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Este toque al aire libre le sirve como tarjeta de presentación y no falta quien lo contrate para que anime una fiesta, una reunión, una ceremonia, una dedicatoria, bodas, bautizos, cumpleaños. / Foto: www.contraluzcucuta.co

ARTE AL AIRE LIBRE. Cristian Cáceres toca más por gusto que por dinero

CÚCUTA.- El hombre está recostado a la pared frontal del almacén de cadena que ocupa la esquina de la avenida quinta con calle 12. Toca el saxofón y los transeúntes se deleitan con la melodía de ‘Las Brisas del Pamplonita’.

Ay, ay, ay, si las ondas del río

remediaran las penas del corazón,

te contarían, luz de mi vida,

los amargos pesares de mi pasión.

Una mujer, en recompensa por la música que la pone a tararear la letra de  Roberto Irwin, deposita un billete en el bolso de cuero tirado en el piso. Algunas monedas dan testimonio de la bondad de los cucuteños para con estos artistas callejeros.

Cristian Cáceres es músico cucuteño. Independientemente del dinero que puedan darle por esas serenatas matutinas o vespertinas, lo que hace es gozarse el tiempo mientras ve pasar la ciudad por enfrente suyo. “El apoyo, más que monetario, es con palabras”. Y eso lo regocija tanto como cuando otro billete, sin importar la denominación, cae al estuche del saxo.

Una frase o la simple expresión ‘me alegraste el día’ es la mejor recompensa que recibe en las mañanas y las tardes calurosas de la capital de Norte de Santander. El tocar en la calle no lo aprendió aquí en Cúcuta. Lo vio en Bogotá y otras ciudades grandes a las que tuvo el placer de viajar con la música.

“Un día en la séptima de Bogotá, había hombres mayores y abuelos que tocaban sus instrumentos al aire libre y con un parlantico. Lo hacían de una manera tan ‘soyada’, por gusto, y de ahí me quedó esa imagen”. En el primero que se fijó era saxofonista.

Mientras el recuerdo pasa por la mente de Cristian, en el ambiente se oye:

Escucha sonoro río mis congojas y aflicción,

sonoro río mis congojas y aflicción,

y dile cuánto la adoro, cuánto sufro por su amor;

cuánto la adoro, cuánto sufro por su amor;

La música colombiana le fascina, es por eso que quienes ingresan al almacén o siguen de largo voltean a verlo, reconocen la melodía, la cantan y le dan propina. Pasillos, porros, bambucos, cumbias, fandangos y cuanta música folclórica y autóctona encuentre en el país la interpreta.

“Generalmente, este instrumento se da para jazz o para música extranjera, pero lo adapté para este tipo y a todos les gusta”. Lo dijo y apresuró las palabras porque, quizás, prefiere que suene el saxo. El aprendizaje viene de academia, empezó en la Casa de la Cultura con el maestro Miguel Romero Pachón.

Está seguro de que al morir el maestro Pachón fallecieron muchas oportunidades para los jóvenes. “Aprendí gratis. Las clases eran gratis y prestaba los instrumentos”. El interesado solo tenía que hacer presencia, llegar con ganas de aprender y asistir tres o cuatro días a la semana. Otro descanso en las palabras.

Y si al correr de tus ondas

ves que su pecho se agita,

dile que a mi amor lo alientan

las brisas del Pamplonita.

Así ingresó Cristian al mundo musical. Después, para poner en práctica lo aprendido en las aulas continuó el camino como autodidacta. Se acostumbró a un ritmo de aprendizaje, por la falta de recursos para pagarle al profesor. “Por cualquier bobadita que quieran enseñar cobran bastante y para muchos no es fácil pagar una mensualidad”.

También, toca guitarra, batería, bajo y violín. La música amplía el gusto por los instrumentos y no permite que el artista se quede en uno. Se empieza con uno y luego se pasa a otro, y otro y otro. Cambia de ritmo y pasa al Sanjuanero, joropo escrito por Sofía Gaitán de Reyes y música de Anselmo Durán Plazas.

En mi tierra todo es gloria

cuando se canta el joropo,

y si es que se va a bailar

el mundo parece poco…

sigamos cantando, sigamos bailando,

sigamos cantando, ¡carambas!,

que me vuelvo loco.

La moneda o el billete que depositan en el maletín alcanzan para vivir. Además, este toque al aire libre le sirve como tarjeta de presentación y no falta quién lo contrate para que anime una fiesta, una reunión, una ceremonia, una dedicatoria, bodas, bautizos, cumpleaños. “De aquí también me salen serenatas, presentaciones, me doy a conocer”.

Y se despidió con Mi Buenaventura, letra de Petronio Álvarez.

Bello puerto del mar mi buenaventura

Donde se aspira siempre la brisa pura

Eres puerto precioso circundado por el mar

Tus mañanas son tan bellas y claras como el cristal

Cristian Cáceres volvió a recostarse a la pared. El maletín creció con otro billete de dos mil pesos, con los que no se pagó por su música, sino con los que se reconoció su talento.

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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