TIBÚ.- Cuando se escucha esta palabra, lo primero que viene a la cabeza es violencia, pobreza y un sin número de necesidades que aquejan a esta región de la geografía colombiana. Pero ese nombre no solo representa problemas y dificultades; además, resulta conveniente y apropiado pensar en petróleo, gringos y en la tribu indígena motilón-barí, casta de incansables guerreros que lucharon, batallaron y defendieron los sagrados territorios hasta la muerte. Colonizadores y caza fortunas llegaron en busca de riquezas en esas tierras de El Catatumbo.
Cuentan los abuelos y los que vivieron la llegada de los exploradores petroleros al territorio donde hoy está Tibú, que las batallas que libraron los indígenas fueron fuertes. Unos, defendían el territorio; otros, querían apoderarse de los terrenos. Solo la evangelización del padre Rafael García Herreros mermó los duros enfrentamientos.
Héctor Enrique Álvarez, oriundo de Bucaramanga y conocedor de la cultura tibuyana, dijo que “en esa época en que llegaba la compañía Colpet, los motilones eran indomables y peleaban por sus tierras. El contrato Chaux Folson, que el Gobierno hizo con la empresa gringa, en una parte decía “se autoriza que se contraten winchesteres (pistoleros) para que limpien el lugar infestado de indios”.
A mediados de la década de los 30, cuando la Colombian Petroleum Company (Colpet) logró establecerse en territorios indígenas en busca de yacimientos de petróleo, se buscó una forma de referenciar la zona en la que se trabajaba. Después de descargar un buque proveniente de Chicago (EE.UU), cargado con insumos para la extracción del mineral deseado por los gringos, se les ocurrió la idea de bautizar al municipio con las siglas escritas en la embarcación.
Así dice la historia:
– “Por información de antiguos trabajadores de la Colpet y a varios documentos en los archivos de Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleos), que remplazo a la antigua Colpet, la compañía petrolera traía sus equipos y materiales por vía fluvial desde el lago de Maracaibo hasta los puertos de Campo Reyes y Tres Bocas; por consiguiente, las cajas y documentos venían marcados en ese entonces en principio en la siguiente forma: Colombian Petroleum Company, Colpet. Co from Chicago, USA To Tres Bocas”.
– Como la explotación petrolera era una concesión, la compañía no pagaba impuestos de importación. Se consideraba el área como zona estadounidense y a los documentos no se les indicaba el país de destino.
– Con el pasar de los años y por la costumbre de los gringos de simplificarlo todo, la correspondencia empezó a llegar rotulada en la siguiente forma:
Colombian Petroleum Company, Colpet co. From Chicago, USA To. Bo.
– Al estadounidense se le hacía difícil pronunciar el nombre Tres y Bocas, por lo que consideró fácil simplificarlo por la letra T y la sílaba Bo, iniciales de la frase dificultosa para la vocalización. Lo pronunciaban en inglés, que es igual a Ti por T y Bu por Bo. Por españolización de una palabra gringa y con la ayuda de los nacionales que trabajaban en la empresa que los escuchaban surgió Tibú. La versión, aunque parezca arreglada, es la de más peso para el origen del nombre del municipio.
– En 1939, se perforó el pozo Tres Bocas, por lo cual se decidió trasladar el campamento desde Petrólea hasta el campo Tibú. Años más tarde, entre 1950 y 1958, se descubrieron campos de vital importancia para la empresa por los beneficios. Aparecieron los campos Sardinata, Puerto Barco, Orú y Yuca.
– En 1952, Ecopetrol alcanzó su máxima producción de 29.493 barriles por día. La manera más eficaz para sacar el producido y salir del aislamiento fue la construcción de la línea férrea entre Petrólea y Cúcuta, que cruzaba los ríos Nuevo Presidente, Río de Oro y Catatumbo.
– En octubre de 1939, se terminó la construcción del oleoducto entre Petrólea y el puerto de Coveñas, con una longitud de 423 kilómetros y una capacidad de 70.000 barriles. La compañía utilizó 5000 hombres, entre ingenieros y obreros. El tubo fue considerado por la revista New York Time como una de las grandes obras de ingeniería del mundo y estuvo en funcionamiento hasta 1985. En ese año fue remplazado por el oleoducto de Petróleos del Norte que parte desde Campo Zulia.
(Apartes del libro “anecdotario histórico de Tibú y otras cositas” de Julio Cesar Jaimes Martínez)
A pesar de esa rica historia, Tibú es uno de los territorios golpeados y azotados por la violencia, que en los últimos tiempos ha adquirido ímpetu en Colombia, impulsada por los cultivos ilícitos y que ha ocasionado una escalada de hechos que manchan el nombre del municipio.
En la década de los 70, las operaciones petroleras atrajeron la atención de los grupos armados que iniciaron las acciones terroristas contra la refinería. El Ejército de Liberación Nacional (Eln), el Ejército Popular de Liberación (Epl) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) sembraron la zozobra.
Tibú perdió la pujanza y el vigor comercial que lo caracterizaban por ser zona ganadera por excelencia y rica en cultivos agrícolas que se comercializaban en la plaza de mercado del pueblo.
Víctor Julio Sánchez Vargas, exconcejal y locutor de la emisora Ecos del Catatumbo, dijo que “la gente es buena, trabajadora y honesta, y las tierras son un paraíso terrenal. El campesino es gente ‘camelladora’. Ahora, llegan foráneos con otras culturas buenas o malas y eso cambia el vivir del tibuyano”.
Las incursiones paramilitares, en el 2000, llenaron de horror e incertidumbre a los habitantes de La Gabarra y veredas aledañas al casco urbano. Según estadísticas de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), el bloque Catatumbo contaba con las unidades ‘Gabarra’ y ‘Bloque Móvil Catatumbo’, que tenía en las filas a 1425 miembros hasta finales del 2004.
José de Jesús Quintero, trabajador y habitante de La Gabarra, relató los instantes de miedo y horror que vivió. “Eran alrededor de las 8:30 de la noche, cuando sentimos llegar varios carros cargados de ejército. Se bajaron y nos levantaron a plomo. Acostaron a unos en el piso, les preguntaron nombres y con lista en mano iban revisando quién estaba y quién no. Sonaba plomo por todos lados y nadie sabía por qué el ejército nos hacia esto. Bueno eso creíamos nosotros, que era el Ejército”.
Durante años, la zona fue controlada por el grupo armado. Controlaba operaciones militares y económicas. Las masacres, el desplazamiento y el miedo eran el plato diario de los tibuyanos.
Después de los aterradores acontecimientos y la desmovilización del bloque Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), en el 2004, la fuerza pública copó los espacios para evitar que las guerrillas retornaran y recuperaran terreno. La tranquilidad regresó a la familia tibuyana y se vivieron 8 años en paz y calma, irrumpidas por atentados terroristas que sacudieron a esta zona de Norte de Santander.
Los corregimientos Petrólea y La Gabarra, y el casco urbano han sido blanco de la violencia, la misma que ha causando muerte y desolación. El miedo que muchos hacía rato no sentían, la sensación de inseguridad y la incertidumbre regresaron ante el temor y la impotencia para no dejar escapar la tranquilidad del pueblo.
ELIBARDO LEÓN ESTÉVEZ
Contraluz.CO Sólo Periodismo