Los Premios Nobel son, sin duda, uno de los reconocimientos más altos a los que se pueda aspirar, su espíritu humanista y promotor del desarrollo armónico de las ciencias y la sociedad ennoblecen a aquellos que han sido merecedores del galardón. Mucho se comenta sobre los ganadores, pero ¿Qué tanto se conoce sobre su creador? ¿Quién era Alfred Nobel y de donde surgen los Premios? Aprovechamos el reciente anuncio de los ganadores del 2015 para entrevistar a este personaje, que en busca de una reivindicación de su imagen le dejó un enorme legado a la humanidad.
¿Puede, por favor, indicar su fecha y lugar de nacimiento?
Sí, claro, octubre 21 de 1833, en Estocolmo (Suecia)
¿Era de familia acaudalada?
Mi familia en, sus inicios, era pobre. Mis padres tuvieron ocho hijos de los cuales cuatro murieron siendo niños. En 1837, mi padre Immanuel Nobel se mudó a San Petersburgo, donde tuvo éxito como fabricante de maquinarias y explosivos después de una serie de negocios fallidos en Suecia.
Entonces se dio el auge económico en la familia…
Hasta cierto punto. Mi padre había establecido una fábrica de armamento a la que le fue bien hasta que, en 1856, acabó la guerra de Crimea y por insuficiente demanda nacional tuvo que cerrar para evitar la quiebra.
¿Desapareció la fábrica?
No. Mi padre relevó la dirección a mi hermano mayor Ludwig, quien pudo posicionarla nuevamente al ampliar la oferta de producción.
¿Desde cuándo tuvo usted participación en los negocios familiares?
Desde joven estaba al tanto de los movimientos económicos, principalmente, me ocupaba del área técnica de la producción y desarrollaba maquinaria más eficiente o el diseño de los productos.
Es recordado por legar su fortuna a la humanidad. ¿De dónde viene esa fortuna?
A la industria armamentista le iba bien. Pude establecer 90 fábricas de artillería en Europa con mi compañía Bofors. Fuera del negocio familiar invertí en la extracción petrolera en Azerbaiyán, allí mis hermanos Ludwig y Robert empezaron con la explotación de yacimientos. El uso por parte de terceros de los inventos patentados por mí también representaba rendimientos económicos.
¿90 fábricas de armas? Eso desvirtúa su autoproclamada tendencia pacifista ¿no le parece?
Yo solo producía las armas, herramientas… No hacía las guerras.
Su formación académica debió tener cierta influencia para ser usted quien llegó a ser ¿Qué nos puede decir sobre esto?
Cuando se dio la bonanza en mi familia, pude estudiar con profesores particulares, pues en nuestros humildes inicios debía ir a la escuela local. Mis padres siempre procuraron una buena formación para mí. Destaqué en los idiomas, pues pude dominar con fluidez el inglés, francés, alemán y ruso. En 1884, la Real Academia Sueca de las Ciencias me hizo miembro. En 1893, la Universidad de Uppsala me otorgó el doctorado honorífico.
Tuvo una prolífera carrera como inventor ¿Cuántas patentes registró a su nombre?
355 patentes registradas en Suecia, Noruega, Estados Unidos o Inglaterra. Aquella que destaca es la dinamita. Hice otros inventos, como el detonador remoto o la gelignita, un explosivo industrial más potente y estable que la dinamita, pero también más costoso.
¿Cuál fue la primera patente?
Mi primera patente fue registrada, en 1857, en inglés, es un medidor de presión para gas. La primera que registré en sueco es un manual de recetas para preparar la pólvora, en 1863.
Háblenos sobre cómo inventa la dinamita…
Bueno, más que cómo la inventé podría decir qué me llevó a hacerlo.
Está bien, adelante…
En 1864, sucedió una tragedia. En uno de los lugares de fabricación de nitroglicerina ocurrió una explosión y dejó cinco muertos, entre los que estaba mi hermano menor Emil. La fábrica había tenido algunos inconvenientes por la inestabilidad de ciertos lotes de producción y esto se convirtió en un escándalo. Entonces, emprendí la búsqueda de un explosivo más seguro que de cierta manera limpiaría el nombre de la familia.
¿Qué hizo que se planteara el establecer los premios que llevan su nombre?
En 1888, falleció mi hermano Ludwig. La prensa hizo eco de esto, pues fue una figura controvertida. Un diario francés publicó erróneamente un obituario titulado “Ha muerto el mercader de la muerte” a mi nombre en vez de a Ludwig. Esto me provocó una reacción de estremecimiento. Hice un periplo por cuanto había sido y hecho en mi vida, y la manera en que sería recordado. Tuve que replantear ciertos aspectos.
¿Cuáles?
La producción de las fábricas, por ejemplo, pero más importante, suponiendo un deceso no lejano, en qué sería invertida mi fortuna cuando faltara.
¿De qué cantidad estamos hablando?
Treintaitrés millones de coronas suecas, en 1896.
¿Entonces qué hizo?
Estipulé en mi testamento que se abriera un fondo fiduciario con el 95 por ciento de mis activos. Los intereses derivados se dividirían en cinco partes iguales y serían otorgados en reconocimiento a aquellos que destacaran por sus aportes en los campos de la física, química, medicina, literatura y paz, durante el trascurso de un año. No habría distinciones de ningún tipo para escoger aquellos que merecieran el premio, más allá de sus aportes a la humanidad.
¿Cuándo falleció?
Los últimos años de mi vida estuve establecido en San Remo, tras tener que abandonar Francia por haber sido acusado de alta traición, por vender explosivos a Italia. Tenía una afección cardiaca persistente y el 10 de diciembre de 1896, fallecí de un derrame cerebral.
ANDRÉS MORALES
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Artículo adaptado de https://en.wikipedia.org/wiki/Alfred_Nobel
Foto:http://siempre889.com/wp-content/uploads/2013/10/alfred-nobel.jpg
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