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El ciclismo no le dejó dinero, pero está satisfecho con el cariño, el afecto y los aplausos heredados de la afición. No le quitó nada. Antes lo contrario, lo que ahora es se lo debe a esta disciplina. / Fotos: contraluzcucuta

CONVERSACIONES DE ENTRE CASA. Vea, nunca me he salido de los zapatos: Javier Suárez

LA CEJA – Antioquia.- El tiempo se encarga de volver humanos a los ídolos de la infancia. Esas figuras inalcanzables, de repente, aparecen ante los ojos del otrora niño que admiraba las hazañas del personaje. Esa especie de héroe, sin antifaz ni capa, estaba ahí, vestido de traje gris. Los años se devolvieron al abrir y cerrar los ojos, así de rápido.

Decir Javier Suárez, quizás, no cause admiración ni curiosidad. Es otro mortal que se prepara para asistir al matrimonio de la unigénita. Por eso lleva un clavel en la solapa. Decir Ñato Suárez cambia el semblante del sorprendido veterano que creció mientras escuchaba de sus hazañas individuales trepado en un corcel más de hierro que de acero.

  • Todavía no me he bajado del caballito. Sigo montando, sigo pedaleando. Cuando dejé de participar en las carreras me dediqué a trabajar y a estudiar.

Nacido en Donmatías (Antioquia – 3 de septiembre de 1943), hizo parte de la pléyade de ciclistas colombianos que recorrieron las carreteras, escalaron las montañas, descubrieron pueblitos, esparcieron alegría, inundaron de gloria al deporte y sembraron las semillas de esta disciplina. Todo ocurrió en la década de 1960. El currículo dice que ganó la Vuelta a Colombia en 1965 y el Clásico RCN en 1965 y 1966.

Ahora, rememora esos momentos de júbilo. Próximo a cumplir 81 años, repasa con claridad diáfana los pedalazos que lo convirtieron en campeón, que lo encumbraron y que lo mantienen vivo en la mente de los aficionados. Los nortesantandereanos lo vieron por última vez en carretera, por allá en 1990. La etapa despegó en Medellín, pasó por Bucaramanga y llegó a Cúcuta.

  • La última competencia que corrí en Norte de Santander fue la Vuelta a Colombia que salió de San Cristóbal, en 1965.

El ciclismo no le dejó dinero, pero está satisfecho con el cariño, el afecto y los aplausos heredados de la afición. No le quitó nada. Antes lo contrario, lo que ahora es se lo debe a esta disciplina. Y viene el uno de los ciclistas nacionales, década por década.

Primero, aclara, con cara seria, que el ciclismo fue bueno de 1950 a 1990, con estrellas y grandes corredores. Del 90 para acá, ha habido excelentes pedalistas, pero no tan grandes como los enmarcados en aquellos 40años.

En los 50, Efraín Forero y Ramón Hoyos. En los 60, Cochise y Ñato Suárez. En los 70, Rafael Antonio Niño. En los 80, Lucho Herrera y Fabio Parra.

  • De ahí en adelante el deporte tiene conformismo. Hoy, la gente solo se preocupa por el dinero. A mí no me convencen. Hemos perdido a los grandes escaladores.

Egan Bernal ganó el Tour y el Giro. Javier Suárez, sin demeritar esos triunfos, señaló que no les ganó a los protagonistas del pasado. Hoy, tiene claro que al ciclista de esta era le faltan agallas y más ganas para competir y ganar.

Si la vida la comparara con una carrera, considera que está preparado para partir a la etapa final y descansar. Por eso, en estos días disfruta con lo que la gente le ha dado y con lo hecho en 966 meses.

  • El mejor premio de montaña coronado en la vida es el haber llegado a Suramericana de Seguros y llegarle al público, porque a estas alturas, después de 50 años sin competir, que se acuerden de uno eso es muy lindo.

Entre los recuerdos importantes está el haberle ganado a Martín Emilio Rodríguez y a los demás corredores de la época. A Cochise no lo veía como enemigo, sino como al amigo que debía vencer. Solo los separaban los patrocinadores. Por eso no cree que hubiera sido la sombra del campeón mundial de la hora.

En este momento, sentado ahí en una banca de madera, Javier Suárez, o El Ñato, es un hombre normal que se siente emocionado y agradecido con quienes lo recuerdan.

  • Vea, Javier Suárez, nunca se ha salido de los zapatos. Siempre he permanecido humilde, agradecido y trabajador. Eso me lo enseñó la vida. Es que no tengo porqué salirme de mi camino cuando la gente me está ovacionando.

Día de por medio sale a montar en la última bicicleta que compró en algún momento. Hace un promedio de 50 kilómetros, no con la vitalidad de los años mozos, sino con la parsimonia del hombre que ahora no compite, sino que se entretiene y pedalea cuando los carros, los motociclistas y la inseguridad lo dejan.

¿Qué le hubiera gustado ganar como deportista?

  • Fui una persona normal dentro del deporte. Decir que fui ambicioso o codicioso por los triunfos o por el dinero, no. He tenido bien los pies sobre la tierra.

¿En qué parte de Colombia se sintió mejor en competencia?

  • Para mí la gente de la época es maravillosa. La gente del campo, de las veredas, de las ciudades, sacaban tiempo para trasladarse de un lugar a otro y se quedaban parados en la vía para ver pasar a un ciclista.

¿Cómo le ha retribuido al país por lo que le dio como ciclista?

  • En el país o el departamento al que pertenecemos, los deportistas hemos pasado inadvertidos. Pero el público es lo más grande. De nadie he esperado nada.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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