La homofobia, como cualquier otra expresión de rechazo a las actividades antinaturales, se convierte en ocasiones en animadversión y odio irracional. Aquellas personas que no admiten identidad sexual diferente a la heterosexual ven en los individuos homosexuales una imagen degradada de esos instintos naturales. Instintos sexuales que desde la perspectiva moral heterosexual brindan al ser humano uno de los mayores placeres, al mismo tiempo que cumple la función de preservar la especie.
Los homofóbicos expresan total enojo, rechazo a esta conducta, que aunque antinatural ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Desde los tiempos antes de Cristo la homosexualidad era notable, grandes hombres manifestaron esta inclinación. Guerreros, pensadores y artistas no la ocultaron. Sócrates unió la pasión con la poesía y la filosofía; Safa, poetisa de la edad media, marcó el inicio del lesbianismo; el gran genio militar Alejandro Magno, al mismo tiempo que demostraba su valor en la guerra sucumbía ante la pasión por jóvenes; los genios del arte Leonardo da Vinci y Miguel Ángel se inclinaron ante sus instintos homo.
Hoy, esa expresión se hace más visible y la sociedad la acepta. Aunque muchos no la compartan. En Colombia se está dando la controversia por la aprobación, en primer debate en la Comisión I del Senado, de la unión civil de homosexuales. En este camino, el país se pone a la vanguardia en Latinoamérica. El año pasado, se radicó el proyecto de ley para crear el pacto de unión civil que vaya a igualar o a regularizar las relaciones patrimoniales, alimenticias, de socorro y de seguridad social entre parejas heterosexuales como homosexuales.
A partir de allí, en el país han escuchado varios sectores a favor o en contra. La Procuraduría Nacional pidió la nulidad a la sentencia de la Corte que establece que a partir del 20 de junio del 2013 los homosexuales puedan casarse y que establece que es el Senado el que debe legislar. Según los detractores de esta determinación, la Corte se ha extralimitado en las funciones y ha sustituido la Constitución al cambiar la posición tradicional de la jurisprudencia señalando que la familia está en constante “evolución” y tiene “carácter maleable”.
Los opositores refuerzan esta posición teniendo en cuenta el artículo 113 del Código Civil, que establece la figura del matrimonio como la “unión entre hombre y mujer”. Sin embargo, la población homosexual colombiana ha tenido varias batallas legales ganadas como el derecho a afiliar a la pareja al régimen contributivo de salud, régimen especial de salud y el derecho a pensión de sobreviviente. Con este primer paso de aprobación, en el Senado, el 4 de diciembre, con 10 votos a favor, la mayoría de la bancada liberal, el partido de la U, el Polo y el Partido Verde, contra 5, especialmente de los conservadores, se pretende establecer una mayor democracia en temas espinosos y susceptibles para la población.
El respeto a la diferencia, es el bastón de liderazgo en esta lucha. Restan cuatro debates para ver si Colombia se pone a la par con la mayoría de países de la Unión Europea que han aprobado la unión civil. En Latinoamérica, Brasil, Argentina, Uruguay y Ciudad de México han adoptado este camino.
Un sendero que para el senador Roberto Gerlein, férreo opositor de este proyecto, marca el inicio de mayor degradación humana cuando por esta vía se abre paso otra lucha para las parejas homo: la adopción. Y este tema de extrema delicadeza sí dará polémica. La posición de Gerlein, con palabras duras, escuetas y gráficas, causó revuelo en la comunidad gay. Llama la atención la perspectiva bajo la cual mira la homosexualidad femenina con la masculina. Cuando expresa que la primera no es nada en comparación con la masculina que es “excremental”. ¿Abierto para el lesbianismo, pero cerrado totalmente al masculino? ¿Cómo estará el resto de los colombianos?
ISBELIA GAMBOA FAJARDO
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