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INFORME ESPECIAL. El desplazamiento, calvario en la ciudad

CÚCUTA.- El desplazamiento forzado es un fenómeno que ubica a Colombia como el país con más crisis humanitaria en América Latina. En el mundo, aparece después de Sudán. El terror que emplean los grupos criminales y los problemas sociales, políticos y económicos perjudican a campesinos, indígenas y afrodescendientes. La expulsión de las comunidades de las tierras y el control de los territorios como método estratégico de los alzados en armas para generar poder y miedo provocan la  crisis social y migratoria en el terreno nacional.

Entre los motivos iniciales de desplazamiento están amenazas, torturas, desapariciones forzadas, homicidios, desalojos, reclutamientos, secuestros y operativos antinarcóticos. Según datos del Registro Único de Víctimas (RUV), las estadísticas aumentan y la magnitud de los registros está  en constante estudio. En el RUV hay inscritas 5’432.156 víctimas de conflicto armado interno.

Norte de Santander es uno de los departamentos con aumento de desplazados y víctimas de los grupos armados y bandas criminales. El poder dominante en los sectores rurales ha provocado migración de familias. Otros problemas históricos en el oriente colombiano son la ausencia del Estado en las zonas campesinas, la situación fronteriza, el tráfico ilegal de productos y el aumento desmedido del rebusque,  que fortalecen al Eln, Farc, Águilas Negras y Bacrim.

Al obtener contacto con las poblaciones vulnerables se distinguen diferentes focos que generan daño y desangran los  hogares. Los grupos armados y las bandas criminales  que se disputan tierras han sido durante muchos años la principal causa de desplazamiento forzado del país. Pero es erróneo pensar que son solo estas situaciones las que les arrancan la sonrisa a los campesinos, habitantes de veredas o pueblos lejanos donde la presencia de las fuerzas pública es poca.

En Colombia son alarmantes las cifras de campesinos  secuestrados para que presten servicio a los grupos insurgentes. Durante la estadía pasan un calvario debido al constante terror que es infundido por parte de los victimarios, amenazas que van desde la muerte de familiares, torturas o la muerte de los reclutados. Pocos de las víctimas son retenidos y vuelven sanos al hogar.

Las Farc utilizan como principal instrumento de terror la instalación de minas antipersonal, el reclutamiento de menores para el ensanche de las filas armadas y,  en ocasiones, el constante enfrentamiento entre dos grupos de diferente frente por apoderarse de los terrenos.

Muchos de los insurgentes atacan camiones patrullas y otros medios de trasportes del Ejército con bombas y  armas, lo que disminuye el aporte del Estado para combatir la violencia en Colombia. Las víctimas trasmiten tristeza, fatiga, agobio  y no se les hace fácil hablar sobre esta forma de vida. Las vivencias son diferentes y cada uno tiene una historia difícil de superar.

El apoyo que se les brinda es poco y lento. Una víctima puede esperar hasta cinco o seis años por el pago del subsidio prometido por el Gobierno desde que hace la respectiva denuncia en los centros de atención, ubicados en la mayoría de  las capitales y los municipios del país. Este panorama se evidenciaba años atrás; hoy, la espera puede ser menor, pero no llega a tiempo.

Cúcuta es uno de los municipios de Norte de Santander más azotados por la llegada de desplazados por la violencia. Un estudio elaborado en el 2013, arrojó una cifra alarmante para las autoridades. 361 víctimas del conflicto armado  llegaron  a la capital del departamento en ese año, en su mayoría provenientes de El Tarra y Convención.

La usurpación de terrenos para la producción de cultivos ilícitos de coca, marihuana y otro estupefaciente, ha contribuido de manera significativa  al aumento desmesurado de los grupos alzados en armas en zonas rurales, el desplazamiento forzado de los habitantes de veredas o pueblos que dejan atrás todo sin importar consecuencias y el creciente nacimiento de pequeñas bandas criminales (Bacrim).

LEYDA ACEVEDO – ALEXIS  CASADIEGO

GRECIA CONTRERAS – LUISA MONTAÑO

Estudiantes de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

 Foto: sjrcol.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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