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Por ese apresuramiento de adoptar términos a rajatabla, en uno de estos días se escuchará que en la escuela habrá izada de banner.

23 DE ABRIL. El idioma no muere, se trasforma

CÚCUTA.- La conmemoración del Día del Idioma era tan esperado en escuelas y colegios como la celebración del Día de la Madre. Los profesores de español trazaban las actividades desde el comienzo del calendario académico. Esa programación incluía poesía, danzas, dramatizados, canción y lectura. Los alumnos lucían el uniforme de gala y la jornada duraba toda la mañana. Pocos acusaban cansancio.

Los tiempos pasaron y los docentes comenzaron a llegar a los planteles educativos con títulos rimbombantes. Los normalistas quedaban relegados, y por entre el estudiantado se abrían paso, licenciados, especialistas y magísteres. Nuevas ideas, mejores contenidos, más planes de estudio y menos actos recordatorios de las fechas icónicas de la educación.

La bandera dejó de izarse y la entrega de reconocimientos a los mejores de cada salón no volvió a organizarse. Entre esos cambios también se relegaron las manifestaciones culturales y los centros literarios no aparecieron más en el horario de los jóvenes. El Día del Idioma quedó como una fecha que antaño tenía connotación, pero que en el presente carecía de valor.

Hoy, con la globalización del idioma y la unificación de terminologías aparece con fuerza la necesidad de volver a esos años remotos para darle un respiro al español como idioma que hablan y escriben millones de hombres y mujeres. La intromisión de palabras llegadas de países no hispanohablantes parece no detenerse, porque a quienes les corresponde defender el idioma no tienen tiempo para hacer la traducción y así poner el respectivo escudo impermeabilizante.

Es cierto, el avasallante crecimiento de la tecnología no da espacio para pensar a ese ritmo acelerado. Es cierto, la terminología gringa, en especial, a veces tiene mayor sonoridad que la castellanizada. Es cierto, esas palabras tienen el efecto que descresta a parroquianos.  Es cierto, es mejor aprender un término en inglés que buscar la traducción y procurar que los vecinos hablen de manera sencilla.

Pero también es cierto que muchos escuchas no entienden qué se les dice y toman caminos equivocados por falta de comprensión. No es lo mismo hablar y escribir esa mescolanza de palabras sacadas de los computadores y que traen sabor y olor yanquis, que las españolas contenidas en el diccionario de la Real Academia, que les dan un gusto especial a los textos.

Cómo van  a decir los seguidores de la lengua adoptada por Barak Obama que Influidor no es preferible al término inglés influencer. O que no suenan mejor independiente, sorpresa, recién llegado, alternativo, externo,  para sustituir al anglicismo outsider. O que comidista no tiene mejor sabor que foodie (o foody), anglicismo informal con el que se alude a los aficionados a la comida y la cocina (1).

Esos son solo unos escasos ejemplos sobre cómo el idioma avanza, se trasforma y se alimenta de expresiones propias del español. Sin embargo, quién les dice a los recién egresados en economía o en ingeniería de sistemas, o en comunicación social, o en medicina, que se puede hablar sin tantas arandelas extranjeras.

Los que no revuelven inglés con castellano, no es que estén lejos de la globalización, lo que ocurre es que procuran depurar la lengua materna para mantener la unidad idiomática. Así debería inculcárseles a los niños en el jardín y la escuela, a los adolescentes en el colegio, a los jóvenes en la universidad y a los adultos en la cotidianidad.

Por ese apresuramiento de adoptar términos a rajatabla, en uno de estos días se escuchará que en la escuela habrá izada de banner, y los felices padres acudirán al acontecimiento sin saber para qué los invitaron, porque a la salida está organizado el affter parthy.

FUNDACIÓN DEL ESPAÑOL URGENTE (FundéuBBVA)

RAFAEL ANTONIO PABÓN

rafaelpabon58@hotmail.com

Foto: www.cmhw.cu

 

Sobre Rafael Antonio Pabón

Nací en Arboledas (Norte de Santander - Colombia), educado y formado como periodista en la Universidad de la Sabana (Bogotá), gustoso de leer crónicas y amante de escribir este género periodístico, docente en la Universidad de Pamplona (Colombia) y seguidor incansable del Cúcuta Deportivo.

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