Miguel Alfredo Núñez Gómez nació, el 29 de septiembre de 1957, en Cúcuta. Se define como ser humano sencillo, responsable en el trabajo y el hogar, emprendedor y de carácter fuerte. Surgió desde abajo y con sacrificio ha logrado los objetivos propuestos. Cree que la familia es el núcleo que ofrece bienestar, unión, alegría, felicidad y amor.
Su esposa y sus dos hijos son la máxima alegría. Lleva 30 años de casado y vive agradecido con Dios y con la vida. Los antepasados le inculcaron valores católicos, con fe y esperanza.
Desde siempre se ha interesado por el deporte. De niño soñaba con ser futbolista y lo logró. Ahora, es preparador de arqueros en el Cúcuta Deportivo, equipo profesional para el que jugó varias temporadas. Lleva 18 años vinculado al club rojinegro. Prestó servicios en Once Caldas, Nacional y Medellín.
Su visión es llegar a la selección Colombia y para cumplir ese anhelo tiene nuevas expectativas. “Me siento orgulloso y amo lo que hago. No lo cambio por otra profesión”.
Hoy es feliz. “Todos tenemos que considerarnos felices. A pesar de los obstáculos que se presentan soy feliz. La importancia de la felicidad es que los que están a tu alrededor lo sean”. Es la reflexión filosófica de este hombre encargado de alistar a los porteros para que no les marquen goles en la cancha.
También, sabe hablar del amor y tiene una definición para este sentimiento. “Es una pasión que nos hace sentir vivos. Amar y dejarse amar son las bases fundamentales del ser humano”.
A pesar de que en la labor que ejerce busca la perfección, está seguro de que no hay días perfectos, por la condición humana y se cometen errores a diario. “El ser humano, por naturaleza, se equivoca. Me esfuerzo por ser cada día mejor persona, por progresar, por hacer algo por nosotros y por la comunidad”.
Tres mujeres han influido en su vida y las considera el motor de su existencia. La madre, la esposa María del Pilar Gutiérrez y la hija María Fernanda. “Son mi motor para no dejarme vencer”.
Y llegó el momento de expresarse acerca de lo que un día aprendió, valoró y le ha valido para vivir sin angustias. “Ser hincha es un fenómeno sociológico inexplicable. No tiene que ver con los resultados. No se es más hincha de un equipo cuando se gana o se pierde. Lo que sientes está sellado y no va a cambiar. Ser hincha es sentir amor, pasión, es un sentimiento que explota en el pecho cada vez que el equipo va a la cancha”.
SINDY ANTOLÍNEZ
Estudiante de Comunicación Social
Universidad de Pamplona
Campus de Villa del Rosario
Contraluz.CO Sólo Periodismo