CÚCUTA.- “Los espacios públicos deportivos y para la recreación de la comunidad de Sevilla, vuelven a cumplir su función”. Así anunció el alcalde César Rojas la recuperación de los espacios ocupados por migrantes venezolanos. La ocupación ilegal se produjo poco a poco como consecuencia de la crisis social, política y económica que vive Venezuela.
En camiones, resguardados por agentes de la Policía y con el acompañamiento de funcionarios de la Alcaldía de Cúcuta, adscritos a las secretarías de Gobierno, Seguridad Ciudadana y Gestión del Riesgo, salieron los 610 hombres y mujeres. Inicialmente, se verificó la legalidad de la estadía en la ciudad.
El operativo inició en la madrugada del 24 de enero. El resultado fue la salida de los inmigrantes. Además, las autoridades civiles y uniformadas hallaron un herid con arma de fuego. Un niño que no tenía quién respondiera por él, quedó bajo la protección del ICBF.
Veintisiete de los ocupantes de la cancha tenían pasaporte y buscaban hacer tránsito hacia la frontera con Ecuador, en el puente Rumichaca. A ellos se los alojará en un hotel de la ciudad y con Cancillería se buscará el traslado al sur del país. Otros 127, a quienes también se les prestó ayuda, buscarán su destino en otras partes del continente.
“En Cúcuta, solo existía este escenario deportivo tomado por los hermanos venezolanos. No hay otro que esté tomado para dormitorio”, dijo Rojas Ayala.
El desalojo pacífico fue producto de la concertación con los migrantes, luego de hacerles entender que este no era un espacio para vivir y que como seres humanos necesitaban de un lugar digno para dormir. Según denuncias, en el sitio se formaron grupos que cobraban cuota por el ingreso para pasar la noche.
Habitantes del barrio Sevilla, el lunes, cerraron el paso a los vehículos en la avenida Camilo Daza como medio de protesta por la situación que se vivía en el coliseo. Luego de varias horas, los manifestantes permitieron que retornara la calma. Uno de los detonantes para iniciar el operativo de desalojo fue ese movimiento popular.
Ahora, la comunidad vecina respira tranquila, sin la incertidumbre que en los lugares de recreación se propicie la venta de droga y se fomente el refugio de atracadores.
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