1.- Es una expresión común – a veces irresponsable y producto de poca evaluación y confrontación de realidades – el decir y defender que “no hay líderes, ni un núcleo directivo activo”. Esa expresión hace carrera desde hace tiempo, porque llegué a escucharla hasta en los tiempos de vigencia de Virgilio Barco Vargas, cuando un prestante dirigente liberal le señalaba al primer mandatario y para cubrir la nómina de una posición y representación nacional importante que “Es que allá no hay nadie para ese puesto”. “A ese le falta currículum”. “Ese otro no ha salido todavía del campo”. O la trajinada y repulsiva expresión “Ese no sirve para eso”.
Con esas actitudes y conductas, que recortan y frenan desarrollos, nos hemos mantenido mucho tiempo y con una responsabilidad incuestionable de quienes se llaman políticos o pertenecen a la escuela de nuestros partidos y grupos electorales, que nunca convocan para dar a conocer inquietudes. Solo funcionan en las proximidades del proceso electoral y bajo el estímulo de ayudas económicas en favor de determinado candidato, pero sin analizar aptitudes, talento, conocimientos y espíritu de servicio y abnegación a la causa regional.
2.- Por eso, cuando algún día se hagan la relación, el aporte y los vínculos de nuestro desarrollo con la campaña y gestión que hayan cumplido los voceros que llegaron a las posiciones legislativas de los órdenes municipal, departamental y nacional podremos deducir lo que se logró, extravió o definitivamente no se obtuvo. Bastará tan solo con observar el panorama y evaluar indicadores, promedios y las situaciones que surjan más manifiestas.
¿Los responsables son solo quienes lograron esas preeminencias públicas? No, los mayores implicados en el desastre que vivimos – y se capta en todos los niveles – son los actores, impulsores y votantes que los escogieron y eligieron sin exigirles un comportamiento estimulante y acorde con los anhelos ciudadanos, regionales y locales. Y esa responsabilidad y juicio de cargo son delicados, porque imprimen carácter y demuestran que tenemos una sociedad inexperta, sumisa, indiferente y hasta proclive al desbarajuste y al avance a gritos, pero no con razonamientos, argumentos y precisiones que rompan y superen los lazos destructores de unas ligazones amañadas y hasta ridículas que hay entre la población y los políticos, que llegan hasta a forjarse y subsistir en la tramoya pública, utilizando el nombre de Dios para presumir –engañando a la masa entumida y pendenciera – que son ángeles, arcángeles o serafines y sin que aparezcan reacciones entre los que reconocen que fueron utilizados como puente o escalera para llegar hasta los sitios y lugares del poder y desarrollar funciones de mando, que desafortunadamente solo sirven para acomodarse personalmente, cumpliendo viajes y reuniones de las que nada se obtiene, porque no hay seguimiento, ni verdaderas asistencias.
3.- Y eso mientras no se altere y se trasforme en un real, efectivo y comunitario llamamiento a los mejores en la región y sin miramiento de sectores o de grupos, sino por la formación y estructuración de sus acciones, en procura del progreso y el verdadero aliento y apoyo a tesis y propósitos trasformadores factibles, no nos va a permitir salir adelante. Y, esa obligación es, y debe ser, de todos, sin excepción alguna, para que se suceda el cambio y haya una sociedad pensante, actuante dinámicamente y participativamente aleccionada.
Anoto todo esto, porque la región tiene gente capaz y auténticamente formada y dispuesta a servir. Pero los usuarios y beneficiados o auspiciadores de la politiquería los detienen, condicionan y relegan. Esto no hay que tolerarlo y denunciarlo, superarlo y propiciar un cambio amplio y renovador, que comprometa a la ciudadanía.
Sí, a no dudarlo, las próximas elecciones, tienen que ser analíticas y con un mayor compromiso, porque es exigente, imperativo y está claro, que urge y se requiere una mejor y mayor representación política.
JOSÉ NEIRA REY
jneirarey@hotmail.com
Contraluz.CO Sólo Periodismo