CÚCUTA.- Al cumplirse seis de la desaparición de Henry Pérez, líder campesino en El Catatumbo, la esposa Elibeth Murcia no soportó más la tensión que vive en casa y clamó por una noticia de su paradero, “la que sea, para saber a qué atenerse”. Lo dijo mientras las lágrimas comenzaban a recorrer el rostro y la voz se apagaba por la emoción. “Queremos algo concreto para uno saber a qué atenerse”.
El expresidente de la Asociación de Juntas Comunales de la zona salió de casa y no volvió. Algunos habitantes dicen que fue a donde la hermana para trabajar el proyecto de cultivos productivos que lidera para la región. Otros, afirman que fue a cumplir una cita clandestina con los actores armados. Ninguna de las dos hipótesis está comprobada, pero tampoco desechada.
“Hasta el momento no se sabe qué pasó, hay absoluto silencio”, dijo Murcia y repitió que “es algo inexplicable que Henry haya desaparecido de una vereda tan poblada (Trocha Ganadera) y nadie tenga razón, ni nadie sepa de su paradero”. Más, cuando en La Gabarra se sabe todo lo que pasa. Entonces, preguntó con desespero, “¿por qué no se sabe dónde está Henry?”.
Las noches se han convertido en un tormento y no puede conciliar el sueño. Las preguntas rondan por el cerebro y no la dejan dormir. “Hay un rompecabezas que no he podido armar”. Piensa en los posibles captores y no da con quién pueda ser el responsable, porque “siempre ha sido una persona colaboradora”.
En esas cavilaciones nocturnas cree que se lo llevaron por error y busca la justificación para que lo devuelvan al hogar. “Le pido al que lo tenga, al que haya cometido ese error, por equivocación, por algún momento de intolerancia, que por favor den razón” sobre dónde lo tienen y cómo está. Han trascurrido seis meses y en casa solo han vivido con desesperación e incertidumbre. En medio de un calvario “que solo uno que es el que sufre, el que ve, es el que sabe qué es lo que está pasando”.
No quiere acusar a alguien en especial, ni en grupo ni individual, aunque está segura de que “no podemos ocultar el sol con una mano. Todos sabemos y conocemos que en La Gabarra existen muchos grupos armados, legales e ilegales”. Y vuelve a las noches en las que piensa en lo mismo, “por qué nadie dice nada, por qué tanto silencio, cuál es el silencio, y para mí no hay respuesta”.
Otra pregunta recorre la cabeza de esta mujer desesperada, pero no desesperanzada, “¿qué hay detrás de todo esto?”. Y trata de consolarse con el recuerdo de los muchos desaparecidos que han encontrado y con las noticias que se han dado de otros tantos. “¿Por qué de Henry no?”. La pregunta queda en el aire, en el mutismo de quienes no han sabido decirle nada, en el silencio de las horas nocturnas que poco a poco la consume. “Por favor tengan piedad y misericordia, den la noticia que sea”.
Junto a Elibeth Murcia está Ana Lilia Carreño, tía de Richard Carreño Carrillo, desaparecido el 23 de septiembre de 2013. El hombre salió esa noche a trabajar, como de costumbre, en el taxi que conducía. No volvió a comunicarse con la familia. No tenía problemas o amenazas por algún motivo.
Al poco tiempo los familiares recibieron una llamada anónima en la que les exigían el pago de $ 50 millones para la liberación. Preocupados por la situación acudieron al Gaula para instaurar la consabida denuncia. No tenían plata, sino dos carros producto del trabajo de toda la vida.
Para reunir la suma pensaron en varias salidas. Una, vender el cupo de uno de los carros amarillos; otra, hipotecar la casa, y la tercera, hacer préstamos. La urgencia no daba espera. En las primeras comunicaciones que le permitieron tener con la casa, Richard clamó con angustia “papá, consiga la plata porque me van a matar”. Como respuesta obtenía palabras de aliento.
Los captores negociaron y recibían $ 20 millones adelantados y, luego, en cuotas se pondrían al día con los $ 30 millones restantes. Esa información la entregaron al Gaula, esperanzados en que darían con los captores. Pero están desilusionados y creen que eso solo ocurre en los libretos de las novelas y las películas, porque lo agentes “en la vida real no hacen nada”.
Se pusieron cita en el Canal Bogotá con calle 7, a las 7:00 de la noche. Ahí entregarían los $ 20 millones. El tipo que recogió la plata le prometió que en hora y media Richard estaría en casa. Después de tres años no ha llegado.
La búsqueda se mantiene y la solicitud de apoyo persiste. “Me duele que la policía se burle de uno”, dijo Ana Lilia a punto de desfallecer en la fe. No siente que haya tenido el respaldo necesario para devolver al sobrino al hogar.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
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Foto: www.contraluzcucuta.co
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