignadas, listas y a punto de recibir las escrituras, el Fondo Adaptación tomó la decisión que los gramaloteros podrían tomar posesión de las viviendas.
A Pesar de que algunas obras seguían inconclusas, las familias empezaron a trasladarse el 11 de marzo del 2017. A medida que trascurrió el tiempo los gramaloteros habitaron sus casas. Otros, aunque no les entregaron los inmuebles, tomaron en arriendo viviendas para montar negocios o para disfrutar del clima y los paisajes.
Álvaro Botello, Tata, montó la primera tienda y la llamó ‘La primerita’. “Siendo un gramalotero, que lo viví a plenitud, vi la oportunidad y me vine a estrenar casa y oportunidades”. El pueblo es visto como lugar con futuro y ojalá la gente de Gramalote se dé cuenta y llegue. “El futuro para nosotros está aquí, no en Cúcuta, ni en otro departamento, está aquí, en Gramalote”. Tata cumplió el primer año en el nuevo municipio y ha visto cómo poco a poco el pueblo crece.
‘La Morrocota’ es el negocio más grande del municipio. Aquí, campesinos y habitantes se abastecen de los productos necesarios para el hogar. “’La Morrocota’ también regresó a Gramalote”, dijo Carlos Zapata, quien luego de la tragedia decidió mudarse para Santiago y montar el comercio para seguir adelante. En el municipio vecino vivió los siete años mientras Gramalote se levantaba. Encontró amistades que le tendieron la mano y le ofrecieron respaldo. Pero llegó la hora de volver a la tierrita para reencontrarse con su gente, estar en su pueblo y disfrutar del clima agradable. Abandonó a Santiago con un poco de nostalgia, pero agradecido, y retornó al pueblo.
Volvió a adaptar el establecimiento comercial, esta vez en un sitio con estructuras modernas. Juan Gómez, campesino, considera a ‘La Morrocota’ como el despegue del progreso para el nuevo casco urbano. Zapata ahora ve la tragedia convertida en una bendición. Los habitantes tienen la oportunidad de mejorar la calidad de vida. “Por lo que está construyéndose, realmente vale la pena elogiar el esfuerzo de todos los que han puesto ‘su granito de arena’ para sacar adelante este proyecto”.
La economía del municipio, en un año, ha sido positiva y dinámica, aun así hay otros aspectos importantes, como la apropiación de la gente. El excoordinador del megaproyecto, del Fondo Adaptación, Roberto Zapata, dijo que “las familias deben entender que el futuro es su pueblo, y es por eso que deben cuidar, proteger y apropiarse de cada rincón de sus barrios. Los jóvenes deben empoderarse de ese patrimonio que ahora tienen”.
El alcalde de Gramalote, Tarsicio Celis, manifestó que “buscamos que los habitantes encuentren un mejor estatus de vida, que se les brinden oportunidades de trabajo dentro de las mismas obras”. Resaltó que es importante crear empresa, tanto en el campo como en el casco urbano, para lograr el desarrollo positivo en el municipio.
Durante los próximos meses, en Gramalote vendrán nuevos traslados, entrega del colegio, la estación de policía, el hospital, las zonas verdes y los espacio públicos. Actualmente, se llevan a cabo proyectos por parte del Fondo Adaptación, por medio de AECOM. El objetivo es la apropiación de los gramaloteros por el pueblo. Se espera que al final del año se entregue la totalidad de las casas y de los equipamientos que están en construcción.
SIBIA GUERRERO – DANIELA CORREDOR
Estudiantes de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
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