PAMPLONA – Norte de Santander.- La situación económica deficitaria de Venezuela llevó al cierre del internado en el colegio Nuestra Señora del Rosario, en Pamplona. Los jóvenes del vecino país tenían como destino estudiantil a la Ciudad Mitrada y varios planteles les ofrecían el servicio. El poder adquisitivo del bolívar, superior en ese entonces al empobrecido peso, les daba para pagarse estos lujos.
Las aulas de las instituciones pamplonesas eran ocupadas por los chamos llegados de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, y demás ciudades venezolanas. Los padres de familia confiaban en la calidad de la educación impartida en el municipio nortesantandereano, y más si a la cabeza estaban las congregaciones religiosas.
La falta de recursos originada por la estampida de los alumnos foráneos produjo la quiebra del colegio. La única salida que vieron los dominicos fue el cierre de la institución. Esta decisión tomó por sorpresa a los pamploneses y se declararon en contra. Las manifestaciones de protesta y los lamentos no sirvieron para reversar la determinación. Las puertas serían clausuradas.
La construcción del edificio concluyó en 1972. La obra estuvo a cargo del arquitecto Juan José Yáñez. Cuatro décadas estuvo al servicio de la educación de la juventud de los dos países. Ahora, tiene otro rumbo.
La hermana Elsa López, de las últimas religiosas en salir del plantel, dijo que el dinero que entraba por concepto de matrículas y pensiones no alcanzaba para el sostenimiento de la estructura, de la planta de personal administrativo y de la nómina de profesores. “Para tenerlo mediocre, mejor no tenerlo”.
La comunidad religiosa envió una delegación desde Bogotá para que les explicara a los acudientes la noticia del cierre del colegio. Eran 250 alumnos los que quedaban sin el lugar predilecto para continuar la preparación secundaria.
Entre las alternativas ofrecidas a los jóvenes para terminar el bachillerato estaban el Cambridge School, el Bethlemitas, el Provincial San José y el Seminario Menor, que dejó de ser exclusivo para varones y pasó a ser mixto, con aceptación del arzobispado.
Ahora, el colegio Nuestra Señora del Rosario tiene otro rumbo y se convertirá en subsede de la Universidad de Pamplona.
El rector Elio Serrano y miembros del Consejo Superior recibieron las llaves de las instalaciones luego de firmar, el 24 de enero, la promesa de compraventa con la comunidad de Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Siena.
El objetivo es ampliar la infraestructura de la institución de educación superior y brindar a la comunidad universitaria nuevos espacios académicos y administrativos.
En el plantel funcionarán aulas de clases, laboratorios y oficinas de la universidad para mejorar las labores de enseñanza y la prestación de servicios. La entrega del espacio físico contó con el permiso de la Santa Sede.
En el segundo semestre del 2014, se adecuarán los salones y las oficinas administrativas, y se habilitarán laboratorios para el funcionamiento de las facultades de Ciencias Agrarias y Salud, y programas de Artes y Humanidades.
Sor LucilaTovar Pinzón, Hermana provincial de la congregación religiosa de las dominicas dijo que la infraestructura está destinada para educar. Ante otras propuestas que sugerían demolerla optaron por la oferta de la casa de estudios.
(*) Artículo redactado con apoyo de la Oficina de Prensa de la Universidad de Pamplona y del alumno de comunicación social, campus Villa del Rosario, Dumar Vargas.
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Fui estudiante de ese colegio. José Ramon Siverio Moreno y me urge comunicarme con el director del colegio