CÚCUTA.- El entierro de Calixto se cumplió en silencio. Los cucuteños, en su mayoría, ni se percataron de la ceremonia, porque no formaba parte de los círculos sociales, ni tenía cédula para participar en las elecciones municipales. Quizás, donde hará falta será en los lugares a los que van los habitantes de la calle a pasar esas horas amargas de las que este hombre se liberó.
El Parque Lineal es el refugio preferido por buena parte de esos seres que tomaron la decisión de abandonar familia, hogar y bienes materiales para entregarle el alma al vicio. Aquí, el consumo de alcohol es alto y la venta de drogas es continua. Los habitantes de este lugar solo tienen el afán de conseguir una moneda para comprar el veneno que los consumió y los apartó del mundo real para introducirlos en ese universo de abandono y dejación.
El trajín diario tiene movimiento. En las madrugadas despiertan para salir en busca del material reciclable dejado en los sardineles, recogerlo, amontonarlo y llevarlo a las compraventas de chatarra para recibir la paga por ese ‘trabajo’. No es impensable que lo recolectado sea invertido en vestuario, a pesar de que camisa y pantalón chorrean mugre, o en alimentación, así el bostezo sea constante.
La mañana trascurre en el recorrido de calles y avenidas, para volver al Parque Lineal con el ‘botín’, unos pocos pesos. En corrillos conversan sobre lo que la imaginación les permite. Comentan asuntos propios de la condición humana en la que habitan. Brindan por la salud que no tienen ni les provoca preocupación. Ríen de la vida, porque viven, no porque la sientan. Salen del lugar con una ilusión; regresan, con más decepciones.
La tarde no varía. El almuerzo es cualquier sobrado de una mano doliente o un mendrugo tirado en el siguiente bote de la basura. Importa el próximo sorbo de aguardiente, ingresado de contrabando desde Venezuela porque es barato y emborracha rapidito. ‘Gaviota’ es la marca, anisado; ‘chamberlain’ es el remoquete al revuelto de alcohol antiséptico con gaseosa negra, y ‘un chorro’ es lo que compran con las monedas que reciben a cambio de cartones.
El olor que respiran es nauseabundo. El vaho que exhalan es insoportable. El agrio que expelen es muestra del desaseo en el que viven. Así quedan tirados en cualquier sitio, sin importar quién pase y los vea en esa condición. Saben que en este momento de la vida ni lástima inspiran.
El Parque Lineal está lejos del río Pamplonita. Quienes viven en las riberas no asoman por acá y no están en las estadísticas que maneja la Alcaldía de Cúcuta, en cuanto a habitantes de calle se refiere. Las cifras oficiales dan cuenta de “220 personas caracterizadas en el Centro Día”, según el documento ‘Política pública habitante de y en condición de calle’.
El Centro Día es el espacio proporcionado por el gobierno cucuteño para permitirles a estos seres humanos tener atención mientras el sol alumbra. Van a la casa, se bañan, desayunan, participan en actividades lúdicas, almuerzan, reposan y a las 5:00 de la tarde regresan al mundo del que se separaron unas horas.
El objetivo de la ‘Política pública’ es promover el desarrollo integral de los habitantes de y en situación de calle, mediante la atención de las necesidades básicas y la formación de capacidades para el fomento de la calidad de vida.
Los 220 caracterizados están repartidos entre 193 hombres (88 %) y 27 mujeres (12 %); 187 tienen cédula; 4, tarjeta de identidad, y 29 no tienen documentos. El 68 por ciento tiene la cédula extraviada. Entre los hombres, 59 tienen libreta militar, 134 no la poseen y 27 no aplican para este requisito. El 27 por ciento puede mostrar el documento, el 73 por ciento lo perdió.
“La política pública para el habitante de y en condición de calle es una compilación de las necesidades latientes en esta población”, explica el documento elaborado por la Alcaldía, el Departamento Administrativo de Bienestar Social y Programas Especiales y Corprodinco. Y “aborda unos ejes fundamentales para la dignificación como personas”.
En la población objeto del estudio, 174 aparecen como solteros, 9 casados, 18 en unión marital, 11 separados, una soltera y un viudo. Uno de los objetivos específicos del programa es “establecer una red de apoyo con instituciones estatales. Entidades territoriales y organizaciones no gubernamentales para la garantía de sus derechos”.
Noventainueve de los encuestados cursó primaria, 86 secundaria, 2 educación técnica y 30 no aportaron información. El 62 por ciento de la población no completó los ciclos de estudios. A 65 les gustaría capacitarse en sistemas, a 11 en manualidades, a 89 les gustaría terminar la preparación escolar, a 6 les llama la atención la mecánica y 4 no están interesados en estudiar. Los demás tienen otras opciones.
Los habitantes de la calle “conocen de primera mano sus necesidades, articulándolos con las políticas gubernamentales de las entidades territoriales”. A pesar de este propósito, 142 no tienen Sisben y 106 no cuentan con afiliación a una ARS. De los 54 que padecen enfermedades, solo 7 reciben atención.
Otros objetivos de la Política pública son diseñar acciones encaminadas a la protección de sus derechos para el mejoramiento de su calidad de vida, y hacer el seguimiento y la evaluación de las acciones desarrolladas que garanticen el cumplimiento de los objetivos para el desarrollo integral.
Las principales causas para permanecer en la calle son drogadicción (50 %), abandono familiar (13 %), desempleo (14 %), alcoholismo (12 %), rechazo familiar (9 %), tabaquismo y desplazamiento forzado (2 %).
Entonces, la pregunta es ¿por qué para los habitantes en las orillas del río Pamplonita no ha habido un plan de atención que los saque de esa condición y los haga valer como seres humanos?
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Foto: cucuta-nortedesantander.gov.co
PARTE – 7
El último tramo. El sol se oculta para todos
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