Gris, como el panorama laboral de Colombia, llegó el primero de mayo entre lluvias y desesperanzas, el día del que todo lo vence, como decían los latinos “Labor omnia vinci” (El trabajo todo lo vence). Pero hablar en nuestra patria de trabajo es hacerlo inseparablemente de los tantos problemas que nos afectan de manera directa y profunda.
Nuestra gente es, sin duda, la más noble, creativa, emprendedora y feliz que puebla el planeta, porque los colombianos somos generosos y solidarios, cumplidores del deber y, de alguna manera, ingenuos. claro, hablo de la mayor parte de nosotros, los mal llamados ‘colombianos de a pie’. No de esos apoltronados que llevan en el Senado de la República, o en los concejos, o en los sindicatos, hasta tres décadas hablando de mejorar la salud, la educación y las vías, mientras en hospitales y clínicas engendros de la ley 100 y de la política estatal, la gente muere en el piso, en los pasillos, en las puertas de los centros, porque el sistema colapsó para quienes pagan con su salario los aportes que no siempre reflejan en atención lo que representan en el sistemático descuento aplicado a los salarios, flacos por demás..
Aún así, las campañas políticas de esos, los apoltronados, se gritan en la plaza pública con el sínico tinte de la redención y la reivindicación de los derechos y se oye todavía la arenga descarada, pompa y destemplada del mundo sindical que dice: ‘un pueblo unido, jamás será vencido’. Francamente, produce estupor y rabia saberlos aferrados a los beneficios que obtienen a granel como producto de su inefable cara dura.
No se sabe si los sindicalistas (algunos, no todos) aprendieron de los politiqueros o al revés o como dijo la reina de belleza “viceversa”. En todo caso, al pueblo si no le han aprendido, ni unos ni otros, porque el pueblo trabaja y camella, construye, enseña, crea, sana, ora, ríe y baila, mientras los que sabemos, aprovechan para hacer su propia fiesta.
Cómo quisiera el Lorosaurio estar citando aquí, canciones, poemas y ensayos de los trabajadores, y no recalcando y martillando con el tema, pero a qué hora escribe un poema quien trabaja construyendo casas y apartamentos ocho horas diarias durante toda la semana y todo el mes y toda la vida, cómo canta el maestro que hoy primero de mayo no sabe cuánto le aumentarán de salario pero si sabe quiénes repiten candidatura y plancha por trigésima vez para defenderlo de eso que lo aqueja hace también treinta o más años, complicado el acertijo ¿verdad? O bueno no tanto, hay verdades claras es decir los impuestos suben y se sabe muy a comienzo de año cuánto y cuándo se deben pagar; el salario mínimo siempre se respeta y se cuida para que no deje de ser mínimo, y tenga también como sus beneficiarios la mínima importancia.
Así las cosas qué más se puede decir, paciencia, mucha oración, novenas a diestra y siniestra, cinturones apretados, “al mal tiempo buena cara”, “no solo de pan vive el hombre”, naturalmente que no porque hay niñas, niños, hombres y mujeres, que no lo prueban seguido o sencillamente no lo prueban y por tanto no viven de pan, a duras penas de arepita y muy, muy de vez en cuando.
Por eso algo debemos hacer, como mínimo contravenir tanta recomendación que viene de arriba, nada de dar de beber a esos sedientos que consumen tanto Whisky, ni dar de comer a esos hambrientos que comen tan bueno y tan fino y pagan banquetes a precios exorbitantes, desear a la mujer del prójimo, pero un mejor salario, eso sí, dar gracias a dios cuando los apoltronados desocupen el trono, pero antes debemos comenzar por dónde hemos debido empezar hace muchos años, es decir por valorarnos mutuamente, por respetarnos, por querernos, porque: “un pueblo valorado, respetado y querido jamás será indigno”.
Las y los invito a pensar en cada colombiano que aún no come diariamente, que vive en la calle, que es un anciano abandonado, una mujer golpeada, un reo sin causa y sin juicio, y, a meditar por un instante, si vale la pena elegir y ser elegido para seguir en las mismas y con los mismos.
Cuándo lograremos que en nuestra patria el día del trabajo sea una fiesta y no una sucesión de marchas estériles, y cuándo en verdad, llegaremos los obreros a ser los dueños de esa fiesta.
Anexo ODA AL HOMBRE SENCILLO de Don Pablo Neruda, y un abrazo por su lectura.
CARLOS LUIS IBÁÑEZ TORRES
Lorosaurio
Publicación con ánimo de pensar
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