CÚCUTA.- Rodeado por árboles y vendedores ambulantes de mangos, minutos y mercancía de contrabando aparece el centro comercial Oití, en Cúcuta. En cada uno de los tres pisos y los 856 locales se vive una historia.
Mujeres de ojos oblicuos, cabello negro, faldas oscuras que les llegan hasta los tobillos, collares de perlas que rodean el cuello y bajas de estatura forman la primera impresión que se recibe al entrar por la calle 10. Estas vendedoras, pertenecientes a una etnia ecuatoriana pasan las horas junto a los maniquíes vestidos con ropa casual. Los hombres, en cambio, no llaman la atención. Llevan el cabello negro sobre los hombros, recogido con una trenza o cubierto con sombrero y visten prendas comunes, lejos de los atavíos que debería imponerles la raza indígena a la que pertenecen.
La entrada por la avenida 7 parece una sala de espera. Cuatro hileras de sillas plateadas, un televisor enfrente, un cajero automático y vitrinas con útiles para masajes, fajas, juguetes golpean la vista.
El ambiente del piso uno lo marca la ropa. Hay prendas informales, casuales y elegantes, y bolsos de cuero. Chaquetas, bufandas, guantes y pasamontañas, propios del clima frío, se ofrecen a pesar de los 32 grados constantes de la ciudad. Bernardino Sandoval es el único que vende calzado en la planta baja y les saca ventaja a los que esperan que los clientes suban las escaleras.
El lugar tiene permanente tránsito de gente. Unos entran, otros salen, algunos solo cortan camino, otros echan un vistazo a la mercancía y los demás forman parte del grupo de compradores, esperados por los dueños de los locales. La constante expresión “a la orden, a la orden”, que repiten jóvenes y adultos en procura de la venta del momento para ‘bajar bandera’, perturba los oídos en los pasillos. Diez minutos adentro son suficientes para sentir estrés y querer abandonar el lugar a prisa.
Las columnas están pintadas de rojo. Las rejas y los pasamanos de las escaleras son grises, tono que no despierta una sensación agradable. Las carpas y la identificación Galería Popular el Oití son verdes, para hacer homenaje al árbol del que se tomó el nombre. La Alcaldía decidió llamarlo así para hacer referencia directa a la planta que llena de sombra el centro de la ciudad.
Los hoy propietarios de locales ejercieron durante muchos años el oficio de vendedores ambulantes dentro de las casetas metálicas que generaban incomodidad e inseguridad a los transeúntes. La ocupación ilegal del espacio público por parte de los comerciantes estacionarios terminó, en 1994, en la administración de Pauselino Camargo. El exsacerdote, como Alcalde, dispuso recursos del municipio para demoler la antigua sede de la Aduana y construir el centro comercial para darles albergue a los informales.
“A la orden mi amor, qué tallita buscaba”, son las palabras de bienvenida al segundo piso. Hay 310 locales y una pequeña cafetería. Luis Sierra es el único entre los 856 locales que presta el servicio técnico para cámaras fotográficas. La entrada al baño cuesta $400. En el primero y tercero, satisfacer una de las necesidades fisiológicas, vale $100 más.
Los zapatos son de todos los colores, formas, tamaños y precios. Si abajo no encontró la camisa adecuada o la ropa para el niño, aquí tiene la segunda opción.
Lo primero que se ve al llegar al último piso es el viejo televisor que permanece apagado. En seguida, la oficina donde atiende Emma Liliana González, de ojos cafés, delgada y más alta que cualquiera de los maniquís que hay en el Oití. Es la tercera mujer y la novena administradora del centro comercial en 18 años.
La tranquilidad la interrumpen ocho máquinas de coser, en las que trabajan mujeres de entre 30 y 40 años. El ruido es seco y constante. La mayor parte de los 318 locales es utilizada como bodega. Los 1,70 metros por 1,50 metros de cada cubículo no son suficientes para guardar la mercancía de las plantas bajas. Lo que hace particular a este piso es el pequeño salón de belleza, atendido por el género que predomina en el lugar, el femenino. La cafetería está junto a los baños.
Afuera, en la calle, donde por años estos ciento de hombres y mujeres vivieron a la intemperie, se desconocen las historias que se tejen a diario adentro, por el trajinar de los ahora propietarios de locales que atendieron el llamado oficial para invertir. Elda Parada salió hace 7 años de Ecuador y en el Oití encontró la manera de ganarse el sustento familiar.
YULEICY KARIME DURAN TELLEZ
Contraluz.CO Sólo Periodismo
Buenas tardes, en nombre del centro comercial oiti en general damos nuestros mas profundos saludos de tristeza al tener que leer este tipo de articulos tan carentes de objetividad, etica, valores y buen periodismo.
No se puede degradar una entidad o gremio a las ideas de una mente tan vacia, en lugar de prevalecer y exaltar la trayectoria y las buenas cosas que se pueden reflejar para la ciudad en general; somos un gremio de comerciantes que han luchado año a año contra diferentes adversidades para poder seguir en el mercado durante 17 años y que un tercero a traves de su carencia de profesionalismo haga este tipo de articulos, no es justo; en lugar de resaltar las cosas buenas y los buenos productos que ofrecemos para clientes como usted.