CÚCUTA.- Tiene 21 años, edad ideal para soñar; mide 180 centímetros de estatura, con tacones llega a los 190; estudia trabajo social, cursa octavo semestre en la UFPS; trabaja en un restaurante local, ahí recibe al cliente y le asigna la mesa, y es la imagen del negocio. Así es Giselle Mendoza, señorita Cúcuta en el Reinado Departamental de la Ganadería, en Toledo (Norte de Santander).
Habla rápido y sostenido. Toma la palabra y la hace suya para retroceder en el tiempo y recordar que en la niñez alguien le dijo que los reinados eran malos y desacreditaban a las mujeres. Creció con ese tabú, hasta cuando en un momento de la vida decidió ser modelo. Buscó en las academias cucuteñas y decidió que se vincularía a una para explorar.
La estatura es heredada de la familia paterna. El abuelo midió 1,90 metros y el padre tiene 1,80 metros. La madre mantiene la creencia que bajo el modelaje se mueve un mundo oscuro.
Ingresó, el año pasado, a Class Fashion Models en la búsqueda de respuestas a los miedos inculcados. “Dije, espero que esa academia sea buena y no viva una experiencia como me dicen que es un mundo oscuro”. Ahora, tiene otro concepto y se ha dado cuenta de que en este ambiente se aprende para desenvolverse en la vida.
La academia le ofrece laboratorio, pasarela y glamur, fundamentos que le han servido para el desarrollo de la carrera profesional. “Cuando llegué me daba pena cuando la profesora de teatro me decía ‘grite, llore’. Esa es la parte bonita de aprender algo que nunca he hecho”.
En clase encontró niños, jóvenes y adultos. Eso la animó para cambiar de imagen y perder la desconfianza que en algún momento sintió, inculcada por el ambiente social que la rodea. Al principio, los padres no la apoyaron ciento por ciento. La madre dudaba y un día se escondió para ver cómo era el trabajo en la academia. Luego, la observó en pasarela. El tiempo la hizo cambiar de opinión, aunque mantiene cierto recelo por la actividad.
Para representar a Cúcuta en Toledo la escogieron, básicamente, por el potencial que irradia en lo intelectual, lo físico y lo emocional. “Dijeron, tiene futuro y nos va a traer la corona”.
Del municipio sede del reinado sabe, por consultas en internet, que la economía la basa en la ganadería (caprina y bovina), que uno de los atractivos turísticos es el Páramo Mejué, que tienen ferias y fiestas, y que es rico en fauna y flora.
“El mensaje que llevo está enfocado a la ganadería y relacionado con la sostenibilidad y cómo favorecer el medio ambiente con el ganado bovino”. La intención es cambiar el concepto que se tiene en torno a la crianza de estos animales y verla como una oportunidad para innovar y transformar la vida en el campo. El texto del proyecto se lo entregará al jurado.
En lo personal es auténtica. Lo confirma el tatuaje que lleva en la garganta. Está escrito en árabe. No se arrepiente de llevar esa marca, ni la oculta. Y así se mostrará en Toledo delante de las demás candidatas, será prudente, aunque cree que tendrá una relación amigable con todas.
Tiene a su favor la experiencia ganada en el Reinado de la Uva, en Villa del Rosario. “Tuve momentos buenos y malos. Vi que desde el primer momento se debe llegar con paso firme, como una reina. Allá, llegué como si estuviera en mi casa”. La enseñanza aprendida es que se debe tener porte de reina. Seguro, lo aplicará en esta ocasión para quedarse con el cetro y la corona.
El traje típico o de fantasía que lucirá en el desfile de las carrozas será una mariposa. “El enfoque es que la mariposa representa el renacer”. El de la ceremonia de coronación será brillante y de tono pastel.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo

