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CHARLAS CON… Poncio Pilato, “lo escrito, escrito está”

Los católicos, a lo largo de la historia, recuerdan a Poncio Pilato con desagrado. Lo culpan de no haber detenido la muerte en la cruz de Jesús y de lavarse las manos para hacerse el inocente ante tan execrable crimen. Era gobernador de Judea en la época que sucedieron los hechos que marcaron el inicio del cristianismo y se convirtió en la figura del Imperio Romano más evocada por millones de creyentes.

Al menos desde el siglo II, los cristianos recitan en el Credo que Cristo «padeció bajo el poder» del prefecto romano y así lo recuerdan por aquel proceso. Hoy, tantos años después, accedió a hablar de ese momento histórico.

¿Quién fue Poncio Pilato?

Pertenecí a la noble familia de los Poncios, originaria probablemente del territorio samnita próximo a Benevento (Italia).

¿Era de linaje?

No. Pertenecí al orden ecuestre, no a la clase senatorial más aristocrática, por lo que a los ojos de mis superiores era «un hombre obligado a “hacer carrera”».

¿Qué cargo desempeñaba en la época de Jesús?

Fui el quinto prefecto de Judea, designado por Tiberio. Nadie conoce con seguridad ni dónde nací ni cómo fue mi vida antes de llegar a esta provincia romana que goberné desde el año 26 al 36 d.C.

¿Qué recuerda de ese hecho que lo catapultó en la historia?

Cuando recibí a Jesús, aquella víspera de la Pascua del año 784 de la fundación de Roma, llevaba siete años al frente de esa conflictiva provincia romana cuya capital era Cesarea Marítima, a unos 100 kilómetros de Jerusalén. Contaba con cerca de 3000 soldados.

¿Entonces, qué hacía en ese momento en la ciudad sagrada de los judíos?

Solo acudía a la ciudad en las fiestas y me alojaba en el palacio-fortaleza construido por Herodes el Grande. Tenía dos cohortes auxiliares de guarnición, con cuartel en la Torre Antonia.

¿Por qué no impidió la muerte de Jesús?

Hay quienes me han tildado de cobarde por mi reprensible decisión de hacer que torturaran y mataran a Jesús para protegerme. Otros, sostienen que mi deber no era tanto el de sostener la justicia como el de promover la paz y los intereses romanos.

¿Cómo le hubiera gustado que terminara ese proceso?

Gustosamente hubiera absuelto a Cristo, y hasta hice serios esfuerzos en esa dirección, pero cedí a la presión de inmediato cuando mi posición fue amenazada por los jerarcas judíos.

¿Lavándose las manos se salía del problema?

Lavarse las manos era una costumbre judía, no romana, con la que se daba a entender que uno no participaba en derramamiento de sangre. Eso hice.

¿Su mujer lo advirtió de que Jesús era inocente, por qué no acató sus palabras?

Sí, es cierto. Ahora lo recuerdo. Claudia Prócula, me advirtió: «No te mezcles en el asunto de este justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».

¿Qué pasó con ella?

A Prócula se la venera como santa en la Iglesia Ortodoxa griega y en la etíope.

¿Cree que tiene alguna deuda con Jesús?

Ningún juez puede con justicia condenar a un hombre al que considera inocente. De no haber sido por mi encuentro con Jesús, seguramente, sería un nombre más en los libros de historia.

Flavio Josefo y Filón de Alejandría lo describen como un hombre cruel. ¿Comparte ese calificativo?

Creo que se quedan cortos. Muchos dicen que me caracterizaba por mi venalidad, la violencia, los robos, los asaltos, la conducta abusiva, las frecuentes ejecuciones de prisioneros que no habían sido juzgados y la ferocidad sin límite.

¿Por qué le gustaba provocar a los judíos?

Eso no es cierto. Fui nombrado para gobernar y solo actuaba de acuerdo con mi parecer. Introduje en Jerusalén unos estandartes con el busto de Tiberio, que originaron revuelo. Cedí y los retiré. Luego, utilicé dinero del Templo para construir un acueducto. En esa ocasión la ira judía fue duramente reprimida.

¿También se metió con los samaritanos?

En el año 35 también los reprimí con violencia en el monte Garizim y ejecuté a los dirigentes.

Esa acción no gustó mucho entre sus superiores…

Sí, qué vainas.  Vitelio, legado de Siria, me ordenó que volviera a Roma para dar cuenta al emperador. Cuando llegué, en la primavera del 37, Tiberio había muerto no hacía mucho.

Desde entonces usted desapareció de la vista de romanos, judíos e historiadores. ¿Qué se hizo?

Muchos han intentado llenar las lagunas. Se ha dicho que me convertí al cristianismo. La Iglesia Ortodoxa Etíope y la copta egipcia me veneran como ‘santo’. Algunos textos apócrifos me asignan incluso un final de mártir. No obstante, mi suerte sigue siendo materia de especulación.

En el mundo actual se tiene otra visión de su figura ¿la comparte?

No mucho, porque dicen que me he convertido en símbolo tradicional de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses de la política. Hoy, hay otros peores que Yo.

Eusebio, escritor de finales del siglo tercero y principios del cuarto, fue el primero de muchos que dijeron que usted se suicidó, como lo hizo Judas Iscariote. ¿Qué hay de cierto en esa versión?

Lo cierto es que pocos saben con seguridad cómo y dónde ocurrió mí muerte. Una leyenda cuenta que me maté con un cuchillo y que mi cuerpo fue atado a una rueda de molino y arrojado al Tíber, pero se perturbaron las aguas, por lo que fui llevado a Vienne y hundido en el Ródano. Como volvió a ocurrir lo mismo, me llevaron hasta un lago de una montaña cercana a Lucerna (Suiza), aún hoy llamada Pilato.

¿Es cierto eso? O lo desterraron…

Otros creen que fui cesado y desterrado a la Galia donde fallecí.

¿Todo lo dicho sobre usted es verdad?

Lo escrito, escrito está.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Artículo adaptado de las versiones originales:

http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2005683

http://www.abc.es/sociedad/20140418/abci-quien-poncio-pilato-201404071415.html

Foto: http://juancarlosboverivoz.blogspot.com/2011/04/poncio-pilato.html

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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