“Lo importante es poder decirle al mundo que la democracia colombiana se sigue fortaleciendo, se sigue sofisticando en el sentido de darle cada vez mayor libertad y garantías a los ciudadanos para que ejerzan su sagrado derecho al voto”.
Con estas sugestivas palabras desde su urna de cristal el presidente Juan Manuel Santos cerraba la jornada electoral del 30 de octubre, desconociendo la flaqueza de los procesos electorales en varias partes del país, donde, mediante videos, se demostraba la manipulación descarada de los tarjetones electorales y los formularios E14, entre otros documentos. Todo, encaminado a favorecer a candidatillos maquiavélicos respeto de los cuales el fin sí justifica los medios.
Es sumamente complicado para los demócratas de corazón invitar al ciudadano de a pie a acompañar y a participar masivamente en las elecciones, las cuales de un tiempo hacia acá se convirtieron en carnaval de dadivas y prebendas, oportunidad expedita para que los autodenominados “lideres” adquieran los elementos requeridos por largo tiempo para su satisfacción, quedando hipotecado el trabajo del candidato ganador a pagar la grande inversión efectuada para obtener el favor del pueblo.
En mi humilde criterio, las desfachateces ejecutadas en los fraudes electorales obedecen a una falta de prevención por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil, toda vez que las trampas fueron inventadas y hasta patentadas por algunos, principalmente de la Costa Caribe, pero pareciera que a esta “cuarta rama” del poder público, la miopía extrema la llevará en un futuro, ojalá no lejano, a estar en la palestra como determinadora de la hecatombe de algunos pobres municipios.
Simplemente, les queda a las nuevas generaciones forjar este espinoso y truncado camino hacia una fortalecida y prístina democracia, pues no hay otro sendero para seguir. Sea esta la oportunidad para remembrar, a escasos días de cumplirse un año más del asesinato, la frase célebre del doctor Álvaro Gómez Hurtado: “La juventud puede soportar el presente, pero lo que no puede tolerar es que no exista el futuro”.
JUAN CARLOS BAUTISTA
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