CÚCUTA.- A la luz del pasaje bíblico narrado por Marcos (4, 35 – 41), monseñor José Libardo Garcés, obispo de Cúcuta, habló la realidad de tormenta y de dificultad que se vive por estos días en la ciudad. “Este evangelio relata lo que vivimos cada día en nuestra vida personal, familiar, comunitaria y de trabajo”.
El prelado explicó, en la homilía dominical, que en toda familia hay tormentas, conflictos, problemas, peleas y obstáculos. Monseñor Garcés presidió el encuentro de comunidades catecúmenas, efectuado, este 23 de junio, en el Templo del Divino Niño (Villa del Rosario).
Estas dificultades hacen parte del ser humano y en todo hogar se manifiesta esa realidad tormentosa, que la afrontan creyentes y no creyentes. “La diferencia está es la manera de resolver esas verdades”, indicó monseñor José Libardo ante el silencio respetuoso de los fieles.
Manifestó que el que rechaza a Dios, o no lo deja entrar a su corazón, resuelve esos conflictos desde el diablo. “Los resuelve con el odio, el resentimiento, el rencor, la venganza y la violencia”. Incluso, agregó, con depresión y agresividad y se pregunta “¿por qué me pasa esto?” y otros cuestionamientos que no tienen respuesta.
Esa actitud, indicó el Obispo de Cúcuta, es indicativo de la falta de fe y el rechazo a Dios. “O, simplemente, dejarse invadir del espíritu del mal, del demonio”.
En cambio, cuando se renuncia al mal y entiende que en medio de esas dificultades está Jesucristo, “Él va con nosotros en la barca”, y nos ayuda a resolver esos problemas. “Esas tormentas las resolvemos con el perdón, la reconciliación, la paz, el diálogo, el encuentro, la confesión y la eucaristía”.
Monseñor José Libardo Garcés, también, se refirió a la enfermedad del siglo y del momento. “La gente se deprime por nada. Por lo más insignificante está deprimido. Se deprime porque lo miraron, porque no lo miraron, porque medio lo miraron. Por cualquier tontería se deprimen”.
Definió la depresión, en últimas, como la pérdida de la virtud de la esperanza. Se preguntó “¿Por qué pierde uno la esperanza?”. Y respondió, “porque perdió la fe. Y cuando pierde la fe y la esperanza uno está vacío. No tiene de dónde agarrarse”.
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