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!Espere… que estoy llorando¡

El acostumbrado pito de los buses intermunicipales que anuncian la llegada a cada pueblo  no se oye en lo que queda del parque de Gramalote. La antigua entada al pueblo se la traga la maleza, la plaza principal lucha contra la intención que tiene la tierra de tragárselo, de las 50 palmas que rodean el parque 6 perdieron la batalla, 40 se resisten y 4 dan esperanza, resurgieron de entre el tronco muerto; hoy, están espléndidas, verdes y frondosas.

El emblema de la fortaleza de los gramaloteros se divisa en la cúpula de la iglesia que se resiste a caer, aunque buena parte del resto de la iglesia  parece que se cayó. La cúpula, en la parte posterior, deja ver una grieta que cada día es más grande, como si la tristeza de los gramaloteros se convirtiera en una puñalada que quiere acabarla de tajo. Pero el anhelo de salir adelante es más fuerte que hasta en contra de la naturaleza, así lo dejan ver las 24 familias que resisten en su terruño, y lo reafirman las 6 que están refaccionando sus viviendas en las dos cuadras a que se redujo Gramalote.

julio César Gutiérrez, es un gramalotero de casi 60 años, en su físico se refleja un hombre de 40, es obrero de construcción, siempre lo fue, es de talla media, pero fornido, quizá por su condición campesina, quizá por su trabajo, es parco, sereno, nada efusivo, cuenta cómo prefirió desarraigarse de su familia radicada en Cúcuta desde diciembre del 2010 cuando el mandato divino fue la destrucción total del pueblo. Su hija dejó de ser la campesina que vendía abarrotes en la casa a   turistas y propios frente al parque. El sentimiento por un hombre de la ciudad la llevó a perder los estribos, a tener una niña y a quedar en la gran lista de madres solteras que tiene el mundo. luego de 18 meses de soportar necesidades y de ver cómo se desmoronaba su familia, Julio César decidió volver a lo que quedaba de Gramalote con dos intensiones claras, reconstruir su casa o lograr un albergue. “Siento que es la única manera de salvar lo que queda de mi familia. Estoy luchando sobreviviendo acá con lo poco que queda para eso, para reconstruir mi casa y mi familia”.

De repente, ese hombre tosco se derrumba con el recuerdo de la familia, bufa como un toro en plena lidia. Las lágrimas no se contienen y caen como las gotas que salen del las paredes y del techo debido a la humedad que está a punto de tumbar la casa donde vive, casa que usó el último Alcalde del pueblo.

La habitación de Julio César se reduce a una colchoneta de espuma tendida en el suelo, un taburete, un cuadro del Sagrado Rosto, junto a la pared de la que menos brota agua, un cuadro de la Virgen María, otro del Divino Niño y una foto de la familia frente a lo que era la iglesia del pueblo. Sin contener las lágrimas sigue narrando su historia. Desde la calle una voz fuerte grita su nombre con insistencia. Julio César, como si estuviera dotado de visión biónica, reconoce la voz y lo identifica con voz alta. “!José,
espere, que estoy llorando¡”. José detuvo el ingreso a las ruinas que Julio tiene por hogar. Mientras tanto, Julio voltea la cara intentando esconder el llanto desconsolado, prende un cigarrillo, le da una boconada y respira profundo. El llanto impide el paso de la voz. Julio solo atina sentarse en el taburete y con más miedo que con resignación dice “a nosotros los que realmente no tenemos nada, no nos importa donde hagan Gramalote. Solo queremos que lo hagan”. Mira el techo goteando, se rasca un codo, da otra fumada, se levanta, fuma otra vez y dice !”esto apenas comienza”¡.

Las 24 familias que resisten en Gramalote implementaron nuevamente el trueque como moneda, de las veredas y pueblos adyacentes traen queso, leche, algunas hortalizas. A cambio, entregan carne, pues los mataderos se están reactivando. La situación no es fácil, no tienen centro médico, tampoco ambulancia. Si ocurre una emergencia, la ambulancia de Santiago o Carmen de Nazaret son las más cercanas. En este 2012, los gramaloteros quieren tener una Navidad como la de hace tres años, pues en una capilla improvisada elaboraron el pesebre que armaban en la iglesia. El párroco está dispuesto a oficiar la misa en el casco urbano, a las 4:30 de la mañana y a las 5:00 en el albergue La Palestina, donde está la mayoría de los gramaloteros. Las fiestas de los locos y la de reyes están mas que listas, solo queda que los coterráneos viajen para las festividades, oren entre todos por todos y algún día estar juntos otra vez.

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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