Los colombianos pretendemos que nuestra selección sea invencible, que nuestros jugadores sean algo así como seres de otra galaxia, infalibles, que todo lo ganen; al punto de que una derrota puede ser catalogada como ‘catástrofe nacional’. Esa postura, que incluso ha llevado a algunos hinchas a cometer barbaridades, está reforzada por los epítetos que utilizan algunos narradores para describir las acertadas o equivocadas intervenciones de nuestros jugadores. “El invencible David”, “James, como tú no hay otro”, “el impasible Murillo”, “Le quedó grande a Fabra” y muchas más que nos confunden y nos hacen olvidar lo que el fútbol en esencia es, un juego y nada más.
Fue precisamente para el Mundial de Estados Unidos (1994), luego de aquella inolvidable noche en Buenos Aires, cuando Colombia noqueó a Argentina, allí mismo nos hicimos la percepción de ser invencibles en sus vivencias. Hernán ‘Bolillo’ Gómez relata que cuando terminó el encuentro en el Monumental de Núñez miró a Maturana y le dijo: “Pacho, nos jodimos. Ahora, tenemos que ser campeones del mundo”. Pues, ni uno ni lo otro, con ese equipo no pasamos la primera ronda, nos sacó Rumania y al regreso de la selección a Colombia, todo el mundo sabe lo que pasó, un desadaptado asesinó a Andrés Escobar en Medellín, a quien le recriminó el autogol que el defensa colombiano marcó y que, según se dice, dejó pérdidas millonarias a muchos apostadores.
El común sabe de fútbol. Somos técnicos, preparadores físicos, masajistas, de todo sabemos. Hacemos alineaciones y si el técnico mueve una ficha aplaudimos o criticamos según nuestro parecer. “Pekerman se equivocó”, “Cuadrado no la suelta”. Todo lo observamos, lo aceptamos o lo modificamos y nuevamente allí está el periodismo con sus verdades reveladas. “Colombia jugó mal”, “Oscura noche”, “No tenemos punteros”, “Tenemos que ganar, porque se juega contra la B de Perú”, “Dios es Colombiano”, y en cada aseveración, aunque no se denote, aceptamos que los nuestros son mortales, así los vistamos de súper héroes y ante nuestros ojos sean invencibles.
Ignoramos la lógica del juego y los factores que determinan un ganador y un perdedor: la oportunidad, la habilidad, la preparación y hasta la suerte. Olvidamos que los otros equipos también se preparan para ganar como lo hacen los nuestros y que el juego, de igual manera, les brinda las mismas posibilidades. ¡Claro! Contando con que ellos también tienen debilidades y potencialidades.
A la final, victoriosos o no, el juego vuelve a iniciar porque es cíclico, se renueva y renueva ganadores y perdedores. Entonces, no hay razón para que en esta ruleta, que en cierta medida es el fútbol o cualquier otra competencia, hagamos una trágica forma de verlo, vivirlo y sentirlo. Al contrario, disfrutar las victorias y recibir las derrotas como una enseñanza que nos puede llevar al triunfo, como lo dijo Maturana en alguna oportunidad: “perder es otra forma de ganar”.
JUAN RICARDO GÉLVEZ
Foto: www.goal.com
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