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Emigrar, desaparecer para renacer

A las 11:15 de la mañana, el avión tocó la pista del aeropuerto Camilo Daza. El sol brillaba con intensidad en Cúcuta. Viernes 17 de diciembre de 2010, día marcado en el calendario para volver, porque el dolor no ha acabado con  la utopía. Alix Sofía Rangel, docente particular, hacía un año y cuatro meses esperaba ver de nuevo a Javier,  su hijo. Fue la primera en abrazarlo y darle la bienvenida a su tierra natal, luego del exilio.

Javier Eduardo García Rangel, periodista, desde joven manifestó interés por la problemática social, sufrió el horror del secuestro durante 56 días. El 18 de septiembre de 2008, fue abordado y retenido por miembros del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional. Cumplía un trabajo profesional en el corregimiento El Aserrío, zona de El Catatumbo, para la revista Don Petro, de la petrolera estatal Ecopetrol. De esa forma se convirtió en uno más de los 240 hombres y mujeres que el Eln tenía en poder en aquella época.

 Un guerrillero, que portaba una granada, se le acercó y le preguntó— ¿usted es periodista?—. Javier no titubeó para contestar—sí, yo soy periodista—. El insurgente le pidió que lo acompañara, porque quieren hablar con él.

Después de varias horas de camino en Jeep, mula y a pie, Javier es informado por un comandante  que el móvil de la retención es un mecanismo de presión para que se construya el puente San Juancito-El Aserrío (Teorama); además de la dotación de los puestos de salud de la zona de El Catatumbo y del arreglo de algunas vías del sector.

Aunque tuvo un trato digno por parte de los captores su vida siempre estuvo en peligro. La incertidumbre sobre las intenciones del Eln y los constantes operativos del Ejército para rescatarlo hicieron que las balas, muchas veces, zumbaran sus oídos. Esa era la tortura del secuestro. —Las balas no preguntan— dijo.

El 12 de noviembre, fue liberado en Pelaya (Cesar) como gesto de buena voluntad. Así lo expresó el grupo insurgente en un comunicado. Javier fue entregado a una comisión humanitaria encabezada por monseñor Camilo Castrellón, Obispo de Tibú en su momento.  Cansado, después de 8 días de camino, la felicidad lo embarga al ver a Alix y a aquellos que iniciaron una movilización en distintas zonas de Colombia y el mundo para pedir su liberación.

A principios del 2009, Javier gozaba de la libertad y retomaba la cotidianidad. Participaba en programas de activismo social y ofrecía conferencias en distintas partes del país. En ese momento su vida, de nuevo, se alteró al recibir amenazas contra su integridad. Se refugió en Bogotá, donde buscó ayuda del Estado. Las intimidaciones continúan y no consiguió la protección necesaria para escapar de los agresores. El Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la Fiscalía General de la Nación investigan de dónde provenían las amenazas.

La Fundación para la libertad de Prensa (FLIP) lo remitió al Programa de Salida Temporal de Colombianos, de la Pastoral Social de Colombia. El riesgo era inminente y ante esa situación se vio forzado a emigrar. El 26 de agosto del 2009, partió hacia el Cono Sur con la aflicción de abandonar a los seres queridos y a su patria. Con la maleta cargada de sueños truncados, pero con la firme decisión de luchar por las metas trazadas, así fuera en una nación ajena a la suya, llegó una fría mañana de invierno a Buenos Aires (Argentina).

Así como les ha sucedido a más de 389.000 colombianos obligados a marcharse al exilio para proteger su integridad, Javier, durante las siete horas de viaje, pensaba en el retorno, porque radicarse lejos de casa nunca fue una opción de vida.

En la emigración es común que haya una etapa de duelo, que se enmarca en tener que dejar atrás lo conocido para entrar a un nuevo mundo. Entendió que para hacer de este cambio una mejor experiencia, era importante no aislarse, hablar de sus sentimientos y vivencias con otras personas, hacer nuevos amigos y aprovechar las oportunidades. Como lo hizo cuando lo invitaron en Villaguay al programa televisivo local ‘Planeta de Sueños’ para brindar una charla sobre su historia de vida y del país.

Decidió estudiar y prepararse para contribuir al país. Mientras adelantaba una especialización en comunicación radiofónica en la Universidad Nacional de la Plata, la soledad se convirtió en compañera infalible de aquellos días y noches en los que recuerdos, sinsabores y extrañezas recorrían por la mente.

El internet se convirtió en espacio de aprendizaje, entretenimiento y contacto permanente con la familia. Así cómo conoció la noticia de la muerte de su abuelo – El perder un ser querido en el exilio es aún más doloroso—comentó Javier. Su interés por los temas de Norte de Santander no disminuyó; al contrario, en revistas y periódicos digitales publicó opiniones e ideas.

El grado de fortaleza de Javier y la flexibilidad para aguantar las adversidades  le permitieron permear el nuevo entorno social y cultural. Argentina tiene unas costumbres más parcas y bohemias en comparación con las colombianas. La gastronomía se caracteriza por  tener una dieta hiperproteínica en la que destacan los platos basados en carnes rojas. La cena es la comida principal. En diciembre no se celebra el Día de las Velitas y mucho menos misas de aguinaldos.  Los bares y las discotecas abren a las 2:00 de la mañana. En invierno los días son cortos y fríos, y en verano son calurosos y largos, pues  el sol empieza a ocultarse después de las 8:30 de la noche. Javier se adaptó fácilmente, sin dejar a un lado las costumbres y las tradiciones. Celebró las fiestas decembrinas, el cumpleaños, izó la bandera los días patrios y en el centenario de Norte de Santander publicó en la web una carta al Gobernador expresándole un saludo fraternal y los nuevos retos de la región  por la efeméride.

El emigrar le sirvió para autoevaluarse, redefinir lineamientos políticos y personales, saber quién es y reinventarse como persona. Fue redescubrir a alguien que ama al país y que está en desacuerdo con cualquier cuestión que vaya en contra de la libertad de expresión. El resultado es Rapsodia en El Catatumbo, libro de cuentos de la realidad de Colombia aún sin publicar.

La historia de Javier es aleccionadora. En sus relatos el hilo conductor no es como el de otros emigrantes, en donde la descripción del sufrimiento es el eje central, sino la reafirmación de la dignidad humana, que aunque fue sometido a denigrantes pruebas logró salir avante con el íntimo orgullo de que no pudieron doblegarlo. Javier, aún hoy, lucha por sus ideales y proyectos.

A finales de noviembre de 2010, culminó el posgrado. Pocos días después, lo informaron de que las condiciones de seguridad han cambiado y que en consecuencia puede regresar. Decidió retornar a Colombia— Era tiempo de volver a casa—dijo con emoción.

En el aeropuerto internacional de Ezeiza, próximo a viajar, pensó en lo diferente que es este viaje. No llegará a un país extraño, sino a casa. De repente, le vino a la mente que “Después de tanto tiempo y tanta tempestad seguimos para siempre este camino…  los buenos y los malos tiempos hacen parte de la realidad”, canción que escuchó en una tarde de bohemia en la voz del cantautor cubano Gerardo Alfonso.

Las fuertes brisas hacen que los pasajeros sientan la turbulencia, las luces que indican abrochar los cinturones se encienden. Javier está tranquilo, es como si estuviera esperando esa sensación. El tren de aterrizaje toca la pista – Señores pasajeros, bienvenidos a San José de Cúcuta. Gracias por viajar con nosotros—dijo el capitán.

 Al llegar comienza un nuevo reto.  El que regresa no es la misma persona que un día emigró, si bien ha cambiado, en el país los problemas son los mismos en política, economía y educación, entre otros. En la actualidad su vocación de servicio como líder de la ciudad lo lleva a promover, mediante la docencia universitaria,  la sensibilización humana y  la participación activa en los procesos democráticos formando jóvenes con alto compromiso social que aporten al desarrollo de Cúcuta y la nación— Que mi experiencia sirva para educar personas, es la mejor de todas las aventuras que he vivido hasta el momento… Sencillamente, es algo  extraordinario—concluyó.

ANDREA PINTO

Estudiante de sexto semestre

de Comunicación Social

Unipamplona- campus Villa del Rosario

 

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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