CÚCUTA.- Érase una vez un french poodle indomable, caprichoso, rebelde, que solía ganarse las caricias de quienes llegaban a casa de los amos. Negro, con pintas blancas en el pecho; rabón y cara entrañable. El ladrido fuerte retumbaba desde el garaje hasta el cuarto de los chécheres para anunciar que …
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