SAN ANTONIO DEL TÁCHIRA – Venezuela.- Amanece. Los venezolanos se levantan con la esperanza de que todo pueda ser diferente en el país. No dejan de soñar en la Venezuela que un día era habitable para muchos, y de la que hoy no queda nada. Bienvenidos a San Antonio del Táchira.
Rara vez los sanantonienses no tienen que enfrentarse a interminables filas para adquirir un producto de la canasta familiar. “Realidad que me entristece”, dijo Lucía Herrera, quien lleva varios años radicada en este municipio fronterizo con Colombia. Es colombiana como muchos habitantes de esta zona que llegaron a Venezuela en busca de mejor vida para la familia.
Que llegue la hora del almuerzo y en cualquier momento tengan que dejarlo a medias, porque alguien grita hay papel, Colgate y detergente en el supermercado es un hábito adquirido en los últimos meses. No solo tienen que hacer las interminables colas, sino también contar con suerte para que no se acabe el producto antes de la llegada al negocio. Y solo pueden adquirir de a uno por persona.
Rubiela, nativa de esta región, dijo que “salí un día a comprar desodorantes, cuando voy a pagar me dicen solo puede llevar uno. Le respondo ‘¿mi marido no tiene derecho a echarse desodorante?’. El comerciante dijo, ‘pues decida, usted o su marido’”. Nada sorprendente para muchos que no logran entender qué ha ocurrido con el país que los vio nacer y crecer.
Caminar por las calles de San Antonio es desolador para los tachirenses. Sueñan con llegar a los supermercados y encontrar lo que se necesita al menos para hacer un almuerzo básico, como el arroz. No los repletos de vanish, plásticos y detergentes para limpiar el piso, que siempre terminan como adornos de los espacios del autoservicio.
Ahora los nacidos en San Antonio tienen que llevar, para hacer las compras, la documentación venezolana y la partida de nacimiento de los hijos para adquirir leche, pañales, aceite, harina y arroz. Eso si logran conseguirlos a precios regulados por el Estado.
Se ha vuelto costumbre que vayan al supermercado y terminen en la casa con aquello que no fueron a buscar. A esto y a mucho más tienen que enfrentarse los residentes en la zona fronteriza, cada vez menos habitable. El salario mínimo no alcanza ni para un mercado semanal. El tiempo es corto para conseguir champú, jabón íntimo, jabón de baño y papel higiénico. Esto desapareció en San Antonio. Solo se ven por televisión.
Saber que solo al pasar el puente internacional Simón Bolívar se encuentran en abundancia y que se tienen que compran por el doble o el triple del precio normal, es una decepción. Se conforman con ver que los productos son sacados del país a pesar de que les urge tenerlos.
Saúl dijo que “no es tanto que se lleven los productos, sino que todo queda en extinción. No se vuelven a ver. Lo que se logra conseguir es difícil de adquirir, el precio es elevado en comparación con el salario que ganamos”.
Llega la noche. Cierran los ojos para ver más que cuando los tienen abiertos. No cabe duda de que el cambio de vida que les ocasiona la escasez es difícil. Raro sería que llegaran a supermercados, tiendas y abastos, y encontraran lo que necesitan para suplir las necesidades básicas. No siendo más, bienvenidos a San Antonio…
TANIA MARCELA ANGULO
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Contraluz.CO Sólo Periodismo