Pedro Claver fue el misionero jesuita español que desempeñó una vasta labor evangelizadora en Cartagena de Indias. Bautizó y adoctrinó a los esclavos que llegaban de África.
Canonizado por la Iglesia en 1888. Se definió como ‘El apóstol de los negros’ o ‘El esclavo de los negros’.
¿Dónde nació?
En Verdú (España) en 1580.
¿Tuvo algún sobrenombre?
Sí, claro. Me decían ‘El apóstol de los negros’ o ‘El esclavo de los negros’.
¿Quiénes fueron sus padres?
Los labradores Pedro Claver y Minguella y Ana Corberó. Quedé huérfano de madre a los 13 años.
¿Cómo fueron sus inicios en la vida religiosa?
Dos años después de manifiestar mi vocación religiosa recibí la tonsura eclesiástica de manos del obispo de Vic, en la parroquia de Verdú.
¿Cómo fue su preparación?
En Barcelona inicié estudios de gramática en el Estudio General de la Universidad. A mediados de 1600 o 1601, terminada la retórica, pasé al Colegio Jesuita de Belén para cursar filosofía. Ingresé en la Compañía de Jesús, y el 7 de agosto de 1602 entré en el noviciado de Tarragona.
¿Dónde complementó los estudios?
Tras hacer los votos, viajé a Gerona para ampliar los estudios de humanidades. El 11 de noviembre de 1605, pasé al colegio de Montesión, en Palma de Mallorca, para cursar filosofía.
¿Quién fue su maestro misional?
El portero Alonso Rodríguez, un anciano hermano lego, me imbuyó la inquietud misional. En 1608, me trasladé a Barcelona para estudiar teología, pero pude terminar.
¿Qué le impidió seguir adelante?
El 23 de enero de 1610, recibí una carta del Provincial, en la que se me concedía el permiso para trasladarme a América, como era mi deseo.
¿Cómo fue esa aventura?
Viajé hasta Tarragona para unirme a otros religiosos y seguir hacia Valencia y Sevilla, donde otros jesuitas se sumaron al grupo. Embarcamos en el galeón San Pedro (perteneciente a la flota mandada por don Jerónimo de Portugal y Córdoba) que zarpó del puerto andaluz en abril de 1610, y lleganos a Cartagena.
¿Qué hicieron al llegar al nuevo mundo?
Emprendimos el camino a Santa Fe, remontamos el río Magdalena y tomamos el camino de Honda.
¿Y qué sucedió con los estudios?
Una vez la capital neogranadina encontré que no podía seguir los estudios de teología, pues faltaban profesores. Me asignaron al Colegio de la Compañía, como coadjutor hasta 1612, hasta cuando la llegada de nuevos religiosos me permitió proseguir los estudios. Luego, pasé al noviciado de Tunja para la tercera aprobación, y finalmente al colegio de Cartagena. Me ordené subdiácono. En 1616, recibí el diaconado y la ordenación sacerdotal.
¿Cuál fue la primera misión que le encargaron?
Me enviaron a ayudar al padre Sandoval, que tenía a cargo la catequización de los negros.
¿Cuándo se consagró al cuidado y defensa de los negros?
El 3 de abril de 1622, hice mi promesa. Al pie de la fórmula de los votos consigné con mi puño y letra “Petrus Claver, aethiopum semper servus” (Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre). Eso era lo que quería ser y lo que siempre fui.
¿Cómo fue su trabajo con los negros?
Cuando se anunciaba la llegada de un barco negrero, trataba de averiguar de qué región procedía la ‘carga, con objeto de buscar los intérpretes adecuados para hablar con los esclavos. Los propietarios de esclavos se negaban a suministrarme intérpretes o ponían muchos obstáculos, motivo por el cual el Colegio de Cartagena compró un grupo de esclavos-intérpretes oriundos de diversas regiones de África para que me ayudaran.
¿Cómo los atendía?
Les llevaba naranjas, limones, tabaco, pan o aguardiente. Bajaba a las bodegas y les decía que estaba allí para cuidar que los blancos los trataran bien. Les aseguraba que no iban a matarlos, como a menudo creían, y los alentaba a abrazar la fe cristiana, para lo que debían instruirse. Luego, preguntaba por los enfermos y los niños nacidos en la travesía, a quienes dedicaba cuidados de urgencia.
¿Y cómo cumplía la catequesis?
Dedicaba varias horas a la catequesis por medio de los intérpretes. Esta labor solía hacerla en un patio, ante un cuadro de Jesús crucificado, y terminaba con el acto de contrición. Cuando los catecúmenos estaban bien instruidos procedía a bautizarlos, y luego les entregaba unas medallas de plomo que tenían impresos los nombres de Jesús y María.
Pero no solo dedicaba tiempo a los negros que llegaban a Cartagena…
No. El trabajo era arduo y completo. Cuidaba a los negros que vivían en Cartagena y la provincia, a enfermos, lisiados e indigentes. Acudía a los hospitales de San Sebastián y San Lázaro para consolar y curar a los internados. En las cárceles atendía a los negros y a presos diversos.
¿En medio de ese agite cómo era su vida?
Vivía con extrema austeridad. Dormía en una esterilla y comía frugalmente. En los ratos libres me dedicaba a los rezos.
¿Contrajo alguna enfermedad por esta vida que llevaba?
Sí, claro. En 1651, Cartagena fue azotada por una epidemia. Contraje la enfermedad y me quedó como secuela una parálisis progresiva que no fue obstáculo para continuar las visitas a los leprosos.
¿Cómo fue su muerte?
El 6 de septiembre de 1654 enfermé de gravedad y al día siguiente me dieron la extremaunción. Morí en la noche del 7 al 8 de septiembre de 1654. Numerosos fieles habían ido a visitarme.
¿Hubo muestras de agtradecimiento por su trabajo?
Dígame. Tuve unas solemnes honras fúnebres y me enterraron en la capilla del Santo Cristo, en la iglesia de la Compañía.
¿Cómo llegó a ser santo?
El proceso de la beatificación empezó en 1658. En 1747, me declararon Venerable, por Benedicto XIV. Fui beatificado, en 1851, por Pío IX, y canonizado en 1888, por León XIII. La fiesta en mi honor se celebra el 9 de septiembre.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Texto adaptado de http://www.biografiasyvidas.com
Foto: www.panoramio.com
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