Angélica Díaz Gómez es dulce, de sonrisa perfecta, delicada en el trato y de cuerpo menudo. Si va por la calle vestida como mujer despertaría comentarios entre los hombres y muchos se atreverían a lanzarle un piropo. Las mujeres le envidiarían a belleza, la seriedad y la sobriedad con que camina.
Lo malo es que pocas veces se la ve en supermercados, salas de cine, andenes, almacenes y sitios públicos. De las 24 horas del día, 18 va enfundada en el uniforme verde oliva que la distingue como mayor de la policía. Las restantes, permanece en casa, donde cumple como esposa, madre y patrona.
Nació en Arbeláez (Cundinamarca). De niña soñaba con ser bióloga marina, deseo que se le truncó en noveno grado, cuando se fijó en el servicio que prestaban los agentes en el pueblo. Esa imagen grata de acercamiento y trabajo con los niños y los jóvenes la hizo cambiar de pensamiento y los 17 años ingresó a la institución.
La pobreza de la infancia y la educación limitada la hicieron pensar en el futuro. Descubrió que le encantaban las formaciones, el régimen y la disciplina, características que conjugaban con el carácter rígido, los principios y los valores inculcados en la familia.
Por ser hija de profesora debía mantener un estatus alto y observar el comportamiento ideal. Es la segunda de cuatro hijos, y para ser ejemplo de los niños tenía que ser pulcra en el trabajo y rendidora en lo académico. Le encantaban la química, la física, el español y el francés.
– Destaqué por ser cumplidora y estudiosa. Estudiaba mucho para lograr los primeros puestos. Usted puede ser hijo de profesor, pero si no tiene buen comportamiento no puede caerle bien a la gente, no puede ser la mano derecha de ninguna clase. Todo fue ganado con trabajo.
Hace un año se reunió con algunos de esos amigos del pueblo. Una buena cantidad tiene formación universitaria, el resto está en el campo, no tuvieron empuje económico ni deseos de estudiar y se quedaron para trabajar en la tierra.
VESTIDA DE UNIFORME
A la Policía entró joven, apenas terminó el bachillerato. Se sentía madura a pesar de no haber salido del pueblo. Esa fue la primera vez que dejó la familia. Le gustaba estudiar y se hizo especialista en investigación criminal, aunque no ha podido trabajar en esa área.
En Bogotá sintió el choque de la pobreza de Arbeláez y lo ostentoso de la capital de la república. Fue un cambio duro. En el camino encontró compañeros y amigos que se convirtieron en ángeles guardianes y no dejaron que el golpe la afectara. La llevaban, la traían, la alojaban, la acompañaban. La Escuela es una vida de claustro y no hay tiempo para conocer el mundo.
No tuvo ventajas como mujer. Trotaba con los compañeros de curso, hacía los ejercicios normales y se exigía en el estudio. El trote en tacón es la única consideración, porque daña los ovarios. No la hacían correr mucho en zapato alto para evitar riesgos en la salud. En traje deportivo, en cambio, la capacitación es igual para hombres y mujeres.
Para llegar al grado de mayor estudió y trabajó duro. Estuvo en La Guajira y fue la primera comandante en Maicao. Era teniente y manejaba a 70 hombres. Pasó a la estación de Popayán y después llegó a Bogotá. Las evaluaciones de cada trayectoria y las competencias son altas. Tiene buen manejo de personal y la parte humana es el lado que mejor maneja. Gracias a los subalternos y al trabajo ha llegado hasta donde está.
– No soy gritona. Hay un sistema correctivo disciplinario. No peleo. No monto controversia. Puede haber pérdida de autoridad cuando se pasa del límite con una mala palabra y el abuso de autoridad. Me limito a la parte disciplinaria. No necesita una gritar para que la obedezcan. Donde he estado me han querido mucho.
CAMPO INVESTIGATIVO
Entre la biología marina y la investigación criminal encuentra algunas similitudes. En la biología se mira, examina y busca. En lo criminal es hallar, encontrar. Todo el día se está en actividad, compara empresas y le gustan los modelos europeo y mexicano.
Por estar asignada a la vigilancia no ha podido desarrollar la especialidad. Aquí ejerce el trabajo comunitario, directo con la gente y así no sea exaltado todos los días lo disfruta. Es darle a la gente apoyo cuando lo necesita. Eso prima por sobre cualquier otra consideración de investigación y administrativa.
Por el rango y por lo ganado con el estudio es la secretaria privada del comandante de la Región 5, general José Ángel Mendoza. No por eso está burocratizada. Ahí llegan casos difíciles de situaciones familiares y les busca una salida antes de que hablen con el jefe. Este cargo es importante y cómo decirle no.
Tiene seis comandantes, coroneles en cada departamento y en la Metropolitana, que la enseñan y le agradecen lo que hace a diario. Tiene la oportunidad de conocer casos que le sirven como experiencia para seguir en el ascenso.
– Estoy enamorada de Cúcuta, porque se parece a mi pueblo. Estaré otro año, si Dios lo permite. Si el general acepta mi trabajo. Me gustaría hacer una especialización en administración.
VESTIDA DE CIVIL
Hay días en los que no se quita el uniforme. Llega a las 6:30 de la mañana al trabajo y permanece hasta las 10:00 de la noche, hora en la que la devuelven a casa. Tiene 10 años de casada. La institución le ha dado estabilidad familiar y la posibilidad de estudiar.
De las 24 horas del día, a cada momento piensa como policía, sin apartarse de las obligaciones del hogar. En cualquier instante llama para preguntar por el niño, por el mercado y por el almuerzo. Debe conjugarse para que todo salga bien.
El esposo es teniente coronel retirado de la policía y comprende su trabajo. Se conocieron en la institución. Las órdenes se las comparten. En el comedor hablan de lo relacionado con la familia y procuran dejar de lado lo que tenga que ver con la labor que cumple. Aprovechan al máximo el tiempo para hablar de la familia. El hijo tiene 10 años y dice que será militar.
‘Como te compartes, te ganas el respeto’, es la frase que emplea para definirse como mujer. En la calle llama la atención, los hombres le tienen miedo, porque creen que no es fácil abordar a una mujer policía.
Quisiera llegar hasta general. Todos los que entran a la institución llegan con esa proyección. No entran para ser capitán, mayor o coronel. La aspiración es llegar al último escalón.
La entristecen la corrupción interna, por el daño que le hacen a la Policía; ver compañeros capturados, que uniformados conduzcan en estado de embriaguez y la muerte de agentes. No llora, pero las noticias tristes le hacen daño. La alegra recibir premios. Tiene más de ocho internacionales, le gusta escuchar buenos comentarios y el acompañamiento a los civiles.
– Llevo 16 años en la institución. Me gusta, porque es una fortaleza. Les envidio a las civiles que pueden vivir con el cabello suelto y pueden arreglarse.
RAFAEL ANTONIO PABÓN
Contraluz.CO Sólo Periodismo






