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CRÓNICA. Monumentos ambulantes

En las carreteras de Colombia, por donde se movilizan diariamente carros, motos y autobuses, el turista, propio o extraño, tiene la fortuna de contemplar cientos de situaciones. La inmensa naturaleza que se levanta, la grandeza de las montañas y la variedad del ecosistema son  retratadas de diferentes maneras para agrado del recuerdo a la visita.

Los habitantes de esta tierra pasan del calor parecido al infierno, a la lluvia incesante. De la planicie extrema al paramo arrollador y que congela los huesos. Los calores sofocantes hacen que se bote fuego, se pierda la cosecha y sequen los ríos. Las interminables cumbres traen minerales y buen abono para cultivar. Pero el exceso de lluvias causa bloqueos y desastres naturales.

Hay una rica fauna. Algunos animales se esconden entre la maleza para muestras de sorpresa y asombro por sus exóticos colores y figuras. Otras razas inmensas, socios entrañables, que aportan al trabajo y a la vida cotidiana del hombre.

En estos caminos hay de todo para observar. Desde costumbres y tradiciones, hasta olores y sabores. En unos lugares se respira aire puro, en otros, la dominante contaminación hace de las suyas.

Uno de los casos curiosos que se puede admirar es la fe intacta del colombiano, representada en los monumentos ambulantes que se erigen al pie de las carreteras. Son pequeñas cúpulas en honor a los que han fallecido en accidentes de tránsito.

La mayoría de estas muertes se deben a conductores ebrios, imprudencia al volante, daños mecánicos o irrespeto por las reglas de Tránsito. El ingenio de los familiares o amigos hacen contemplar altares en forma de automóviles, iglesias o capillas asentadas entre el monte y el asfalto.

Sea cual sea la situación y la condición del percance, se pueden encontrar imágenes de santos, piezas religiosas y escritos en memoria de los difuntos. Este homenaje pos mortem es respetado por la modernidad, los cambios en infraestructura y se conservan por décadas de antigüedad.

Así, que cuando recorra la ‘Tierra del olvido’ y vea esos pequeños cumplidos, échese la cruz o pida por el alma que allí pereció y que los seres queridos quisieron recordarle por siempre.

EDWIN GÉLVEZ

edwinlgelvez@hotmail.com

Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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