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Gramalote. ¿Cuándo entregan las casas?

MIRAFLORES – Gramalote.- Arriba, en lo alto de la montaña, bajo la sombra de dos pinos centenarios, los gramaloteros volvieron a expresar sus inquietudes por el futuro que los aguarda. No tienen otra preocupación mayor que saber cuándo recuperarán la casa que les arrebató la naturaleza, aquel 17 de diciembre de 2010.

Pocos hablan de la fecha aciaga, pocos quieren recordar esos momentos vividos, pocos desean volver al pasado. Todos, muestran en el rostro el anhelo de escuchar el día y la hora que ocuparán la nueva vivienda, construida lejos del lugar donde nacieron y crecieron, donde quedaron enterradas ilusiones y sueños.

Para llegar allá, a Miraflores, hay una larga travesía por un camino empinado, fangoso y enmontado. Siete kilómetros y medio separan a la vereda del otrora casco urbano, refugio de hombres y mujeres que ganaron reputación en el ámbito nortesantandereano por la pujanza, el valor y la manera de afrontar la vida.

Decir Gramalote era nombrar un municipio colombiano donde ‘se trancan las puertas de las casas con muertos’, ‘cortan el agua con machete’ y ‘tocan las campanas de la iglesia a tiros’. Esa fama de gente brava, bien ganada por cierto, es la que no quieren perder, así el pueblo esté en ruinas y sus hijos dispersos en la geografía regional.

Van a cumplirse tres años desde aquella madrugada en la que la tierra aulló, los despertó de sopetón y los hizo huir hacia donde pudieron. Atrás quedaron la casa, los animales y los enseres. Adelante los aguardaba el futuro incierto, amargo y lleno de tristezas.

Las historias que se contaron de boca en boca se borraron para dar paso a las vivencias que ahora narran con dolor, rabia y desesperación. De tener un terreno para vivir, pasaron a mendigar un espacio para pasar los días. De ser dueños de unas cuantas hectáreas para cultivar, pasaron a compartir pocos metros en albergues para protegerse. De contar con un lugar propio para levantar a los hijos, pasaron a arrimarse en colegios y escuelas para llorar junto a otros paisanos, también caídos en desgracia.

La condición de labriegos desapareció para dar paso al calificativo de damnificados. El orgulloso título de campesinos se esfumó entre el lastimero reconocimiento de afectados por el invierno. El azadón, la pica y la pala quedaron enterrados y germinaron la angustia, el desespero y la desesperanza.

‘Gramalote vive’, pero en el recuerdo. Los gramaloteros no quieren dejarlo morir. Las ruinas son el testigo que grita en silencio y clama, porque los seres humanos que las habitaron cuando estaban de pie tengan dónde vivir en paz, así no sea con las comodidades de antes.

Y para eso los hicieron subir la montaña y los reunieron bajo los pinos, con el verde de la naturaleza al frente. Ingenieros, arquitectos y profesionales encargados de devolverles el techo mostraron los planos del nuevo plano.
Enumeraron los barrios, contaron los monumentos y hablaron de las obras.

Inversión, $ 165.000 millones. Los recursos están asegurados, dijeron en el dialecto que conocen y manejan a la perfección. Trazaron calles, recorrieron el lugar, escucharon peticiones, pero no apuntaron las recomendaciones. En el papel, Gramalote se ve bien. “Será un pueblo bonito, atractivo y modelo para el país”. Lo dijo uno de los expertos llegados de cualquier parte de Colombia.

A pesar de esas y muchas otras palabras, los desesperados campesinos siguen incrédulos. “¿Cuándo entregan las casas?”. Es la pregunta que se hacen una, dos y cien veces en busca de una respuesta como aliciente para continuar la espera. Han trascurrido “tres años, y no tenemos sino un lote”, es la queja de un hombre y que resume el pensamiento de los gramaloteros.

En el  nuevo casco urbano los vecinos tendrán a sus antiguos vecinos. Así lo decidieron en las jornadas de construcción participativa para el diseño urbano.

Los barrios preservarán los nombres; la iglesia y la plaza principal quedarán en el centro del pueblo; los barrios tendrán vías y no senderos peatonales; la estatua de Laureano Gómez regresará a su pedestal, el samán seguirá como símbolo gramalotero; las vírgenes de Monguí, La Inmaculada, Lourdes y del Carmen mantendrán la protección; las fiestas patronales no se olvidarán; Secundino Jácome, el padre Gregorio Montes y Raymundo Ordóñez no perderán la condición de hijos ilustres, y el reloj lunar volverá a marcar las horas.

Miraflores, predio rural al que debe modificársele el esquema de planificación para que deje de ser rural y se convierta en urbano, dejará de llamarse así para darle paso a Gramalote. Entonces, habrá hospital, colegios, alcaldía, plaza de mercado, puesto de policía, polideportivo, convento, centro cultural, puesto de salud, estadio, cementerio, universidad, ludoteca-biblioteca, centro para los ancianos, megacolegio, cnetros recreativos y banco.

Los gramaloteros escucharon atentos. Unos, quedaron satisfechos y ruegan a Dios porque esto sea realidad pronto. Otros, permanecen escépticos, porque no les mencionaron la fecha exacta en la que llegarán las máquinas para comenzar las obras. “El pueblo va a ser vivo”, dijo otros de los expertos que del campo saben poco y que ni siquiera hicieron el recorrido a pie, montaña arriba. Prefirieron la comodidad de las lujosas y ambientadas camionetas antes que caminar por entre el lodo y la yerba mojada.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Fotos: MARCO SÚA

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Excelente crónica, como es su profesional costumbre … otras voces de la comunidad oídas en la presentación: religiosas reclamando les retornen el espacio ganado en años de servicios educativos, apoyadas por algunas de sus favorecidas; que el matadero no es barrio; que construyan helipuerto; protesta porque contrataron para resguardar los predios comprados una empresa de vigilancia que les negó cupos a los gramaloteros; qué va a pasar con los que eran inquilinos y no propietarios; etc

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