Caminan con normalidad por las calles, con la mirada en alto y paso erguido. La brisa que sacude prados y vestidos roza las mejillas de aquellas mujeres, tarjeta postal que atrae a turistas del territorio nacional. Los hombres buscan a la mujer ideal, aquella que cumpla con sus expectativas y merezca el grado de atención, que solo en horas libres se les es permitido. Basta una mirada para fijar el objetivo, un clic les abre un abanico de posibilidades. ¡Tantas mujeres, de colores y edades! La figura singular que componen sus curvas, la voz melodiosa en los susurros y el particular carisma, les permiten obtener mayor número de admiradores.
En las calles, observan desde lejos mujeres recelosas que protegen a los maridos, mientras ellas, con el maquillaje marcado, revelan escotes insinuantes y uno que otro tatuaje semi oculto. Caminan solas, les gusta ser admiradas en cada largo paso que presionan contra pavimento ardiente. Se acerca el calor del medio día, lo que las obliga a soltar un botón de la blusa.
Buscar la línea que hace temblar a un hombre, es la clave del oficio. Lo efímero de los días, acrecienta la trivialidad de su ser. El único requisito para desempeñar este oficio es tener tiempo, pasión y edad. La tensión acelera. Unos pasos afanados irrumpen con el ‘toc toc’ incesante en la puerta. “¿Qué son estas horas de llegar?”, se quejó una las compañeras con enojo. Es la líder de las ocho mujeres que habitan la gran casa.
El negocio funciona como todos los demás. La entrada es a las 9:00 de la mañana. La puerta se cierra de un golpazo y empieza la tarea concebida como ‘transmitir’, que consiste en sentarse delante de una computadora e interactuar con internautas, por medio del erotismo y la masturbación.
En la sala, deben caminar un largo pasillo decorado con cuadros que representan el surrealismo de Dalí. Al final, se vislumbra una oficina donde se reportan con el jefe, que les ofrece las llaves de la habitación y marca el horario de entrada.
La diferencia entre las damas de compañía de ‘lujo’ y las ‘pobres’ puede observarse desde la comodidad de la computadora, mientras navegan por el ciberespacio. La nueva modalidad de prostitución consiste en páginas web sofisticadas y de gran atractivo para el público, elaboradas por compañías de poderío económico.
Permiten a quien pueda verlas, clasificar a cada uno de los usuarios por colores. El plateado, como ilustrativo de dinero y constancia en lo conocido como ‘cibercitas’; el amarillo y blanco, representan connotaciones de usuarios meramente curiosos y sin dinero.
Una vez con llave en mano, suben por escaleras metálicas que dan a lugar al segundo piso. “Vivi, volamos”, dijo una mujer de 24 años. En los ojos refleja desesperación y jocosidad, tabalea de un lado a otro, sale desde la habitación 4, aparece semi desnuda, pisa la alfombra roja. El olor a licor elimina cualquier gesto de sobriedad. Está despreocupada y da por terminada la labor del día, ha ganado 300 dólares con un cliente, tanto frecuente como generoso.
El aroma que recubre el nuevo pasillo está mezclado entre cannabis y alcohol. Se escuchan gemidos, cantos de gloria, algunos fingidos y otros reales. Las ocho habitaciones son idénticas, tienen cama, mesa y computador, acompañados de una atmosfera oscura y sombría. Cada mujer cuenta de manera personal con sugestivos trajes, juguetes y adornos, que les permiten mayor comodidad para trabajar.
Al abrirse el armario resaltan las herramientas del oficio. Se sitúan frente a la cámara y activan en línea el perfil. Deciden el ángulo y las posiciones que estarán a la vista del usuario; hacen movimientos giratorios con la cintura. La seguridad y la confianza permiten que miles de usuarios paguen con tarjetas Master Card por visualizar el espectáculo que dura 30 minutos.
Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú tienen acceso restringido a la página web para asegurar la confiabilidad de las chicas, que en su gran mayoría ocultan a familiares y amigos la manera como consiguen el dinero. La cámara captura únicamente lo que se desea mostrar, no se observan los condones tirados en el piso, las colillas de cigarrillo, las botellas de alcohol y las bolsas de coca al lateral de la cama.
Estas ‘damas’ de compañía tienen entre 18 y 36 años. Entre cita y cita el consumo desmesurado de alucinógenos es notable. Cada una debe cumplir con las peticiones de los usuarios que ofrezcan mayor cantidad de dinero. La jornada laboral finaliza a las 4:00 de la tarde. Antes de terminar y salir de la habitación, aseguran cuánto dinero han ganado. Los ojos brillan y una sonrisa ligera se marca en el rosto joven y atractivo al conocer la cifra. La tarea del día se ha cumplido.
Las agujas del reloj resbalan hasta llegar el nuevo amanecer. De nuevo, surgen presurosas esas mujeres radiantes que caminan por las calles del centro de Cúcuta y provocan murmullos al verlas pasar. La brisa las hace ver en su mayor majestuosidad, anunciándolas como siluetas de papel, soñadoras y alegres.
SUSANA GODOY
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Foto: Especial para www.contraluzcucuta.co
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