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CRÓNICA. Una mirada más allá de las palomas

CÚCUTA.- El vaivén de los árboles de mango al son del viento, el bullicio de la ciudad y el inclemente sol de las 2:00 de la tarde, parecen alborotar, además de las palomas del parque Santander, las asperezas entre los vendedores.  Una mujer madura, de contextura gruesa, luce camisa de flores y falda vino tinto, semejante a una obra de arte  del colombiano Fernando Botero. Se enfrenta con fuertes palabras a un joven delgado, que firmemente decía ser un caballero y no respondería a sus ofensas, cual Don Quijote de la Mancha. El motivo del disgusto, la territorialidad.

Cada espacio del parque parece tener dueño y Don Quijote había cruzado la frontera. Los gritos de la mujer cautivaron la atención de varios transeúntes, momento propicio para la publicidad de fotógrafos, paleteros y vendedores de tinto y perico.  “¿Desea la fotico del recuerdo? Baratica”. “Le tengo el vasito de helado a mil, pa’ que le compre al niño”. “Tinto, perico, café con leche, chocolate, pancito”.

A la media hora de disipada la gente, se asoma a lo lejos otra mujer, es delgada, el cabello recogida en una trenza, camisa a cuadros y bluyín. Entre las manos lleva una bolsa de maíz que arroja al aire para alimentar a las aves. En cuestión de segundos las palomas se acercan y pelean por el alimento.

Los ciudadanos que transitan por la plaza céntrica de Cúcuta detienen el camino para observar tan cómico cuadro, interrumpido por un hombre con acento venezolano que incita a la gente a acercarse a observar un acto nunca antes visto. Descarga la mochila en el suelo. Lo acompañan una mujer de cabello rubio y dos hombres. Da inicio a la presentación.

“Observen caballeros y queridas damas, algo nunca antes visto. Haré elevar sin ningún tipo de cuerdas este aro”, gritó el hombre que dijo ser hijo de gitana y de un chamán de Venezuela. El público se atiborró y en los rostros se reflejaban las  ansias por conocer la sorpresa.

Sin decir más, el venezolano se sentó debajo de la estatua del general Santander con mirada decepcionante. ¿Por qué? Alegaba no poder concentrase, porque en pleno espectáculo uno de los tantos fotógrafos del parque  le increpó que si buscaba empleo pusiera a la mujer a trabajar como prostituta. Esto  generó ira y a voces decía que el que se lo había dicho, se lo repitiera en la cara.

Cada individuo volvió a la rutina y murmuraba que solo era un engaño. El sujeto y los tres acompañantes se trasladaron a la parte baja del parque. Se sentaron en una banca. Pasó una hora. En el trascurso del tiempo surgieron arengas, malas caras y al final la decisión de volver a reunir la gente para un nuevo espectáculo.

De pie, el hombre moreno, de sudadera azul y camiseta de rayas verdes y blancas, invitó a los transeúntes a ver un suceso que les llamaría la atención. La acompañante procedió a vendarse los ojos con una balaca azul. Él señalaba gente y pedía que ella describiera.  Pasados escasos minutos, quiso hacer más complejo el acto. Pidió documentos de identidad para que la mujer adivinara la fecha de nacimiento. A varios curiosos los sorprendió, porque acertó. El paso siguiente fue solicitar objetos personales para rezarlos y brindarles prosperidad a los dueños.

La gente, entre dudosa, participó. Solo unos pocos tiraron a la mochila tendida en el suelo una pulsera de goma, un billete de dos mil pesos, un anillo y un bolívar. El ánimo del chamán cambió y se tornó brusco con el público. Alegó que no tenían fe y que no pretendía robar a nadie, solo quería ayudar a la gente.

Gritó que  levantaran la mano los que desearan una consulta con la mujer, gratis. Pocos hicieron caso. El hombre entró en rabia, gritó por qué no han alzado la mano y nadie parecía responder. Miró fijo a una joven que estaba alejada del tumulto de la gente y le pregunto ¿Por qué no alzó la mano, acaso no tiene fe o no tiene dinero?

La chica intimidada respondió, “sí tengo fe y si tengo dinero, pero no creo en ese tipo de rituales”. El hombre  le arrojó una maldición, “jamás triunfarás. Todos tus proyectos no se darán, porque usted maltrata a su mamá”. Los curiosos miraron sorprendidos a la joven que, blanca como un papel, asentaba con la cabeza que era mentira y se alejó del lugar.

Los arreboles marcaban el fin de la jornada. El venezolano, la mujer y los dos cómplices se llevaron a cuatro individuos lejos del parque. Más tarde, regresaron dos con el semblante encolerizado. Aseguraban que los acompañantes del hombre los habían robado billeteras, reloj y bisutería que portaban. La tarde se despidió, para dar paso a la incierta noche cucuteña.

ANGÉLICA DAYANA PEREIRA

Estudiante de Comunicación Social

Universidad de Pamplona

Campus de Villa del Rosario

 

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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Un comentario

  1. Fernando Cañas Camargo

    Excelente descripción de lo que acontece en ese tumulto de mundo en el que nos desenvolvemos, sin saber que algunos vivos desafían la ingenuidad de la humanidad, pero que insistentes ante la intolerancia del tiempo y la miseria los arroja al universo de los falsos magos que merodean la pobreza de nuestros semejantes.

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